2 de febrero 2011 - 00:00

Mubarak ofrece irse en septiembre; la oposición exige que sea el viernes

La plaza Tahrir (de la Liberación) en el centro de El Cairo fue colmada ayer por una multitud que exigió democracia y mejoras sociales y económicas (arriba). Muñecos que representaban al presidente Hosni Mubarak fueron colgados, en una demostración de lo caldeados que están los ánimos (abajo izquierda). El «rais» habló anoche por TV, pero solo renunció a su reelección (abajo derecha).
La plaza Tahrir (de la Liberación) en el centro de El Cairo fue colmada ayer por una multitud que exigió democracia y mejoras sociales y económicas (arriba). Muñecos que representaban al presidente Hosni Mubarak fueron colgados, en una demostración de lo caldeados que están los ánimos (abajo izquierda). El «rais» habló anoche por TV, pero solo renunció a su reelección (abajo derecha).
El Cairo - Hosni Mubarak anunció anoche su salida del Gobierno en pocos meses, tras una hipotética «transferencia pacífica» del poder, y reafirmó su intención de «morir en Egipto». Transcurridos ocho días de una protesta histórica, la incógnita crucial, en cuya resolución podrían desencadenarse hechos dramáticos, es si la multitud, que anoche permanecía en las calles, logrará torcer el brazo del régimen y forzar su fin de inmediato.

Unos dos millones de personas se habían volcado temprano a las calles de El Cairo y de otras ciudades de Egipto. En el cierre de la jornada, Mubarak habló por televisión y dijo que no buscará renovar su mandato, que vence formalmente en septiembre, y que pedirá al Parlamento que acelere los tiempos para la elección del nuevo mandatario.

«Digo con toda honestidad e independientemente de la situación actual que yo no tenía intención de nominarme para un nuevo período presidencial», dijo Mubarak en su discurso. En rigor, hace meses que se mencionaba su intención de designar a su impopular hijo Gamal como su reemplazante, una alternativa hoy impensable.

«Voy a trabajar en los meses restantes de mi mandato para tomar las medidas para asegurar la transferencia pacífica de poder», agregó Mubarak, como quien cuenta con capital político.

Una vez terminado el discurso, se extendió un abucheo por la céntrica plaza Tahrir de El Cairo y se generalizaron los gritos contra el gobernante. «¡Andate!» y «¡No queremos a Hosni Mubarak!» eran algunos de los lemas que se repetían pasada la medianoche de El Cairo.

«No le creo ni a él ni a su gobierno. Debería irse ya y que sea el pueblo que elija a quien quiera», dijo Aleh Barakat, farmacéutico. «Hay millones de pobres por su pésima gestión económica», añadió.

Para EE.UU., el plan de Mubarak también es insuficiente. Lo dijo Barack Obama luego de que hablara Mubarak. El mandatario norteamericano consideró en un breve discurso en la Casa Blanca que la transición en Egipto debe comenzar «ahora» y señaló que el proceso debe incluir voces de la oposición y concluir con la formación de un Gobierno que refleje la decisión del pueblo.

«Sólo los egipcios pueden elegir a sus líderes», subrayó Obama. Antes, el jefe de la Casa Blanca había dialogado media hora por teléfono con su par egipcio, y sus enviados a El Cairo mantuvieron fluidos contactos con referentes opositores y con generales del Ejército.

En este marco, la oposición, que abarca al perseguido grupo islamista Hermandad Musulmana, cristianos, izquierdistas, liberales y otros, se sumó a la exigencia de que Mubarak deje el poder en lo inmediato.

«Puede haber diálogo, pero tiene que llegar después de que se cumplan las demandas de la población y la primera de ellas es que el presidente Mubarak se vaya», había declarado temprano Mohamed El Baradei, el principal referente de la oposición, al canal de televisión Al Arabiya. «Mubarak tiene que marcharse antes del viernes», sentenció el Premio Nobel de la Paz 2005. El Baradei, un hombre con buenos vínculos con Occidente por su paso por la agencia nuclear de la ONU, es uno de la media docena que ya se candidatean a la presidencia. Entre otros, integran la lista, sin dudas prematura, el presidente de la Liga Árabe, Amir Mousa; el guía de los Hermanos Musulmanes, Mohamed Badie; el rival de Mubarak en las elecciones de 2005, Aymad Nour, y el Premio Nobel de Física, Ahmet Zuwail.

A lo largo del día, ciudades como Suez, Ismailia y Sinaí fueron escenario de manifestaciones. En Alejandría, sobre el Mediterráneo, por la noche ocurrieron enfrentamientos entre manifestantes oficialistas y opositores, que fueron dispersados sin mayor esfuerzo por tanques del Ejército.

A las protestas contra Mubarak en el centro de El Cairo se sumaron también grupos de jueces, entre ellos el presidente del tribunal del sur de El Cairo, Hosam Mikawi, quien dijo: «Estamos en la plaza para pedir un nuevo Egipto y reclamar derechos igualitarios para cristianos y musulmanes».

A su vez, el nuevo ministro del Interior egipcio, Mahmud Wagdi, afirmó que de las cárceles egipcias huyeron alrededor de 17 mil prisioneros, entre ellos, algunos acusados de terrorismo. Wagdi, nombrado en reemplazo de Habib el Adli, es un exgeneral y exdirector del sistema penitenciario.

Por su parte, Naciones Unidas dio cuenta de que al menos 300 personas murieron en la represión de las protestas, más de 3.000 resultaron heridas y cientos fueron arrestadas.

«Las víctimas continúan aumentando con noticias no confirmadas que indican hasta 300 personas muertas, más de 3 mil heridos y cientos de arrestados», sostuvo la alta comisionada de Naciones Unidas para los Derechos Humanos, Navi Pillay.

La apuesta de Mubarak, al menos para ganar algo de tiempo, apunta, por un lado, a conceder promesas en línea con los reclamos, a la vez que mantiene la carta de la represión en manos de la Policía. Aunque el Ejército ha manifestado que tolerará los reclamos, la dinámica de la situación podría cambiar esa postura. Al fin de cuentas, uno de los pilares de los 30 años de vigencia del régimen de Mubarak ha sido el apoyo de las Fuerzas Armadas.

Agencias DPA, Reuters, EFE, AFP y ANSA

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