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Música en Ushuaia, desde el hotel de lujo hasta la cárcel
En la ex cárcel de Ushuaia (hoy un complejo museográfico) tuvo lugar el estreno mundial de «Tierra del Fuego el misterio del origen» de Mauricio Annunziata, composición más cercana a la cantata que a la ópera, que tuvo su mejor momento en las escenas finales.
Una de las más agradables sorpresas que hubo dentro de la variada oferta de conciertos fue la actuación, el domingo por la noche, del Trío Alba, llegado desde Austria gracias a un convenio con la Universidad de Graz. Sus tres integrantes, jóvenes recientemente egresados de esa casa de estudios, son auténticos maestros que, con mucha práctica de tocar juntos (la formación fue creada en el 2008), pueden conjugar ejecuciones técnicamente impecables con una garra y una expresividad notables.
El programa, bien elegido, estuvo compuesto por el «Trío en Do mayor» KV 548 de Mozart, el «Trío» opus 63 de Robert Schumann, y una obra de una compositora canadiense nacida en 1964, Kellie-Marie Murphy: «Give me phoenix wings to fly», una interesante pieza en tres movimientos con un componente rítmico marcado que el Trío Alba supo destacar.
Como bises, la violinista alemana Livia Sellin, el cellista austríaco Philipp Comploi y la pianista china Chengcheng Zhao virtieron versiones deliciosas del segundo movimiento del «Trío número 2» de Schubert y del «Rondo all ongarese» del «Trío en Sol mayor» Hoboken XV/25 de Haydn, que fueron ovacionadas por el público, al igual que el resto del programa.
La noche siguiente deparó el traslado a la ex cárcel (el «presidio lejano» del que habla el tango), hoy sede de un complejo museográfico en una de cuyas dependencias, la panadería del Penal, se brindó la primera audición mundial de la ópera lírica multimedia «Tierra del Fuego: el misterio del origen», del joven compositor argentino Mauricio Annunziata. Cuatro jóvenes cantantes nacionales, la soprano Nora Plaza, los tenores Ignacio Okita y David Basualdo y el bajo Gonzalo Castro, dieron vida a los personajes de esta obra que, al menos en el formato en que se brindó el lunes, se acerca más a una cantata semi-escenificada que a una ópera, ya que toda la acción se limitó a algunos desplazamientos de los intérpretes.
Esa falta de acción teatral, sumada a cierto carácter repetitivo de la música de Annunziata (quien asumió la parte de piano con mucha solvencia), restó dinamismo a una representación que tuvo su mejor momento en las escenas finales. Encarnando a los seres que en la mitología ona protagonizaron el origen de la Tierra, el cuarteto vocal (en especial Plaza y Okita) realizó una excelente labor; por su parte el público siguió la representación en un silencio ejemplar, y retribuyó con su calor habitual el nacimiento de una partitura lírica que pone en primer plano la mitología de los aborígenes locales, y que se inspira en sus mitos y en su lenguaje. Su estreno en ese lugar es también un símbolo: gracias al Festival, el sitio donde antes terminaron muchas vidas trágicas hoy pueden nacer obras de arte para los visitantes y para el pueblo fueguino.

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