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No todo es novela negra en Suecia

Al viejo tarambana de Allan Karlsson todo en la vida le ha ido bien por casualidad, y por qué le va a fallar ahora, cuando en el geriátrico donde está han decidido celebrarle sus cien años con la presencia del alcalde, periodistas y festejos ad hoc preparados por una sargentona enfermera. Vestido con su mejor traje y unas pantuflas meadas (porque en el apuro deja los zapatos y el sombrero), con una decena de coronas que había guardado, antes de la hora de la celebración de su onomástico decide escapar porque a los cien años siente que le queda mucho por vivir. Y como le ha ocurrido otras veces la suerte juega a su favor.
Se va a la estación de ómnibus donde entre tanta gente va a pasar inadvertido. Compra un boleto para cualquier lugar. Un muchacho con no mucha cara de asesino profesional le pide que le cuide su valija, justo cuando lleva el bus de Allan, y ya que está se lleva esa maleta que en su interior contiene, como lo sabrá luego, cincuenta millones de coronas suecas. A partir de allí comienza una alocada road story que comenzando en Suecia concluirá en Bali con una parienta de Einstein. Y mientras en la actualidad se producen persecuciones tiros y asesinatos, se va reconstruyendo por etapas la vida de Allan, tan vinculada al azar como a esa dinamita que gracias al premio de Alfred Nobel dejó de ser emblema de Suecia. Allan pasa de ser cadete de una fábrica de explosivos a ayudar a Oppenheimer a crear la bomba atómica. Por el camino se va encontrando con Stalin, Franco, Truman, De Gaulle, Mao (con la mujer del líder chino tiene escarceos), Nixon, y si no llega a Obama es porque la novela concluye en 2005. La falta de moral, su desinterés ideológico, le permite pasar de un lado a otro y ser durante muchos años agente de la CIA.
Narrada a tramos breves, con una acción vertiginosa, que suma situaciones disparatadas y personajes insólitos, provoca una casi constante diversión sobre todo por los sarcasmos que dispara sobre la historia del siglo XX. Si los mejores momentos recuerdan a «El tambor de hojalata» de Günther Grass, y el punto de partida de las peripecias contadas por Osvaldo Soriano en su última novela, tiene demasiadas semejanzas con «Forrest Gump» con la estructura de un personaje un poco ingenuo (en el caso de Allan con altas dosis de cinismo) que tiene la fortuna de estar en el lugar adecuado en el momento justo.
En su opera prima el periodista y productor de televisión deportiva Jonas Jonasson haciendo humor, dedicándose a la comedia surrealista, logra separarse de los narradores suecos que siguiendo a Stieg Larsson y Henning Mankell se dedican a agregar libros a la novela negra que ha reinventado su país. «El abuelo que saltó por la ventana y se largó», acaso por ser tan políticamente incorrecto y tan inesperadamente divertido por momentos, se ha convertido en un super bestseller en Europa, y ya se han comprado los derechos para llevarlo al cine.
M.S.


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