23 de junio 2010 - 00:00

Optimista mundial

• Con algunos jugadores que no son titulares, fue muy superior a su rival. • Terminó primero en su grupo, con puntaje ideal, y recibiendo sólo un gol. • Como en 2006, ahora se medirá con México el domingo a las 15.30.

Martín Palermo acaba de marcar el segundo gol del seleccionado argentino y lo va a festejar con Diego Maradona, a quien agradeció por haberle dado esta oportunidad.
Martín Palermo acaba de marcar el segundo gol del seleccionado argentino y lo va a festejar con Diego Maradona, a quien agradeció por haberle dado esta oportunidad.
Polokwane - Es tan difícil analizar un hecho tan cargado de emoción como intentar conseguir sinónimos que no sean reiterativos, que no empujen al lugar común y que no hayan sido ya mencionados en hazañas anteriores. Los casi quince mil hinchas argentinos que alentaban desde las tribunas del Peter Mokaba, los cuarenta millones atornillados delante de los televisores y cada uno de los protagonistas que estaban en el campo de juego sabían que algo iba a ocurrir a partir de las 22.09 de la noche sudafricana. En ese instante el neozelandés Peter OLeary, cuarto árbitro, levantó el cartel y anunció el cambio: afuera el 19, adentro el 18 de camiseta azul, que detrás tenía siete letras: Palermo.

Argentina superó un obstáculo durísimo y aprobó un examen que difícilmente vuelva a tener que rendir durante su estadía en el Mundial. Lo de Grecia fue lo más cercano a aquellos catenaccio que sólo creyeron los analistas que podían enarbolar los equipos italianos. Cuatro defensores, cuatro volantes defensivos, un punta que aguante y uno con la única misión de seguir a Lionel Messi por toda la cancha. Le costó más de un cuarto de hora acercar peligro cerca de Tzorvas, el arquero helénico, nuevamente figura, que le tapó el zurdazo al Kun Agüero y al rato nomás un derechazo con destino de red de Verón.

Argentina llegaba a tres cuartos pero carecía de profundidad y de presencia dentro del área. A pesar de eso, en la primera etapa Bolatti, otra vez Agüero, Maxi Rodríguez y Messi tuvieron la apertura del marcador en sus pies.

No alcanzaban la prolijidad de Bolatti, ni los arranques de Agüero y Messi. Grecia seguía apostando al mismo sistema y hasta casi saca provecho de un resbalón de Demichelis al comienzo del segundo tiempo que Samaras tiró afuera.

Diego vio que al equipo le faltaba apostar más a la tenencia de la pelota y no tanto al vértigo ofensivo. Buscó la solución con Pastore (entró por Kun) y encarriló a todos: a Messi para asociarse, a Verón para ganar en precisión (de los más flojos del equipo nuevamente) y a todos para que se abra el arco.

A los 32 el córner desde la izquierda de Di María lo ganó Demichelis en el área de cabeza y luego de un rebote en Milito el 2 metió un zurdazo de esos que corren el arco. 1 a 0 y sólo quedaba un cuarto de hora para el final.

A partir del minuto 34 del complemento el partido le dejó el lugar a la película. Diego llamó a Palermo, y ya nada fue igual. Le alcanzó con un par de intervenciones para sacarse las ganas y un solo rebote para anotar su nombre en las páginas de la historia de la Copa del Mundo. Messi ya había estrellado un tiro en el palo y al rato volvió a quemarle las manos al arquero, el rebote le cayó al hombre que aquella tarde del 4 de octubre le dio la esperanza a Argentina de estar en Sudáfrica. Tuvo la fortuna necesaria para que el balón le cayera a su pierna derecha, la misma que no ha tenido por ejemplo Messi en lo que va del Mundial.

El final encontró a todos, sin excepción, felicitándolo. Una imagen que confirma que Martín Palermo es tan importante fuera del campo como dentro del área.

Todos sabíamos que el muchachito de la película iba a tener alguna escena en Sudáfrica; sólo él sabe si fue la última.

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