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Obra menor de la gran Némirovsky

Ucrania a comienzos del siglo XX. Elena una nena de 7 años, de familia de clase alta, despreciada por su madre, dejada en las manos de Mademoiselle Rose, una institutriz francesa, acumula rencores. Su madre, Bella, pertenece a la aristocracia rusa en decadencia, una de las tantas familias nobles venidas a menos, pero que ha sabido mantener la altivez y la soberbia, se ha casado con Boris Karol, un banquero judío entregado a ganar y perder dinero, sus pasiones son los negocios y los casinos, y deja que su mujer lo engañe a repetición.
Eso hasta que Bella se consigue un amante estable, Max, un primo al que le lleva 15 años. A medida que Elena crece, confinada a la soledad y el desamor, crece también el odio hacia su madre. Odio que al llegar a los 18 años se convertirá en venganza contra esa Bella que suele decir que no ha nacido «para ser una burguesa tranquila y satisfecha, encerrada entre un marido y una hija». El drama concluye cinematográficamente en París, con Elena con una valija y su gato Tintabel cruzando el Arco de Triunfo.
«El vino de la soledad» puede ser vista como una novela de iniciación, exactamente opuesta a las de Dickens, pero con la misma intención de mostrar la construcción de una identidad. Podría considerarse una novela de viajes, va desde Ucrania, pasando por Rusia, Finlandia hasta llegar a Francia, escapando de la Revolución Rusa, y con muchas paradas intermedias, como San Petersburgo o Biarritz, para establecerse finalmente en París. Podría observarse la mirada fría y distanciada de una Madame Bovary acomodada. Pero es esencialmente la realización de la venganza de una hija a una madre egoísta arrancándole lo que más atrae, lo que le hace sentirse seductora y joven a los 45 años, para mostrarle que la que ahora puede enloquecer a un hombre es ella, y luego dejárselo de regalo, porque lo suyo fue una vindicta del pasado que la encerró en una amarga jaula de oro.
Esa venganza, desde una perspectiva psicoanalítica o desde la concepción del pensador René Girard, es también una búsqueda de ocupar el lugar de la madre, de sentirse superior al madre, de frente a un padre «impotente» por sus adicciones, conquistar a un subrogado del padre. Nemirovsky había tratado el tema del enfrentamiento entre hija y madre en «El baile», una nouvelle admirable, sobre la fiesta de presentación social de su hija por una pareja de nuevos ricos que termina en magno descalabro, en una caída de máscaras donde surge el más interesante aspecto crítico de la autora, algo que aquí no está presente, del mismo modo que está ausente el humor, tal vez por tratarse , como se ha dicho, de «su novela más personal y autobiográfica».
Muchos datos de «El vino de la soledad» están calcado de la vida de Irène Némirovsky, que llegó a París en 1919 con su familia de madre aristócráta y padre rico escapando de los bolcheviques, se licenció en Letras en la Sorbona, escribió una opera prima, «David Golder» que se publicó en 1929, la consagró y fue llevada al cine. En 1942 es deportada a Auschwitz junto a su marido, Michel Epstein, donde ella murió de tifus y él fue asesinado. Sus hijas descubrieron el manuscrito de la novela «Suite francesa», que publicada en 2004 provocó su definitiva consagración, recibiendo premios post mortem , e interés por toda su obra. «El vino de la soledad» es una obra menor, de una gran escritora, que no deja de leerse con interés.
M.S.


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