25 de marzo 2009 - 00:00

“No me molesta que digan que escribo best sellers”

La narradora argentina dice de su nueva novela: «Cuento del nazismo, pero no de los campos de concentración, aunque están referenciados al remitir a la expropiación de obras de arte, sobre todo a judíos».
La narradora argentina dice de su nueva novela: «Cuento del nazismo, pero no de los campos de concentración, aunque están referenciados al remitir a la expropiación de obras de arte, sobre todo a judíos».
La expoliación de obras artísticas durante el nazismo, tanto de personas como de los museos de los países ocupados, impulsó a la narradora y dramaturga Patricia Sagastizábal, a escribir «La colección del Führer», un thriller que tiene como protagonista a una bravía aristócrata.
Periodista: ¿Qué se propuso con esta nueva novela?
Patricia Sagastizábal: Quise hablar sobre una etapa determinada del siglo pasado: la posguerra, y enfocar lo que sucedió, en algunos casos dramáticos, con el coleccionismo de obras de arte. Esto me llevó a mostrar cómo jugaban la ética y la belleza en el negocio, dentro del mercado del arte en ese momento. Eso me trasladó a los delitos, a los robos y crímenes cometidos durante la Segunda Guerra Mundial para apropiarse de obras artísticas, y fundamentalmente de cuadros de altísimo valor. A mí me encanta el mundo de las confabulaciones y «La colección del Führer» es una novela con intriga, espionajes, traiciones, y hasta una apasionada historia de amor, que también tiene su lado sinuoso.
P.: Más allá de que su relato comience en una penumbrosa y nocturna Nueva York, usted desde el título tiene como punto de partida la Alemania de Hitler.
P.S.: Cuento del nazismo pero no de los campos de concentración, aunque están referenciados al remitir a la expropiación de obras artísticas que se hizo sobre todo a judíos. Un personaje dice: «Yo que era alemana, berlinesa, tuve que dejar de vivir en esa ciudad, en ese país, por ser judía». Cuento lo que esas personas sintieron al ser expulsadas del país donde habían nacido y crecido. Los que no murieron en la Shoah, no perdieron la vida, pero perdieron una cierta identidad.
P.: ¿Cómo hizo para estructurar una historia que se mueve por diversos países?
P.S.: Si bien transcurre en Nueva York, tiene momentos en Munich, en Berlín, en Berna, en Barcelona, en Sant Feliu de Guíxola, en el Cadaqués donde vivía Dalí, y en Buenos Aires, en la Argentina. Esos son los países donde las circunstancias hacen estar a la protagonista, Lucía von Vevenau. Y, además, hay ciertos personajes que están en Francia. Lo que hice fue que se desplazaran con acciones. En el caso de Lucía eso ocurre todo el tiempo porque tiene una estrategia que la lleva a hacer un conjunto de viajes. Tiene que recuperar la invaluable colección artística de Hitler y trasladarla de Europa a la Argentina de Perón.
P.: ¿Quién es Lucía de Vevenau, la protagonista?
P.S.: Una experta coleccionista de arte, una mujer rica que no necesita apoderarse ilegalmente de obras de arte. Es una aristócrata alemana que pertenece a una familia de coleccionistas de arte. Es una amante de la belleza que asesora, aconseja a personas muy importantes de todo el mundo, a magnates, a presidentes, a miembros de diversos gobiernos. Organiza muestras internacionales. Es importantísima en el mundo de la cultura de ese momento.
P.: ¿Por qué se lanza a esa aventura una mujer de esas características?
P.S.: Porque se lo encargan. Sin saberlo plenamente, forma parte por vía paterna de una logia secreta. Después investiga, y confirma que es parte de la logia Primurum Santi, una hermandad alemana nacida en el siglo XVII, creada por matemáticos, filósofos, naturalistas, biólogos, gente de estudios que se reunía para promover las ciencias y las artes. Al mismo tiempo, como toda logia, buscó imponer sus principios en la sociedad y, para ello, se alió con gobiernos, aunque no de manera constante. Una de sus alianzas, fatídica para la hermandad, es con Hitler. Esto va a provocar una fractura interna. A Hitler (que siempre se consideró pintor) como una forma de investirlo, le regalan una serie de cuadros. Es como entregarle una corona.
P.: Los cuadros robados por los nazis cada tanto son noticia en los medios.
P.S.: Y después de tanto tiempo. Eso hace sospechar en cuánto tuvieron que estar implicados los gobiernos, no sólo las personas, los marchands. Se dice que aún hay cuadros en el Louvre, en el Prado, en el British Museum que provienen de los saqueos de los nazis. Esto, que la mayoría de la gente sabe por las noticias de los medios, a mí me llevó tras símbolos secretos, antiguos manuscritos, asesinatos, falsificaciones y tráfico de arte.
P.: Los escritores argentinos parecen haberse universalizado, cuentan historias que ocurren en otros países y no necesariamente en la Argentina? ¿Cómo encaró eso usted?
P.S.: Borges hablando sobre la tradición dice que el escritor debe sentirse libre de escribir lo que quiere escribir, no estar atado a un lugar de pertenencia, si no el ser argentino se convierte en una fatalidad. Si se es libre se escribe lo que se quiere escribir. La Argentina no me ofrecía la posibilidad de enfrentar este dilema ético del modo que quería observarlo.
P.: «La colección del Führer» tiene un cierto clima de best seller, hasta parece escrito para ser trasladado al cine en Hollywood.
P.S.: Eso estaría bueno. A mi me gustó escribirla y que la trama fuera internacional. Me encanta que esté llena de sorpresas para el lector, que lo haga entrar en un universo de códigos secretos y conspiraciones, que de pronto se encuentre con personajes de novela negra. Me fascina ese universo de desertores, espías y criminales. No me molestaría que digan que es un best seller, yo ya estuve allí con «Un secreto para Julia». Creo que todos los escritores serios, profesionales, deberían lograr vivir de su escritura. Y una escritura que se puede calificar de profesional está ligada a la venta, indica que el autor logró comunicarse con amplio conjunto de lectores. En mi caso, la profesionalidad es trabajar diariamente muchas horas en cada texto hasta que considero que he logrado que el personaje atrape al lector, lo tome de la mano y lo lleve de paseo por lugares y sucesos que desconocía.
Entrevista de Máximo Soto

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