20 de abril 2009 - 00:00

Molina Campos ya tiene en Areco el museo que merecía

En sus gauchos, que los almanaques de Alpargatas hicieron famosos, Molina Campos rompió con la habitual solemnidad para tratarlos.
En sus gauchos, que los almanaques de Alpargatas hicieron famosos, Molina Campos rompió con la habitual solemnidad para tratarlos.
En San Antonio de Areco se inauguró la semana pasada un nuevo Museo dedicado a Florencio Molina Campos, el pintor del gaucho argentino. Durante el vernissage, el coleccionista Octavio Caraballo contó sobre su admiración por el artista desde que tenía 14 años, y dijo que eligió un destino público a su colección, para las casi 200 obras que posee. Así, las pinturas originales las décadas del 30 y el 40 que ilustraron los célebres almanaques de la fábrica Alpargatas, se exhiben ahora con criterio museológico en una bella casa con galerías, patios y jardines.
El curador del flamante Museo de Areco, Marcos Bledel, la directora de la institución, Teresa Nores, y el arquitecto que realizó la remodelación de la casa, Luis Fernando Benedit, pusieron el acento en el carácter genuinamente argentino de un pintor que no supo ser apreciado en su tiempo, y que murió poco antes de la muestra del Museo Nacional de Bellas
Artes que lo consagró como artista, más que como ilustrador. Caraballo destacó la existencia de dos museos dedicados a Molina Campos, ya que en
la década del 80 la viuda del artista fundó un museo en Moreno.
Al recorrer las salas y ver las actitudes de los personajes que habitan las pinturas, se advierte el grado de intimidad y afinidad del artista con el gaucho, la mirada incisiva y a la vez piadosa que le dedica al retratarlo con su coraje y sus debilidades.
El extenso friso de ritos y costumbres del campo argentino que configura la obra de Molina Campos, ostenta una gracia y un «humor angélico» que trasciende la sátira o simplemente la burla. Sus caricaturas, que parecen destinadas a tornar la dura vida del campo y su pesado trabajo más llevaderos, acabaron por romper toda solemnidad (vicio común entre quienes exaltan la tradición). Estas virtudes provocaron una demanda creciente de los almanaques, generaron un fenómeno de difusión masiva sin precedentes, con ediciones cada vez más extensas, que no dejaban ni una casa sin su ejemplar.
Acaso con el deseo de quebrar la imagen doliente del gaucho sufriente y victimizado y de prestarle otro brillo a la tradición, Molina Campos renunció a sabiendas a la estética modernista, a su hermetismo. Se debe tener en cuenta que conocía los museos de Europa, vivió varios años en Los Angeles, trabajó con Walt Disney, fue un colaborador asiduo de las revistas «Life» y «Look», realizó un afiche que celebró los 50 años del Madison Square Garden y, elegido para realizar una campaña de ordenamiento del tránsito en Nueva York, acabó pintando un paisano a caballo en Times Square.
Sus grotescos personajes ejercen todavía una influencia decisiva en muchos artistas, sobre todo, en el sesentista Benedit, que la reconoce abiertamente y, además, señala: «Algunos creen que era una especie de intuitivo simpático, de hecho, nunca lo aceptaron en un salón de pintura. Sin embargo, estaba muy integrado al circuito artístico de EE.UU y muchas de sus obras están allá porque lo protegía un coleccionista. Pero llama la atención que cuando le tocó hacer una serie de almanaques para una fábrica de maquinarias agrícolas de Mineapolis, pintó temas argentinos y gauchos, nada de cowboys. Es muy curioso es que los 'gringos' aceptaran este gesto de autonomía».
Lo cierto es que con escasos meses de diferencia y gracias a la iniciativa privada, nuestro país ha visto nacer dos nuevos y estupendos museos. Por un lado está la Colección Fortabat que, en el monumental edificio de Puerto Madero, muestra del modo más genuino la influencia del arte de Europa en la Argentina, tanto en las obras de nuestros artistas emparentados con la vanguardia, como en el gusto dominante de una selección que pone en pie de igualdad a Turner y a Pettoruti.
Por otro lado, el Museo de Molina Campos de Areco, marca desde su ubicación provinciana no sólo la intención de resaltar lo local sino que, subraya además la todavía reciente apertura del campo artístico hasta ayer centrado en Buenos Aires, que hace menos de una década comenzó a abrirse hacia el inmenso territorio del interior del país. El equipo del Museo cuenta que su aspiración es atraer a la gente de Areco, a la comunidad local y también internacional, a través de exposiciones itinerantes que comenzarán con una exhibición de arte precolombino, y diversas actividades culturales.

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