Moyano-Carta Abierta, otro eje que apadrina Kirchner

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Como un padrino ubicuo, Néstor Kirchner operó de nexo y bendijo la cumbre. Ocurrió 15 días atrás, en la CGT, y reunió a Hugo Moyano, junto a un grupo de lugartenientes, con una comitiva de Carta Abierta, el think tank K que comandan Ricardo Forster y Horacio González.

En otros tiempos inconcebible, la cita sirvió como instancia de acercamiento entre dos extremos, sino antagónicos, como mínimo diferentes de la cosmogonía kirchnerista: de un lado la ortodoxia sindical y peronista; del otro, los «liberales de izquierda».

Dos horas de charla, de «reconocimiento mutuo», en los que Moyano -según contaron después «los carteros»- les reveló un costado inimaginado: además de su habilidad para «la rosca» política y gremial, mostró un perfil que sorprendió a los huéspedes.

El camionero, que escucha a dos de sus laderos, Horacio Ghilini de SADOP y Juan Carlos Schmidt, de Dragado, se despachó con una defensa del «modelo», con elogios a los Kirchner pero, a la vez, con un planteo sobre la continuidad del mismo, con o sin el matrimonio K.

Esa fue la clave de la sintonía. En marzo, Carta Abierta inauguró una ronda de debate, en la casa de Ricardo Rouvier en Palermo Viejo, donde diferentes habitantes del planeta Kirchner animan la única trinchera de «análisis» puertas afuera de Olivos.

En esos encuentros, de los que ya hubo tres -son los domingos a partir de las 10 de la mañana-, se debatió largo e intenso respecto de la sobrevida del «modelo nacional y popular» aunque en la contingencia, naturalmente no deseada, de una derrota K en 2011.

Kirchner, que en paralelo convoca reuniones del PJ nacional e invita a la discusión a los gobernadores, avala esas rondas porque, entre otras virtudes, le sirven como contenedor del espectro «progre» no peronista o que se siente, o está, excluido del PJ.

Una de esas charlas sirvió como «previa» para el encuentro entre Carta Abierta y Moyano. Schmidt fue invitado, compartió mesa con Estela Maldonado, dirigente de la CTA, y sorprendió -sobre todo a los que no lo conocían- con un planteo analítico puntilloso.

El paso siguiente fue el mano a mano entre Moyano y «los carteros» y la promesa de éstos de invitar al jefe de la CGT a exponer cuando realicen su próximo encuentro. Fue, justamente, una de esas rondas, realizada en el Parque Lezama, el escenario que aprovechó Kirchner para mostrarse en público luego de la derrota del 28-J.

Parece que por desafío intelectual o simple mal ojo, a Carta Abierta le cuestan las efemérides: el patagónico los eligió para reaparecer tras su fracaso y ahora el grupo que almuerza en lo de Rouvier discute si convocar a un acto en Plaza de Mayo para el 27 de abril.

Sería la elección de una fecha curiosa que rememora una derrota exitosa: la primera vuelta de 2003, en la que Kirchner salió segundo, gracias a los votos del duhaldismo, lo que le permitió aspirar al balotaje que no llegó a concretarse por la defección de Carlos Menem.

En una próxima cumbre de domingo se verá si esa propuesta avanza o si, como sugieren algunos de los participantes, se realiza un acto en el Luna Park con la presencia del ex presidente. Este es el plan de Edgardo Depetri, Eduardo Sigal y Francisco «Barba» Gutiérrez.

Los tres, junto a los intendentes Darío Díaz Pérez (Lanús), Mario Secco (Ensenada), Gustavo Arrieta (Cañuelas), los dirigentes Ariel Basteiro, Fernando «Chino» Navarro y Oscar Laborde, y los piqueteros Milagro Sala y Luis DElía, han pasado por la casa de Rouvier para entreverarse con Forster, González, David «Coco» Blaustein, Mary Sánchez y Jaime Sorín, entre otros.

Un mix que reúne, amortiguando los matices, a casi todo el arco kirchnerista no PJ y donde se han desatado planteos de cierta profundidad y donde, a simple vista, se detectan dos bloques: los K «acérrimos» y los K «sensatos» según la distinción que señalaron tres de los participantes.

Quedó, flotando, por caso un debate sobre el ciclo y la revisión histórica. Mientras algunos se abalanzan, elogiosos, sobre la militancia de los 70, otros advierten la necesidad de «discutir los 90», período que -dicen- está revisado con un prisma negativo pero no sobre la «resistencia».

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