29 de noviembre 2011 - 00:00

Murió Ken Russell, pionero y provocador del cine de los 70

Ken Russell, en 2004 en Mar del Plata, llegó a reconocer que fue la censura lo que arrastró tanto público a ver sus películas.
Ken Russell, en 2004 en Mar del Plata, llegó a reconocer que fue la censura lo que arrastró tanto público a ver sus películas.
En Mar del Plata, cuyo festival visitó en 2004, nadie lo hubiese imaginado como uno de los provocadores profesionales del cine de los 70. Con un aire bonachón, bastante excedido de peso y acompañado por Mercedes Quadros, la escritora uruguaya que fue su primera actriz en 1957 (y que decía de él «es tierno, conserva el niño en su interior»), Ken Russell había dicho entonces a este diario: «Sé que en la Argentina también llegaron a prohibir Los demonios, lo que me parece increíble. Una película que recomiendan los jesuitas». Se refería a su versión de la novela de Aldous Huxley, con Vanessa Redgrave y Oliver Reed, que persiguió el censor peronista Miguel Paulino Tato durante el gobierno de Isabel.

«Pero, al final, la censura en el mundo me trajo más público que lo que yo habría imaginado», bromeó entonces. No bromeaba, en cambio, cuando afirmó: «Hoy no podría hacer películas como «La otra cara del amor», ni «El mesías salvaje». No consigo más fondos. La globalización también me afecta». En verdad, Ken Russell hace mucho era ya una referencia histórica.

Nacido en Southampton, Inglaterra, el 3 de julio de 1927, Henry Kenneth Alfred Russell sirvió en la Royal Air Force y en la marina mercante antes de iniciar una carrera como fotógrafo de moda tras la Segunda Guerra. Sus primeras películas en blanco y negro lo llevaron a la BBC, donde se hizo un nombre al realizar unos 30 documentales, entre los que destaca uno sobre el arte pop titulado «Pop Goes the Easel» (1962), que influyó a Kubrick para su «Naranja mecánica» (1961).

En la BBC trabajó 10 años, que sintetizó de esta forma en el diálogo con este diario: «Cada vez con más riesgo artístico, hasta que hice La danza de los siete velos, una sátira sobre la complicidad de Richard Strauss con el nazismo, y les pareció demasiado. Por doce años no volvieron a llamarme. Sin embargo, simplemente puse sus propias palabras, cuando propuso matar a los críticos judíos, o se dedicó a sí mismo Una vida de héroe, diciendo ¿Acaso no soy tan grande como Alejandro Magno? Fue un film político. No fui más adelante al retomar el personaje en «Lisztomanía».

Aunque rodó su primera película de ficción, «French dressing» en 1963, el éxito no le llegó hasta que adaptó la novela de D.H. Lawrence «Mujeres apasionadas» (1969), película que, entre otras cosas, rompió el tabú sobre la desnudez frontal masculina. Así lo recordó en su diálogo con Ambito Financiero: «A mí me llegó la fama, con Mujeres apasionadas. Fue la primera vez que tuve problemas de censura. En muchas partes le cortaban la escena donde dos hombres luchan desnudos, y luego se los ve tirados en el suelo, jadeando uno junto al otro. ¡Queda peor, porque la gente piensa que hubo un acto de sodomía! Con este tipo de situaciones, cada vez más gente iba a ver mis películas».

El éxito de este film le permitió lanzarse en otro tipo de películas que le granjearon fama de excéntrico, en especial por la citada «Los demonios», censurada en numerosos países. Otra película de repercusión fue «Tommy», su versión de la ópera rock de The Who protagonizada por Roger Daltrey y en cuyo reparto figuraban desde Elton John hasta Tina Turner, pasando por Eric Clapton o Jack Nicholson. La cinta fue un gran éxito de taquilla.

Su «Mahler», con Michael Powell, intentó ser una respuesta paródica a «La muerte en Venecia» de Luchino Visconti, incluyendo una escena donde el adolescente Tadzio se balanceaba frente al protagonista en una estación de subte. Una línea similar, desmedida, siguió en «Lisztomania», biografía del célebre compositor que hoy no resistiría análisis serios.

Sus posteriores trabajos incluyen films de ciencia ficción como «Estados alterados», que hizo famoso a William Hurt. o «Prostituta», con Theresa Russell. En los últimos años había disminuido su actividad aunque dirigió el video del tema «Nikita» para Elton John y en los 80 hizo una de sus primeras actuaciones junto con Sean Connery y Michelle Pfeiffer en «La casa rusa», de Fred Schepisi.

En el estreno de «Los demonios», alguien le había manifestado que esa película significaba su ruptura con el catolicismo, religión en la que se educó por razones familiares. Sin embargo, como él mismo dijo a este diario en la entrevista antes citada: «Una vez católico, uno sigue siendo católico. No tengo elección. Esas cosas las cuento en mi autobiografía, que los norteamericanos rebautizaron Estados alterados, aunque su título original es A British Picture, como la película que también hice contando mi vida, y donde participan algunos de mis ocho hijos. Son las ventajas del catolicismo».

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