2 de diciembre 2010 - 00:00

Oscura sátira del Marco Bellocchio más agudo

Aunque tardío, es muy bienvenido el estreno de «La hora de la religión» (2002), inteligente sátira contra el oportunismo y la hipocresía de la sociedad, con notables actuaciones.
Aunque tardío, es muy bienvenido el estreno de «La hora de la religión» (2002), inteligente sátira contra el oportunismo y la hipocresía de la sociedad, con notables actuaciones.
«La hora de la religión» (Lora di religione, Italia, 2002). Guión y dir.: M. Bellocchio. Int.: S. Castellito, J. Lustig, C. Conti, P. Degli Esposti, G. Alberti, D. Placido, A. Mondini, G. Schidi.

Al título de estreno local de este film le sobra un artículo, pero al film no le sobra prácticamente nada. Se disfruta, se admira, y hace reflexionar. Eso sí, quizá le falte algo para un mejor desenlace, pero por lo visto el autor, Marco Bellocchio, no quiere un desenlace cómodo, de esos donde todo cierra en armonía. El quiere clavarle la espina al espectador y dejársela ahí donde le haya entrado, que para alguno será el corazón y para otro apenas la mente. Pero donde sea, que le remueva sin rezos ni curaciones.

Un pintor e ilustrador de libros infantiles, en trámites con la ex, se anoticia de otra clase de trámites, confabulados por las tías y demás parientes: su finada madre está en proceso de santificación ante el Vaticano. Cierto que la madre fue víctima de otro hijo medio loco, y ahora alguien ha rezado a su alma y obtuvo un milagro, pero ¿merecerá ser santificada esta mujer, de quien el pintor no tiene, precisamente, los mejores recuerdos? Además, ¿a él qué le vienen a pedir testimonio ahora desde la Santa Sede? El es ateo. ¿Pero se puede ser enteramente ateo en Italia? Y por otro lado, ¿su familia es verdaderamente religiosa? Inteligente, fina, oscura sátira contra la hipocresía y el oportunismo de una sociedad que aprovecha la buena fe de los otros para sacar réditos de prestigio y/o merchandising, «Lora di religione» ha merecido tanto el premio del Jurado Ecuménico de Cannes, integrado por miembros de distintas religiones, como los aplausos de unas cuantas sociedades que profesan el laicismo y el ateísmo, desde Uruguay para arriba. Describe con agudeza las mezquindades del ser humano, el uso interesado de las creencias, las situaciones kafkianas de quien se permite el disenso, y también expone la callada piedad fraterna, la indirecta percepción de una posible gracia. Y encima es entretenida, incluso en algunas partes divertida, bastante suelta (el oficio de pintor del personaje permite al autor insertar varias situaciones un tanto irreales) y muy bien actuada.

Destacan, en ese sentido, la ya veterana Piera Degli Esposti como una de las tías, y, por supuesto, el protagonista Sergio Castellitto, uno de los mejores actores del actual panorama italiano. Esta película es del 2002, y ya se lo venía venir. ¿Pero por qué, si es del 2002, se la estrena recién ahora? Simplemente, por el buen éxito de una posterior de Bellocchio, la imponente y dolorosa «Vincere». Ojalá vengan también otras suyas que acá nunca se estrenaron, como «Buongiorno, notte», sobre el asesinato de Aldo Moro a manos de terroristas, o la comedia «Il regista di matrimoni». O se recuperen sus viejos trabajos sobre la religión, el azar y la locura, eternas obsesiones suyas desde que, cuando niño, lo mandaron a estudiar a un colegio salesiano y no se ganó ninguna rifa.

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