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Murió Tony Curtis, último “Adán” de Marilyn Monroe
Así se veía Tony Curtis en su última aparición en público, este año en Las Vegas. El gran actor y playboy de Hollywood dejó más de cien películas.
Curtis tuvo un papel memorable en «Espartaco» de Stanley Kubrick en 1960 y recibió una nominación al premio Oscar por «Fuga en cadenas» (1958), tras un comienzo no muy aprobado por la crítica en el film «El príncipe bandolero» (1951). Aun así, se adentró en la industria con un contrato firmado con los estudios Universal (75 dólares a la semana), tras despuntar en los teatros de Nueva York, y llamó la atención de los críticos por primera vez por su papel en «Son of Ali Baba» (1952). La Universal y las revistas del corazón lo convirtieron rápidamente, ya desde esos comienzos, en un ídolo instantáneo. Desde aquel debut, su desempeño actoral mejoró lo suficiente como para que la revista Saturday Review le calificara como «un fenómeno inusual, una auténtica personalidad de la pantalla que, a través de un trabajo duro, se ha convertido en un actor de considerable sutileza y alcance».
Dos de sus más recordadas actuaciones se dieron en la estupenda «Una Eva y dos Adanes» («Some Like It Hot», 1960, de Billy Wilder), en la que junto a Jack Lemmon fingió ser mujer y compartió cartel con Marilyn Monroe, y «La mentira maldita» («The Sweet Smell of Success», 1957, de Alexander Mackendrick). donde interpretó a un agente de prensa en pugna con la estrella que interpretaba Burt Lancaster.
«Una Eva y dos Adanes», considerada por muchos críticos como la mejor comedia del siglo XX, muestra a dos músicos fracasados que, tras presenciar en Chicago, durante la Ley Seca, la matanza del Día de San Valentín en 1929 y ser perseguidos por gángsters, deciden enrolarse en una banda musical femenina y aparentar ser mujeres. En el film, Curtis besó a Marilyn Monroe, algo que comparó «como besar a Hitler», tras más de cuarenta tomas esperando a que la diva consiguiera decir el diálogo correctamente.
Su nominación al Oscar llegó por el film de 1959 «Fuga en cadenas» («The Defiant Ones»), en el que interpretó a un prófugo racista que se escapa encadenado a Sidney Poitier. Otros títulos notables fueron «El gran Houdini», «Trapecio», de Carol Reed, «Sirenas y tiburones», «El estrangulador de Boston», «Los vikingos», y «El gran impostor» de Robert Mulligan. «En las fiestas organizadas por los estudios, siempre había una belleza esperándome. Era el rey de la colina por entonces. Y no dejé una falda sin tocar», declaró una vez.
Cuando Hollywood dejó de convocarlo con la misma asiduidad para los papeles protagónicos, Curtis luchó con el abuso de drogas y alcohol. Eventualmente superó los problemas y comenzó a actuar en televisión, además de dedicarse. «Mi padre deja tras de sí un legado de grandes logros en películas y en sus pinturas y colecciones», dijo ayer su hija.
Curtis nació con el nombre de Bernard Schwartz en Nueva York, hijo de inmigrantes húngaros pobres, el 3 de junio de 1925. Abandonó la escuela para unirse a la Armada en la Segunda Guerra Mundial, prestando servicios en un submarino, y se volcó a la actuación tras la baja en la milicia.
Su vida privada fue todo un capítulo aparte. Curtis fue un consumado mujeriego y, entre sus amantes reconocidas, se incluyeron Marilyn Monroe y Natalie Wood. Se casó seis veces, la primera de ellas con la actriz Janet Leigh en un matrimonio que él posteriormente admitió estuvo motivado por publicidad. Después contrajo matrimonio con Christine Kaufmann, Leslie Allen, Andrea Savio, Lisa Deutsch y Jill Vandenberg, la que era su actual esposa, con quien se casó en 1998.
«Será recordado como un muy buen actor cuando la gente empiece a reflexionar sobre la cantidad de trabajo que hizo en dramas y comedia», dijo Roger Moore a la cadena BBC. Moore, justamente, lo acompañó en la serie más exitosa que hizo para la pantalla chica, «Dos tipos audaces».


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