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Molina, inmejorable voz para Le Pera

Horacio Molina es marca registrada. Pero no solamente porque, a través de años de trabajo y de canto, ha terminado por forjarse un nombre que es uno de los referentes de la música de Buenos Aires. Sino además, por un estilo que prácticamente no tiene cultores en el tango: el del cantante sutil, elegante, puntilloso, prolijo que, a la vez, refleja toda la «mugre» del género rioplatense. Están en su modo de cantar los legados de Gardel, Goyeneche, Ángel Vargas, Fiorentino; y también el bolero que hizo buena parte de su vida artística. Pero Molina reformuló la herencia recibida en un modo personal, propio, de acercarse al repertorio tanguero hasta alcanzar una peculiaridad que le ha hecho ganar, inclusive, algunos detractores.
Esta vez no es Gardel, como muchas otras veces, el eje de su acercamiento. En cambio, decidió homenajear al letrista brasileño que acompañó al Morocho en su etapa creativa de la década del 30 y con la que alcanzó su mayor fama internacional.
Molina resulta nuevamente estupendo piezas como «Arrabal amargo», «Sus ojos se cerraron», «Lejana tierra mía», «Melodía de arrabal» o «Cuesta abajo». Tiene un valioso surtido de invitados que incluye a Dori Caymmi, para «El día que me quieras»; Jorge Giuliano, Andrés Gracián y Pablo Passerini. Y hay dos perlas como bonus tracks: un dúo con Mercedes Sosa para «Cuando tú no estás» y una versión antigua de «Volver», con grandes músicos argentinos, grabada a fines de los años 70.
Ricardo Salton


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