Hugo Moyano es quizá el aliado permanente más importante de los Kirchner. Sin embargo no tuvo mayores inconvenientes en negociar un acuerdo directo con el Gobierno de Mauricio Macri para solucionar uno de los principales conflictos que aquejan a la administración porteña: la recolección de baasura. El titular de la CGT, en su rol de líder del siempre complicado gremio de los camioneros, dio luz verde a las negociaciones de salarios y condiciones laborales entre este sector, uno de los más importantes de su gremio, y la gestión de Macri, que envió como negociador personal a Diego Santilli. El funcionario fue en su condición de peronista y titular del Ministerio de Ambiente y Espacio Público, el ámbito donde los recolectores de Moyano deben actuar. El acuerdo permitió luego que Santilli pudiera además negociar con las cinco empresas del sector y presionar por una baja en los contratos, que le permitiría, según datos del ministerio, ahorrar al Presupuesto de 2010 unos 42 millones de pesos.
Moyano negoció incluso con Santilli un esquema de productividad, mala palabra para otros sectores gremiales privados, y mejores condiciones de trabajo para los recolectores, algo que incluso no era avalado en los días de Aníbal Ibarra y Jorge Telerman. Además, los afiliados al gremio de Moyano trabajarían más horas, a igual salario. El alza será además igual a la que acuerda el gremio cuando discuta sus paritarias. Esto sería cerca de mayo.
La libertad que le dio el acuerdo con Moyano le permitió luego al Gobierno de la Ciudad, habilitar la discusión de fondo con las empresas de sector, e imponer las reglas que éstas deberán respetar. Igualmente, en tres meses se vuelve a vencer la prórroga y hay que encontrarle una solución al tema. Sucede que el anterior ministro, Juan Pablo Piccardo, dejó como una gran tarea pendiente el llamado a licitación del contrato más oneroso que tiene la Ciudad.
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