19 de agosto 2010 - 00:00

“Muchos de nuestros pecados vienen del desconocimiento”

Blethyn en «London River»: «Cuando mi agente me dijo que un francés llamado Rachid Bouchareb quería hacer conmigo algo sobre el atentado terrorista en Londres, temí que fuera una obra sensacionalista».
Blethyn en «London River»: «Cuando mi agente me dijo que un francés llamado Rachid Bouchareb quería hacer conmigo algo sobre el atentado terrorista en Londres, temí que fuera una obra sensacionalista».
Se estrena hoy «London River» (ver pág. 3), ocasión de recordar un diálogo con la protagonista Brenda Blethyn durante el último Festival de San Sebastián. Muy conversadora, de natural simpatía y aspecto amable y sencillo, su especialidad son las mujeres simples enfrentadas a enormes circunstancias dramáticas, como su celebrado personaje de «Secretos y mentiras» o, precisamente, el de «London River».

Periodista: ¿Cómo logra encarnar esos personajes tan verosímiles? ¿En qué escuela dramática le enseñaron a actuar exactamente como la gente común?

Brenda Blethyn: ¡Oh, qué lindo elogio! Es que me gusta mirar a la gente, y además trabajé diez años, antes de empezar a estudiar artes dramáticas. Eso ayuda. Me inspiro, además, en una prima que se sonroja porque piensa que todos son más inteligentes que ella, y se sonroja a menudo. No tengo problema en representar personas como las que me rodean todos los días, a quienes nadie presta mayor atención.

P.: ¿Usted elige esos personajes?

B.B.: Nunca elijo. Soy perezosa, espero que me ofrezcan algo. No importa si el personaje es pequeño, ni cuánto van a pagarme, ni la imagen que tenga, solo el personaje. Ahora me traen un guión, qué bien, empiezo a leerlo, ¡y en la primera página dice «el personaje es una gorda fea»! Pero es maravilloso. No me afecta la imagen. A la salida de un estreno una amiga me dijo «qué aspecto tan horrible tienes en la pantalla». No lo tengo yo, el personaje es quien tiene ese aspecto horrible. Porque es infeliz, como el de «Secretos y mentiras». Transmite infelicidad, y la infelicidad es fea. Pero cambia cuando sonríe. Una sonrisa es el mejor vestuario que puedas ponerte. Recuerdo una Navidad de mi infancia, éramos pobres y yo tenía un vestido pobre, y mi padre me dijo «no te preocupes, sonríe y serás la más linda de la fiesta».

P.: Pero en «RKO 911» usted también interpretó a una mala famosa, la periodista de chimentos Louella Parsons, que arruinó la carrera de mucha gente.

B.B.: Ah, fue muy interesante investigar su vida, porque descubrí que ella había sido muy buena persona, hasta que empezó a trabajar para el monopolio de William Randolph Hearst.

P.: ¿Y cómo fue hacer de mamá de Brad Pitt en «Nada es para siempre», de Robert Redford?

B.B.: ¡Sí, Brad Pitt en sus comienzos! Yo estaba haciendo las valijas después de una temporada teatral en Nueva York y me llaman por teléfono, «Habla Robert Redford, etc, ¿te puedo alcanzar un guión?» Creí que era algún bromista. Pero el guión llegó, existía. Me llamó de nuevo, quedamos de encontrarnos en un café. Ahí apareció, y mientras se acerca yo me voy diciendo «éste es Robert Redford, abre los brazos de par en par, oh Dios, ¡me va a abrazar Robert Redford! ¡Y en público!» ¡Casi me dejó sin respiración! El es uno de esos directores que le encanta que improvises en los ensayos, y al comienzo y final de la toma. Quizá no use tu idea, pero te escucha. Además, como filmamos en Montana, anduve a caballo, hice rafting. Pero no quise pescar, pobres peces. Lo gracioso es que todos allí aman la pesca. No sé si he respondido su pregunta.

P.: Cuéntenos ahora de «London River».

B.B.: Cuando mi agente me dijo que un director francés, y productor, llamado Rachid Bouchareb, quería hacer conmigo algo alrededor del atentado terrorista en Londres, temí que fuera una obra sensacionalista. Todavía no estaba el guión, ni había visto nada suyo. Cuando hablé con él, cambié de opinión. El film es sobre dos padres en busca de sus respectivos hijos, dos personas que encuentran sus similitudes. Luego vi sus películas «Días de gloria», maravillosa, y «Little Senegal», también. Bueno, si va a ser así, con tantos detalles pequeños, personales, acepto encantada. Pero yo no estaría libre hasta dentro de un año. «La esperamos». Ya ese cuento me lo dijeron antes. Pero al año mi agente me llama «¿Ya estás libre? En dos meses filmamos». ¡Me habían esperado! ¡Oh, debo aprender francés en dos meses! Hasta cierto punto soy ignorante del francés, y de la fe musulmana, y mi personaje también, por lo que no me sentí molesta. Una se pregunta ¿por qué esa atrocidad la comete alguien de esa fe? No es prejuicio, es simple desconocimiento, y temor. Tengo una prima que se hizo musulmana por el marido, la mujer más sensata y amable que conozco, le pregunté un par de cosas que no entendía, por eso también quiero leer el Corán. Muchos de nuestros pecados vienen del desconocimiento. Deberían enseñar religión en las escuelas. Somos muy prejuiciosos, y por ahí hay costumbres, por ejemplo que la madre elija la esposa del hijo, que nosotras también lo hacemos, aunque no oficialmente.

P.: ¿Cómo eran esos personajes?

B.B.: Son dos padres de distinta raza y religión pero parecidos, ambos son gente de campo, de vida solitaria. Él, sospecho que por elección, ella por resignación, para que su hija vaya a estudiar. Se siente una alienígena en la ciudad. Cuando regrese a su hogar, la vida se le volverá un trabajo, porque sólo le queda envejecer y morir. Tuve un compañero de elenco maravilloso, un hombre maravilloso, Sotigui Kouyaté. No vino acá a San Sebastián por neumonía, tampoco estaba bien cuando filmamos. Fui a visitarlo ayer [N. de la R.: Kouyaté, actor durante muchos años del elenco de Peter Brook, falleció en abril último]. Es contador de historias, un príncipe de hombres. Me gustó mucho que ganara el premio al mejor actor en Berlín.

P.: Usted también ganó sus premios.

B.B.: No, yo ni me acerqué. ¿O lo gané? No recuerdo. En ese asunto no tengo ninguna clase de ego.

P.: ¿Es cierto que ningún actor conocía el guión de «Secretos y mentiras»?

B.B.: No había guión. «Secretos» tuvo seis meses de producción, tres de rodaje, y tardaría nueve para explicarle el método Mike Leigh. Se lo resumo. Cada actor preparó con él su personaje, de forma individual, examinándolo desde su niñez. Luego entramos a la improvisación con la memoria de la vida que fuimos desarrollando en esas charlas con él. En la escena donde me llama la otra protagonista, suena el teléfono, ni sabía que iba a sonar. Voy a conocerla en la puerta del subte, Leigh estaba en la vereda de enfrente. Se me acerca una chica negra. «Tú eres Cinthya». Yo no sabía si estaba o no en la película, pero me llamó por el nombre de mi personaje, así que deduje que era la otra actriz. Había visto su nombre en el elenco, pero no la conocía, ni sabía que era negra. ¡Ni me imaginaba lo que iba a contarme! Por eso las reacciones son tan naturales. Y bien, usted ya sabe cómo sigue esa escena. Me emociono de solo recordarla. Ah, soy tan parlanchina. No sé si respondí a su pregunta.

Entrevista de Paraná Sendrós

Dejá tu comentario