26 de octubre 2011 - 00:00

Negros de felicidad

Luego de 24 años los All Blacks se consagraron campeones tras vencer a Francia en la final

Negros de felicidad
Rompió el maleficio. Nueva Zelanda derrotó en la final a Francia por 8 a 7 en el mítico Eden Park de Auckland y logró consagrarse campeón mundial por segunda vez en su historia.

Los héroes del partido fueron el pilar neozelandés Tony Woodcock, autor del único try negro, y el apertura suplente Stephen Donald, quien acertó un penal que fue clave para la consagración. Mientras, en el subcampeón el más destacado fue su capitán y líder, Thierry Dusautoir, también autor de un try.

En un campeonato donde en cuanto al juego no hubo grandes sorpresas, donde las potencias no mostraron nada nuevo, el partido definitorio no fue muy diferente a lo mostrado durante el certamen y tampoco emuló las finales de 1987 y 1999, las únicas que se definieron antes del pitazo final.

Aprovechando el envión inicial, los All Blacks se pusieron en ventaja desde el line, una plataforma de lanzamiento de juego que les dio muchísimo rédito. Después la sorpresiva falta de puntería de Piri Weepu, el hacedor de los triunfos en cuartos de final ante Los Pumas y en semis ante Australia, quien falló la conversión y posteriormente un penal, hizo mella en sus compañeros.

Francia tomó nota y rápidamente se puso el overol. Aprovechó el quedo del seleccionado local y se hizo de la pelota. Y con un gran trabajo de sus forwards, liderados por Dusautoir, arrinconó a los All Blacks contra su ingoal hasta llegar al try.

François Trinh-Duc se contagió de Weepu y malogró un penal, al igual que su compañero Dimitri Yachvili. Después los delanteros neozelandeses a pura potencia y garra defendieron cada pelota como si fuese la última, pero antes habían pasado algunos minutos de zozobra que enmudecieron el Eden Park. Aunque cuando Andy Ellis pateó la guinda afuera los All Blacks desataron un gran festejo.

Por un lado, Francia, que no tuvo un comienzo promisorio en el torneo, pudo sobreponerse, llegar a la final, dar batalla y hasta estuvo muy cerca de dar un batacazo histórico. Les Blues se recibió de equipo copero, ya que sabe jugar partidos en Copas del Mundo: seis semifinales y tres finales avalan esto.

Por otro lado, Nueva Zelanda pudo no sólo romper el maleficio sino también sacarse la gran espina de no poder consagrarse. Ganó los siete partidos, en la etapa de grupos con más comodidad y en la fase de eliminación le costó pero pudo lograr el objetivo de poder levantar la Webb Ellis y de que 4.500.000 personas que viven el rugby con gran pasión sientan una inmensa felicidad.