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Ni las dudas de Obama apagan la euforia de los estadounidenses
Sin embargo, no se trata más que de un pequeño «retoque» para los estadounidenses, que están entusiasmados y elogian el desarrollo perfecto del operativo secreto contra el enemigo número uno del país. No hay indicio alguno de que estas nuevas revelaciones vayan a rebajar el entusiasmo por el operativo, que además da alas al presidente de Estados Unidos, Barack Obama.
Aun cuando los medios estadounidenses informaron ayer ampliamente sobre las informaciones que corrigió el Gobierno, el debate sobre si los Navy SEAL intentaron realmente capturar con vida a Bin Laden se desarrolló prácticamente de forma marginal y la cuestión sobre la legalidad de la «licencia para matar» no llegó a situarse en un primer plano.
Y los medios al parecer reflejaron el sentir de la población. Según una encuesta del USA Today/Gallup, sólo el 33% de los consultados considera que para Estados Unidos habría sido mejor capturar a Bin Laden con vida. El 60% opina que matarlo era la mejor solución. Y el 93% apoya plenamente la acción que acabó con la vida del líder terrorista.
Si se critican las versiones falsas que ofreció el Gobierno, éstas se centran en que éste no conocía los puntos importantes de los hechos o no los comprobó suficientemente antes de presentarlos a la opinión pública. La Casa Blanca por su parte se defiende con la «fog of war» (niebla de guerra), refiriéndose a que en un combate a menudo hay confusión sobre cómo ocurrieron los hechos.
Hubo una «gran precipitación» por proporcionar detalles a la opinión pública del operativo. Tan sólo poco a poco, cuando se fue interrogando a los miembros de los comandos especiales, se han ido esclareciendo los hechos, y finalmente el portavoz Jay Carney corrigió la versión de los hechos de forma voluntaria, lo que mejoró la calidad de la información.
Exageración
Pero a la Casa Blanca no la apremiaba la sed de información de la opinión pública, sino sencillamente se trataba de dar a conocer el éxito del operativo al ciudadano común y corriente y además hacerlo de forma plástica, pues después de todo fue una operación arriesgada, que fue llevada a cabo con precisión. Y por ello se exageró un poco al principio, como lo vio ayer The Washington Post, que habló de un momento «incómodo» para el Gobierno de Obama en unos días que por lo demás han sido estupendos. Y los republicanos, que no verían nada mal una situación como ésta, casi que han dado gracias por esa «incomodidad» para Obama. «Creo que podemos tener problemas si la gente ve que se intenta sacar ventajas propagandísticas o políticas» de este tema, dijo el congresista Mike Rogers del partido conservador.
Pero los estadounidenses no le prestan atención y devoran cada detalle sobre la eliminación de «Gerónimo». Y la CIA al parecer está extraordinariamente feliz por su decisiva participación en este golpe. Nunca antes la agencia había tenido un jefe tan dispuesto a hablar como su director actual, Leon Panetta, que parece no rechazar entrevista alguna en un gran medio norteamericano.
Los expertos en las normas durante las misiones de combate cerraron filas con el Gobierno. En un operativo con un «objetivo» tan peligroso como Bin Laden, los SEAL tenían todo el derecho a abrir fuego al mínimo movimiento cuando asaltaron la habitación del líder terrorista. «Si él se hubiera entregado o hubiese estado inconsciente en el suelo, entonces (su liquidación) arrojaría serias dudas», cita The New York Times a John Belliger III, asesor jurídico de la Casa Blanca.
«Pero aquí se trata de un tipo extremadamente peligroso. Si esconde a alguien en el pasillo o corre a la estantería o creés que lleva un chaleco de explosivos, tenés razones firmes para matarlo», añadió
Agencia DPA

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