26 de noviembre 2009 - 00:00

Ni el digital deja a Scrooge en paz

Pesadillas añosas en odres nuevos: Scrooge vuelve a ser visitado por los fantasmas de las tres navidades.
Pesadillas añosas en odres nuevos: Scrooge vuelve a ser visitado por los fantasmas de las tres navidades.
«Los fantasmas de Scrooge» («A Christmas Carol», EE.UU., 2009, Habl. en inglés y dobl. al esp.). Dir.: R. Zemeckis. Int.: J. Carrey, S. Valentine, D. Sabara, G. Oldman.

Igual que con sus dos proyectos anteriores de animación digital, en su nueva película Robert Zemeckis aplica la más moderna parafernalia tecnológica a un asunto anticuado. En realidad, un asunto mucho muy anticuado, ya que «A Christmas Carol» («Un cuento de Navidad») de Charles Dickens es una fábula navideña más demodée que la infantil «El Expreso Polar» o la furibunda combinación de sword & sorcery y saga vikinga «Beowulf». Filmado más de medio centenar de veces desde los primitivos tiempos del cine mudo, el cuento de Dickens es una historia entre pesadillesca y sensiblera que al menos Zemeckis no intenta aggiornar desde lo argumental.

El malvado, desagradable, mezquino y sumamente egoista Ebenezer Scrooge es ahora un personaje animado con reminiscencias de Jim Carrey materializado en la pantalla con la técnica digital casi hiperrealista («motion capture») a la que se viene dedicando sistemáticamente el director de la trilogía de «Volver al futuro». Tal como lo planteó Dickens, el anciano hombre de negocios desprovisto de la mínima pizca de espíritu navideño -y lo que es más grave, de todo rasgo de humanidad- está destinado a convertirse en el alma de las fiestas y la encarnación misma de la generosidad.

Para eso deberá pasar por una espantosa experiencia sobrenatural, que comienza justo antes de la Nochebuena, cuando el espectro encadenado de su difunto socio lo visita para ayudarlo a evitar la misma condena eterna que él viene sufriendo en el Más Allá. Este horripilante fantasma -diseñado al más puro estilo de las almas en pena con cadenas chirriantes del imaginario decimonónico- le anuncia a Scrooge la inminente visita de tres apariciones singulares: los espíritus de las Navidades Pasadas, la Navidad Presente y la Navidad Futura.

Reviviendo los amargos errores cometidos a lo largo de su vida, percibiendo las consecuencias de su egoísmo cotidiano en la gente que lo rodea, y asistiendo a un espejismo del horrible futuro que lo espera, Scrooge cae en un temible espiral de tortuosas visiones angustiantes, que casi se podría decir que no tiene otra opción que transformarse en un buen tipo justo a tiempo para la Navidad.

Si se lo piensa un poco, este detalle es el punto débil de esta adaptación de Dickens que funciona bastante bien al momento de atormentar a Scrooge, pero no tanto cuando tiene que redimirlo. Zemeckis parece aplicar toda su creatividad para plasmar los tormentos que Dickens destinó al protagonista, con imágenes oscuras al mejor estilo del horror gótico inglés. En cambio, cuando quiere animar las cosas con acción vertiginosa, estallidos felices y diálogos jocosos, parece dominado por el fantasma de Disney. Las escenas simpáticas parecen filmadas en piloto automático y la pirotecnia visual propia de la animacián digital y el 3D por momentos irrumpe de manera forzada, sin integrarse del todo al conjunto. Tanto Jim Carrey como Gary Oldman aportan sus voces a varios personajes (versión que se proyectará únicamente en ciertas salas, en funciones nocturnas).

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