25 de septiembre 2015 - 00:00

Migración y rechazo a pena de muerte, en histórico mensaje del Papa al Capitolio

El vicepresidente de Estados Unidos, Joe Biden, y el titular de la Cámara baja, el republicano John Boehner, aplauden de pie, junto al resto de los diputados y senadores, al papa Francisco en el recinto del Congreso. El pontífice argentino habló amablemente para no herir a sus anfitriones, pero no eludió ninguno de los temas espinosos que dividen opiniones en ese país.
El vicepresidente de Estados Unidos, Joe Biden, y el titular de la Cámara baja, el republicano John Boehner, aplauden de pie, junto al resto de los diputados y senadores, al papa Francisco en el recinto del Congreso. El pontífice argentino habló amablemente para no herir a sus anfitriones, pero no eludió ninguno de los temas espinosos que dividen opiniones en ese país.
Washington - El papa Francisco protagonizó ayer la primera e histórica intervención de un pontífice ante el Congreso de los Estados Unidos, al que apeló a cumplir lo que denominó los "sueños" de ese país y donde reivindicó que se escuche "la voz de la fe".

El pontífice argentino, que se presentó como un "hijo de inmigrantes" y del "gran continente" americano, aseguró que comparte con los representantes del pueblo estadounidense "una responsabilidad común" hacia esa parte del mundo.

El Papa pronunció un discurso en el que se apoyó en cuatro personalidades históricas de EE.UU. como ejemplos de esos "sueños" americanos: el expresidente Abraham Lincoln, el Premio Nobel Martin Luther King, la fundadora del Movimiento del Trabajador Católico Dorothy Day y el monje cisterciense Thomas Merton. Se trataba, explicó, de ilustrar con sus figuras la defensa de la libertad, la vivencia de ésta en la pluralidad y la no exclusión, la garantía de la justicia social y la protección de los derechos de las personas y el respaldo de la capacidad de diálogo y la apertura a Dios.

Llegado a Washington directamente desde Cuba -todo un símbolo-, el primer papa latinoamericano, quien desempeñó un papel clave en la reanudación de las relaciones cubano-estadounidenses, destacó que su "deber es construir puentes" y reconoció los "esfuerzos que se han realizado en los últimos meses" para superar lo que denominó "diferencias históricas" que no especificó.

"Un buen político es aquel que, teniendo en mente los intereses de todos, toma el momento con un espíritu abierto y pragmático. Un buen político opta siempre por generar procesos más que por ocupar espacios", opinó el papa Jorge Bergoglio.

"Cuando países que han estado en conflicto retoman el camino del diálogo, que podría haber estado interrumpido por motivos legítimos, se abren nuevos horizontes para todos", proclamó.

El Papa, que condenó el tráfico de armas, recordó, por otro lado, que el mundo está asistiendo a la peor crisis de refugiados desde la II Guerra Mundial y pidió a los representantes y senadores "no dar nunca la espalda a los vecinos", en alusión a los millones de inmigrantes cuyos derechos "no siempre fueron respetados".

"Nosotros, pertenecientes a este continente, no nos asustamos de los extranjeros, porque muchos de nosotros hace tiempo fuimos extranjeros", recordó el Pontífice, cuyo discurso fue interrumpido por los aplausos de los congresistas en 37 ocasiones, varias con los presentes poniéndose de pie.

Detrás de él seguían sus palabras el vicepresidente Joe Biden y el titular de la Cámara de Representantes, el republicano John Boehner, responsable de la invitación y a quien se vio llorar en varios tramos del discurso, pronunciado pausadamente en inglés.

Advirtió además, después de considerar que el mundo vive una "inquietante situación social y política", que "ninguna religión es inmune a diversas formas de aberración individual o de extremismo ideológico".

Estimó que "combatir la

violencia perpetrada bajo el nombre de una religión, una ideología o un sistema económico y, al mismo tiempo, proteger la libertad de las religiones, de las ideas, de las personas requiere un delicado equilibrio en el que tenemos que trabajar".

Una de la alusiones del Papa interrumpidas por los aplausos de parte de los congresistas fue aquella en la que abogó por la abolición mundial de la pena de muerte, vigente en 32 de los 50 estados de los EE.UU. Y eso, explicó, porque "una pena justa y necesaria nunca debe excluir la dimensión de la esperanza y el objetivo de la rehabilitación".

Como se esperaba, aludió a su encíclica ambiental "Laudato Si", en la que critica duramente el trato que el sistema económico vigente da al planeta y propone un cambio que permita garantizar la sostenibilidad del desarrollo de las generaciones futuras. Exhortó en este sentido a los congresistas a tomar "acciones valientes y estrategias para implementar una 'cultura del cuidado'" y defendió "una aproximación integral para combatir la pobreza, para devolver la dignidad a los excluidos y simultáneamente para cuidar la naturaleza".

Por último, se refirió a la cita que lo llevará mañana a Filadelfia, al VIII Encuentro Mundial de la Familia, origen del viaje que trajo al Papa a EE.UU., país que visita por primera vez.

"No puedo esconder mi preocupación por la familia, que está amenazada, quizá como nunca, desde el interior y desde el exterior. Las relaciones fundamentales son puestas en duda, como el mismo fundamento del matrimonio y de la familia", alertó.

Terminada su intervención ante el Congreso, el Papa acudió a la Sala de las Estatuas, donde se detuvo ante la del ya santo Junípero Serra, el franciscano español que el Pontífice canonizó el miércoles en la capital estadounidense.

Después bendijo desde el balcón del Capitolio, frente a la enorme explanada del National Mall, a la multitud que esperaba el saludo del Pontífice, quien pidió, como suele ser habitual en él, "por favor, recen por mí.

Agencias EFE, Reuters, AFP, ANSA y DPA

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