Montañas rusas, donde el vértigo se vuelve adicción

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Casi resulta obvio decir que nacieron en Rusia, fue en el tiempo de zares y en versiones mucho más módicas que los actuales modelos futuristas. Toboganes de hielo y carritos de madera comenzaron a popularizarse a partir del siglo XVI como diversión para los más poderosos, hasta que la emperatriz Catalina «la Grande» se cansó de sentir el shock de adrenalina sólo durante el invierno y encargó que se le coloquen ruedas a un trineo. Revolución industrial mediante, el pasatiempo de los nobles rusos se fusionó con el tren, emblema del progreso que sumó la rueda y el riel. A mediados de 1880 se patentó la primera versión de montaña rusa semejante a la actual. Fue en Coney Island, Nueva York, por Marcus Thompson. El éxito fue instantáneo. Para fin de esa década había unas 50 entre Estados Unidos y Europa y el número creció exponencialmente: hoy en día hay en todo el mundo más de 2.400 y se estima que entre este año y 2011 surgirán 85 más.

Asia es el continente que más posee, con 839 (300 en China), pero es Estados Unidos el país que lidera el ranking, con 640, 110 de las cuales conservan el espíritu de los comienzos y están hechas de madera. Japón y el Reino Unido también presentan una buena cantidad, con 225 y 170 respectivamente. La pionera Rusia quedó muy atrás: hoy sólo posee 29, 12 de ellas en Moscú. En Sudamérica, Brasil encabeza la lista con 29, mientras que la Argentina sólo llega a 10, pero posee la más extensa de esta parte del continente, Vertigorama, en el Parque de la Ciudad, con cerca de 1.000 metros. De todos modos, la longitud no es la cualidad más apreciada si se compara con velocidad, altura, giros y caída libre.

Diseños

Conocidas como «roller coaster» en países de habla inglesa, las montañas rusas poseen varios tipos y diseños. Hoy en su gran mayoría están construidas en metal y se dividen entre las clásicas, que son impulsadas por gravedad, y las que disponen de energía propia (powered coaster). Luego se encuentran diferencias por tipo de coche, según permita a los pasajeros estar sentados, de pie, suspendidos o de espaldas.

A lo largo de la historia los diferentes diseños han generado constantes récords. Las inversiones (vuelcos de al menos 180 grados) son uno de los puntos más importantes, al punto de que Ron Toomer, técnico de la NASA que había trabajado en el Apolo, fue el responsable de crear el «tirabuzón», rulo que pone de cabeza a los pasajeros. Cuantas más inversiones tiene una montaña rusa, más atractiva suele ser. El máximo es una decena y lo ostentan la china 10 Inversion Roller Coaster y la inglesa Colossus.

La velocidad es otro factor fundamental. El récord sería batido este año cuando inaugure Ring Racer, en el parque Nurburgring, en Alemania, que promete alcanzar los 217 km/h. Por ahora, la reina es Kingda Ka, la montaña rusa más famosa de la actualidad, que llega a los 206 km/h y es accesible por los u$s 50 que cuesta la entrada al parque Six Flags de Nueva Jersey, Estados Unidos.

La misteriosa fuerza «G» también participa en este entretenimiento. Es una medida de aceleración equivalente a la que produce, en teoría, la gravedad. Las montañas rusas más impactantes superan los 4 G y también provocan efectos de aceleración negativa. La combinación es más conocida bajo la forma de esa impactante sensación en la boca del estómago que para muchos se vuelve adictiva. De hecho, crecen en el mundo los fanáticos que están dispuestos a cruzar océanos para probar una nueva montaña rusa e inundan internet con videos de sus experiencias.

Pablo Domini

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