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Nace fuerza binacional con Chile
Sebastián Piñera, Néstor Kirchner
Estos mismos datos fácticos admiten más de una mirada. En 1978, todas las respuestas posibles ante semejante panorama llevaban a la palabra guerra.
Pero los mismos elementos, a partir de ahora, se combinan orientados por una guía muy distinta: la Cruz del Sur, una inédita fuerza combinada de dos países al servicio de las operaciones de paz organizadas por las Naciones Unidas.
Si las relaciones entre la Argentina y Chile pudieran graficarse con el perfil aserrado de la cordillera que los une, podría decirse que los tiempos de picos más escarpados y congelados por la tensión han pasado y que hoy un valle fértil de asociaciones los hermana otra vez, probablemente, como nunca antes desde el abrazo que se dieron José de San Martín y Bernardo OHiggins en plena campaña libertadora.
Durante mucho tiempo, la historia de estos dos países nacidos juntos y con una de las fronteras comunes más extensas del mundo, más de 5 mil kilómetros, se fue haciendo de desconfianzas y temores por el vecino, de una hipótesis de conflicto tras otra.
Los estereotipos de «trasandino» construidos por el peor de los nacionalismos pusieron a los dos países cerca del desastre fratricida, detenido por la intervención del Vaticano. La distensión fue llegando por el diálogo, una tarea que fructificó en sucesivos tratados limítrofes y de cooperación ratificados en democracia, incluso a través de consultas populares. La integración comercial y económica que acompañó las últimas dos décadas a toda Sudamérica terminó de rehacer una convivencia en la que el vecino pasó de ser una amenaza a ser una oportunidad de desarrollo, en paz.
Tiempo distinto
Así llegamos en la actualidad a un tiempo distinto, y los mismos rangos militares que servían ceremonialmente para planificar la portentosa torpeza histórica de un ataque al país vecino están hoy listos, por primera vez, para ejecutar una experiencia inédita en el mundo: la Fuerza de Paz Conjunta Combinada Cruz del Sur, empresa nunca antes llevada a cabo por dos países.
Dan deseos irresistibles aquí de recitar con Pablo Neruda su «Canción desesperada»: «Nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos». Es que somos otros, a medida que nuestras democracias se han venido profundizando, y que la guerra quedó como lo que fue siempre, la posibilidad de las dictaduras. Y de recordar también al Jorge Luis Borges de «Los conjurados»: «Han tomado la extraña resolución de ser razonables. Han resuelto olvidar sus diferencias y acentuar sus afinidades».
Fue en 2005, durante las presidencias de Néstor Kirchner y Ricardo Lagos, que se expresó por primera vez la posibilidad de una participación combinada conjunta en operaciones de paz de la ONU. Seis años después, los ministros de Defensa de Argentina y Chile, Arturo Puricelli y Andrés Allamand, en nombre de los presidentes Sebastián Piñera y Cristina de Kirchner, están ya poniendo en marcha este batallón de la paz que es la muestra más representativa del grado de profundidad que ha adquirido la integración entre ambos Estados, más allá de los Gobiernos circunstanciales.
Esta fuerza conjunta argentino-chilena, con alrededor de un millar de efectivos, actuará bajo mandato de la ONU y para su despliegue será requisito previo e indispensable una convocatoria oficial en el marco de una resolución del Consejo de Seguridad de la ONU, que autorice el despliegue de una misión de paz específica y el cumplimiento de las instancias institucionales nacionales respectivas.


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