30 de septiembre 2011 - 00:00

Nauru, el último nombre de la diversidad en la ONU

Nauru, el último nombre de la diversidad en la ONU
Nauru, Kiribati y Salomón, Polinesia y Papúa Nueva Guinea. Un distraído en la Argentina podría asociar los tres nombres en estos días con jugadores y seleccionados de rugby que disputan la Copa del Mundo en Nueva Zelanda. El lance no estaría mal, pero no: los mismos nombres componen algo mucho más significativo.

Nauru es una república micronesia que limita al norte con la Federación de Polinesia, al este con Kiribati, al sur con las Islas Salomón y al oeste con Papúa Nueva Guinea. Su territorio, básicamente un atolón en el Pacífico, a 4 mil kilómetros de Australia (de la que se independizó en 1968), ocupa una superficie de 21,3 kilómetros cuadrados y tiene 12.200 habitantes.

Y lo que nos interesa a nosotros ahora: Nauru, en lengua nauruana Ripublik Naoero, miembro de la ONU desde 1999, se acaba de convertir en la última incorporación de un Estado al Grupo de los 77 (G-77) más China, el bloque de países más amplio de las Naciones Unidas, que preside la Argentina durante 2011.

Apreciaciones

Esta pequeñísima República de Nauru nos permite rápidamente dos apreciaciones. La primera y más evidente es la riqueza, la amplitud y la potencia democrática que sigue ganando este bloque de países en desarrollo. Nauru se sentará como par junto con China, 450 veces más grande, con 116 mil veces más habitantes y la máxima economía emergente del mundo. Y eso es diversidad.

La segunda apreciación que queremos hacer deja a la Argentina exactamente en el medio de China y Nauru. No sólo hoy, porque tengamos la responsabilidad de presidir el G-77 más China. Sino también después, porque formamos parte de un bloque de creciente influencia en asuntos globales que nos tocan como país.

Elegimos uno: cambio climático. ¿Por qué sería importante la opinión de Nauru cuando levante la mano en nuestro bloque de países, frente a potencias del impacto de China, India u otras? Bien, porque este atolón de dos mil hectáreas puede desaparecer pronto bajo las aguas del Pacífico si el calentamiento global sigue aumentando el nivel de los océanos, del mismo modo que derrite barreras de hielo en la península antártica que besa nuestro territorio nacional. Así de simple.

El jefe del Estado de Nauru, Marcus Stephen, ha invitado a la Presidencia del G-77 y China a visitar su país en riesgo para seguir creando en el mundo la máxima conciencia posible sobre el drama real que atraviesa.

La concepción democrática en nuestro bloque, de voz y voto sin vetos arbitrarios ni distinción de poderíos, es fiel al espíritu que sostenemos como país para la ONU. Y como ha dicho el secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, en la reciente cumbre del grupo en Nueva York, el G-77 y China le dan forma al consenso internacional.

Pero ahora, con Nauru entre nosotros, las posiciones del G-77 más China sobre la salud del planeta serán más respetadas aún a la hora de definir metas y plazos en próximas cumbres, como las de Cambio Climático de Durban, Sudáfrica, de este año, o la de Desarrollo Sustentable, de Río, en 2012.

Desde el más pequeño hasta el más grande, todos estamos en la misma gran barca, con el mismo riesgo y los mismos horizontes. Como en nuestro bloque, nada mejor que asumirlo, ponerlo en práctica y ponernos a remar con el mejor rumbo posible.

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