Nueva York: Dudamel y Tiempo homenajearon a Alberto Ginastera

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Nueva York - Cosas de Nueva York: la sala de conciertos del Lincoln Center portaba el nombre de su benefactor, el multimillonario Avery Fisher, rey de la audiofonía de los años 60 y 70. Perversamente, nunca satisfizo la acústica de este rectangular templo de la música sinfónica.

La decisión ha sido tomada: el auditorio será prácticamente destruido y reconstruido.

El magnate de medios David Geffen le aporta más de cien millones de dólares a la iniciativa, cuyos mármoles ya ostentan, anticipadamente. "Geffen Hall"'. Los herederos de Fisher consienten al cambio, y reciben catorce millones de dólares por la cesión del nombre.

En el Geffen Hall (todavía pendiente de renovación), la Filarmónica de Los Ángeles presentó el programa que esta orquesta (una de las diez mejores de EE.UU.) ejecutaría posteriormente en una extensa gira europea.

Fue notable el predominio total de la música de las Américas que el maestro Gustavo Dudamel eligió para este programa. No estuvieron representadas ningunas de "las tres B" europeas (Beethoven, Brahms, Bruckner), pero también se observó que entre los integrantes de la orquesta faltó representatividad del crisol de razas que hacen la fuerza de los Estados Unidos: predominan en la Filarmónica de Los Ángeles caucásicos y asiáticos; hay poquísimos latinos, y sólo uno de los músicos (en los contrabajos) es afroamericano.

El carismático Dudamel le dio lugar de honor al compositor Alberto Ginastera, incorporando a nuestro compatriota Sergio Tiempo como solista del primer Concierto para piano y Orquesta del gran maestro, cuyo centenario se celebra este año. Fue éste uno de los acontecimientos musicales más importantes de los últimos tiempos en Nueva York.

Quizás sin percatarse de una cierta ironía, los angelenos iniciaron el concierto con "Soundings", del celebrado compositor de música para cine, John Williams. Esta obra fue escrita para la inauguración (en 2003) de la sala de conciertos Disney Hall, con la expresa intención de demostrar las cualidades acústicas de la actual sede oficial de la Filarmónica de Los Ángeles.

Con sus exploraciones sonoras, "Soundings" le confiere al oyente una vivencia de música de cine sin pantalla. Hay aquí multitud de efectos, inclusive antifonías electrónicas que se manifiestan desde varios de los palcos altos. La obra es entonces efectista, pero carente de alma. Las intervenciones de solos de flauta y clarinete fueron magníficamente ejecutadas.

El Steinway grand fue luego introducido en el escenario, y el joven argentino Sergio Tiempo atacó la primera (endiablada) cadena de acordes y arpegios ascendentes con la que el solista interviene en este Concierto No. 1 (de 1961). Aunque la técnica composicional se corresponde con una de las primeras incursiones de Ginastera en el dodecafonismo, el gesto es expresivo, y coherente con la tradición romántica del concierto para piano y orquesta. La obra consta de cuatro movimientos contrastantes (alejándose de la convención de tres), y es de muy sólida factura. La parte de piano solista contiene enormes exigencias técnicas, que Sergio Tiempo afrontó con admirable solvencia (casi trasuntaba "facilidad").

Ginastera es maestro de magias sonoras: en su Concierto N° 1, tuttis orquestales de gran fuerza alternan con murmullos de percusión, arpa, y cuerdas en sordina

De Ginastera, un crítico argentino solía comentar "es buen repostero"...Y el último movimiento del Concierto N° 1 [Toccata Concertata] le da cierta razón al crítico. Hay allí un salvajismo bastante evocador del segundo concierto para piano y orquesta de Bartok. El pulso obsesivo que Ginastera le imparte a la Toccata, conduce a un frenesí sonoro y rítmico -tanto de orquesta como de solista- con el que concluye la obra. Dudamel y Sergio Tiempo cosecharon una genuina y merecida ovación de pie, de lo cual tomaron debida nota los medios locales.

Después del intervalo, Dudamel dirigió el estreno de "Play : Level 1" del compositor norteamericano Andrew Norman, quien ha querido volcar en la obra su fascinación por explorar las técnicas de sonido del cine, televisión, y juegos de video, y su interacción con la orquesta sinfónica. Su obra es bullicioisa, entusiasta y de gran virtuosismo orquestal. Dudamel y la Filarmónica de Los Ángeles fueron excelentes servidores de las ideas del compositor, quien trasunta maestría de una paleta orquestal plena de sonoridades inéditas.

La Filarmónica concluyó su programa con algo así como el himno nacional de la música de concierto norteamericana: "Appalachian Spring", de Aaron Copland, quizá la composición más oída en las salas de concierto de este país. La popularidad de esta obra, encantadora y emotiva a la vez, es merecida. Dudamel y los filarmónicos consiguieron impartirle serenidad y frescura. Los bronces fueron excelentes aquí, así como los solos de flauta, oboe y clarinete, que impresionaron por lo diáfanos y expresivos.

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