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Oscar consagra un cine de periodismo sin clichés
• "EN PRIMERA PLANA" DESMONTA CON CLARIDAD LA ANATOMÍA DE UNA INVESTIGACIÓN
John Slattery, Michael Keaton y Liev Schreiber en “En primera plana”, de Tom McCarthy, que desbancó -con justicia- a “El renacido” como Mejor Película en los Oscar.
El film de Tom McCarthy, que abrió la noche con un Oscar para su impecable guión (obra del mismo cineasta junto con Josh Singer), es una celebración de un subgénero, el del "cine de periodistas", que trasciende, como obra integral, a su espinoso asunto, la investigación de The Boston Globe que descubrió la pedofilia eclesiástica enquistada en la propia ciudad, y luego en el resto del mundo. Porque lo singular de "En primera plana" es también el reverdecimiento de este tipo de tramas desde el interior de la dinámica de un diario, sin los clichés en los que suelen caer, inclusive, algunos de sus ejemplos más famosos (como "Todos los hombres del presidente"), y con las armas necesarias para redondear una película con el atractivo para todos los públicos y no sólo para los consumidores de documentales.
Aquí lo que está en juego es la mirada. Qué es lo que se ve y qué es lo que no se ve. Y no sólo aquello que algunos no quieren que el investigador vea (es decir, el conflicto habitual del género, como el del enigma policíaco: los partidarios de Nixon que ocultan lo que pasó en el hotel Watergate, al que los periodistas deben penetrar como detectives, encontrándose con Garganta Profunda en callejones oscuros con música tétrica). Por el contrario, "Spotlight", a partir de hechos reales, enjuicia lo que en inglés sería su contrario, el "Blind Spot", el punto ciego que impide ver la luz.
A riesgo de revelar un detalle importante de su argumento, consignemos que una de las escenas decisivas del film es aquella en la que una periodista joven, cuando el equipo especial de investigación del caso venía trabajando sin pausa, confronta al jefe de la sección con un sueltito publicado muchos años antes en el mismo diario, por él mismo, cuando era un redactor principiante.
Allí estaba: unas pocas líneas que cumplían, casi, con la función de "llenar el espacio", sobre el tema de la pedofilia en la Iglesia. Pero nadie lo "vio". No hubo entonces conspiración de silencio, no se trató sólo de sobornos a abogados por parte de los acusados (aunque también los haya habido). Lo que hubo fue "punto ciego", falta de valoración. Esa mirada que, en el presente del film, suple el recienvenido, como diría Macedonio Fernández. El editor ajeno a la ciudad que además, por ser judío, debe cargar con los prejuicios y el antisemitismo de una sociedad que hacía la vista gorda ante los abusos de los curas pedófilos.
El discurso de los responsables de "En primera plana" en la noche de los Oscar apuntó, desde luego, al asunto del que se ocupó el film, que mereció en su momento el Premio Pulitzer a quienes llevaron adelante las pesquisas. Pero, como cine de género, es igualmente justo que se los valore en el mismo nivel de prestigio que gozaron, en décadas pasadas, directores como Sidney Pollack y Otto Preminger.


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