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Nuevos rostros y versión para el tranvía del deseo
Daniel Veronese: «Todos venimos con una mochila en relación a esta obra. Hay que luchar contra el glamour de Brando y contra todos los enigmas que plantea la pieza».
Escrita en 1947, esta célebre pieza de Tennessee Williams cuenta con dos protagonistas emblemáticos: una ex belleza sureña -frágil, con pretensiones de aristócrata y un pasado que ocultar- y un violento exponente de la clase obrera de arrolladora sensualidad. Blanche y Stanley son cuñados y a la vez enemigos. De poco sirven los esfuerzos de Stella (papel a cargo de Paola Barrientos) por atenuar las diferencias entre su hermana y su marido. Y sin embargo, ambos están ligados por una fuerza oscura que pronto irá creciendo hasta derivar en una brutal violación.
Periodista: ¿Usted cree que el público teatral de hoy conoce la película de Elia Kazan protagonizada por Brando?
Daniel Veronese: Es una pregunta que yo también me hago y que nadie puede contestar. Pero si el público vio el video el día anterior se va a encontrar con algo muy distinto. Esta es una obra emblemática -no hay actor que no quiera hacerla ni director que no quiera dirigirla- y es muy difícil de llevar a escena porque pasan muchas cosas.
P.: Algunos críticos acusan a Brando de haber glamurizado el papel de Kowalski con su simpatía y sex-appeal.
D.V.: Mire, todos venimos con una mochila en relación a esta obra. No sólo hay que luchar contra el glamour de Brando, también hay que luchar contra todos los enigmas que plantea la pieza. Para mí es un cuadrilátero amoroso, muy potente, que incluye a Stella y a Mitch (Guillermo Arengo), el pretendiente de Blanche. Quiero que la obra esté en carne viva y que no lo sobre un minuto. No quiero estar viendo una obra escrita casi en los 50, sino un drama que nos conmueva hoy por su cercanía. No necesité trasladar la acción a nuestro país, simplemente dejé de lado detalles que la anclaban excesivamente en aquella época.
P.: Alguna vez se dijo que Kowalski jugaba con Blanche como un gato con una mariposa.
P.: Para mí ella es una perra que viene en la manada, y él un perro que va hacia ella y la huele, la conoce, y después la deja. Hablamos mucho de animales durante los ensayos. Aquí se aplicaría también algo que leí con respecto a los lobos. El lobo, por lo general no ataca al hombre. Pero si el hombre huye, se convierte en presa y el lobo lo ataca. Creo que hay algo de eso entre Kowalski y Blanche. El la ataca hasta destruirla porque, en algún momento, ella empieza a equivocarse en sus pasos.
P.: ¿No hay también un prejuicio de clases entre ellos? Blanche desprecia la ordinariez y brutalidad de su cuñado. No acepta que su hermana siga junto a él.
D.V.: Pero también los opuestos se atraen. Yo los veo como una pareja muy sexual, pero no quise presentarlo como un macho primitivo, sucio y golpeador. También puede ser muy cariñoso con su esposa. Y a Blanche no quise mostrarla como una loquita. Todos tienen sus razones. Es cierto que su cuñado es un animal, pero tampoco hay que olvidar que Blanche invadió su hogar y le llena la cabeza a Stella en contra de él.
P.: ¿Cómo encaró la locura de Blanche?
D.V.: Yo no hablaría de locura. Blanche tiene una desconexión con la vida por su escasa resistencia al sufrimiento. Todas esas fantasías que enarbola a su alrededor son para no sufrir. Ella es una inadaptada y eso es mucho más patético y terrible que estar completamente loco.
P.: Peretti no da el look de hombre recio y seductor ¿Por qué lo eligió?
D.V.: Cuando lo vea va a cambiar de opinión. Para mí Peretti es Kowalski. A él se lo digo todo el tiempo. «¿Y si yo no hubiera estado?» me preguntó el otro día. ¡No hay otro, Peretti! El tiene una fortaleza igual a la del personaje y también le aporta dulzura. A Brando era imposible bajarle el glamour. Pero como dentro de la obra no existe una línea única, nosotros exploramos otros aspectos del personaje.
P.: Y Erica Rivas ¿no es muy joven para el papel de Blanche?
D.V.: Todo el mundo le dice lo mismo, pero el autor dice que Blanche ronda los 30 y pico. Para aquella época era mucha edad y ahora las de 30 se hacen todo tipo de cirugías para lucir más jóvenes.
P.: Sin embargo, en Europa y Estados Unidos siguen convocando a actrices más veteranas para este papel.
D.V.: Sí. En España lo está haciendo Vicky Peña que ya debe andar por los sesenta y es una actriz maravillosa.
P.: Usted quería gente joven...
D.V.: Yo quería buenos actores y como son jóvenes contribuyen a que la parte de la sexualidad esté mucho más caliente. Creo que se justifica más ese triángulo casero. Pero en teatro la edad no es obstáculo, al menos para mí.
P.: Cuéntenos como siguen sus otros espectáculos.
D.V.: «El descenso del monte Morgan» continúa en el Metropolitan y sale de gira por todo el país. También están de gira los dos Ibsen (sus celebradas reescrituras de «Hedda Gabler» y «Casa de muñecas»). Vuelven de Europa dentro de un mes, y el 20 de abril empiezo a ensayar «La Gaviota» de Chejov para estrenarla, en julio, en la Sala Casacuberta del Teatro San Martín. (encabezan el elenco Fernán Mirás, María Oneto, Osmar Nuñez y María Figueras). Después de esto me voy en septiembre a Barcelona a dirigir «¿Quién le teme a Virginia Wolf?» con elenco catalán. No sé hablar catalán, pero confío en la energía del arte. Creo que voy a aprender la obra de memoria y listo.
Entrevista de Patricia Espinosa


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