5 de septiembre 2011 - 00:00

Música y política: cómo se ganan votos con los instrumentos

Bill Clinton y Amado Boudou
Bill Clinton y Amado Boudou
Uno se inclina por el saxo tenor Selmer; el otro tiene como instrumento preferido la guitarra Fender modelo Telecaster. Para ambos la música y sus respectivos instrumentos parecen haber sido sendos talismanes que los hicieron avanzar en la política: uno pasó de ser gobernador de uno de los territorios más pobres de su país a presidente; el otro se elevó desde un ministerio casi burocrático a las puertas de la vicepresidencia.

Bill Clinton cultivó su gusto por el saxo y la música desde su juventud, y logró dominar la técnica de uno de los instrumentos más difíciles de interpretar con bastante decoro. No era un improvisado en nada; tampoco en lo que hace a su formación musical: la obtuvo en la primaria católica St. Johns y en la secundaria Hot Springs High School, donde fue primer saxo de la banda de la escuela.

Y si bien nunca se elevó a las alturas de un John Coltrane, un Coleman Hawkins o un Paul Desmond -también usuarios de los saxos del fabricante francés Selmer- su talento y sus ganas lo llevaron en junio de 1992 al programa del actor Arsenio Hall (en ese momento uno de los más populares de Estados Unidos) a tocar con los músicos del show Heartbreak Hotel, el clásico del dúo Leiber & Stoller que hizo famoso a Elvis Presley.

Pese a que su presencia en el programa (vestido de traje negro y con anteojos de sol) causó no poca controversia en ese momento, hoy todos los politólogos e historiadores coinciden en que su acto musical resultó clave para aumentar su popularidad, sobre todo entre las minorías étnicas y los jóvenes. Mal no le fue: cinco meses después derrotaría al entonces presidente, George W.H. Bush en los comicios de noviembre, y se convertiría en uno de los mejores presidentes de la historia de Estados Unidos.

Si a alguien este relato le hace pensar en otro, más reciente, seguramente no es coincidencia: Amado Boudou viene exhibiéndose con su guitarra Fender Telecaster en cuanto acto político-musical lo amerita. El sábado de la semana pasada, en una aparición que sin dudas no fue casualmente inspirada en lo que hizo Clinton con Arsenio Hall, Boudou llevó su instrumento al programa de Nicolás Repetto donde se unió a la «Mancha de Rolando» para cantar juntos «Arde la ciudad».

Boudou, de cuya formación musical no hay datos precisos, se limita a tocar «rythm guitar»; no se le conocen solos virtuosos; la Telecaster, además, es una guitarra que se presta más para el acompañamiento que su «hermana» la Fender Stratocaster (Boudou tiene una, pero la usa poco).

Los dos tuvieron, además, luthiers que les hicieron instrumentos a medida, con motivos patrios: el saxo de Clinton, que en su estructura de bronce exhibe el rojo, el azul, el blanco y las estrellas de la «Old Glory», está en el museo de la Casa Blanca; se lo hizo la firma local L.A Sax. Por su parte Boudou estrenó su «imitación Telecaster» hecha por la firma local DOH con los colores de la bandera argentina justamente en el programa de Repetto.

Clinton es un asiduo concurrente a conciertos y recitales, y convoca a músicos de la talla de The Rolling Stones para sus obras benéficas; de hecho para su Clinton Foundation -que tiene su sede en el barrio de Harlem- el grupo hizo dos conciertos en octubre de 2008, que fueron reflejados en el documental «Shine A LightB», dirigido por Martin Scorsese.

Por su parte Boudou ya anunció su intención de ir a uno de los shows que dará Roger Waters en marzo del año próximo; también espera a Aerosmith, que arranca su gira sudamericana en Lima un día antes de las elecciones presidenciales en la Argentina. Es «fan» de grupos locales como Los Guasones. pero confiesa que tiene la colección completa de todas las versiones de «The Dark Side of the Moon» de Pink Floyd, que cada diez años lanza una nueva edición con «bonus tracks» o «remixes» de los temas originales.

Clinton y Boudou, o sus asesores de campaña, les hicieron ver la conveniencia de jugar la carta de sus «hobbies» musicales para atraer a ciertos sectores de la sociedad. No son los únicos ni los primeros: el presidente del Partido Republicano en tiempos de Ronald Reagan, Lee Atwater (fallecido prematuramente de cáncer) era un excelente guitarrista de rock; el expresidente Harry S. Truman tocaba el clarinete; Richard M. Nixon el piano (y muy bien); pocos, sin embargo, interpretaron la doble partitura de «rock star» y figura clave en la política de su país como Clinton y -ahora y localmente- Boudou.

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