14 de noviembre 2013 - 00:00

Otro Prometeo se desencadena

Para “Prometeo, tragedia de la escucha”, de Luigi Nono, los músicos también ocuparán una gran parte de los palcos en el Teatro Colón.
Para “Prometeo, tragedia de la escucha”, de Luigi Nono, los músicos también ocuparán una gran parte de los palcos en el Teatro Colón.
En calidad de estreno americano, el Teatro Colón presenta este fin de semana en el marco del ciclo Colón Contemporáneo "Prometeo, tragedia dell'ascolto" ("Prometeo, tragedia de la escucha") de Luigi Nono, para actores, solistas instrumentales y vocales, coro, orquesta y procesamiento en tiempo real.

La pieza, emblemática en la producción del compositor italiano, cuenta con un guión original de Massimo Cacciari sobre textos de Walter Benjamin ("Sobre el concepto de historia"), Esquilo ("Prometeo encadenado"), Eurípides ("Alcestis"), Goethe ("Prometeo"), Herodoto ("Historia" I, 32), Hesíodo ("Teogonía"), Friedrich Hölderlin ("Schicksalslied" y "Aquiles"), Pindaro ("Nemea", VI), Schoenberg ("La Ley" y "Moisés y Aaron") y Sófocles ("Edipo").

Habrá sólo dos funciones, el sábado a las 20:30 y el domingo a las 17, con la capacidad de la sala reducida a la platea por las características de la performance. El gran despliegue de fuerzas que la obra requiere incluye a la London Sinfonietta, la Orquesta Juvenil del Bicentenario, el Coro Diapasón Sur preparado por Mariano Moruja, un ensamble de solistas instrumentales y vocales, un grupo de sonido liderado por Michael Acker, Reinhold Braig y Joachim Haas, coordinación artística de André Richard y dos directores: Lucas Urdampilleta y el suizo Baldur Brönnimann, con quien dialogamos.

Periodista: ¿Es su primera aproximación como director a esta obra?

Baldur Brönnimann
: No, yo la había abordado hace diez años en Colonia y en Hamburgo pero como segundo director, cuando era estudiante. La obra me dejó ganas de volver a realizarla.

P.: ¿Cómo transcurre entonces este nuevo acercamiento?

B.B.:
La obra tiene la característica de que está todo manuscrito, se ven todas las correcciones de Nono, que a veces ni siquiera especificó los instrumentos sino que escribió los nombres de la gente que tocaba, algo como de tradición oral, y tuve que descifrarlo un poquito. Forma parte de esa estética, porque él no quería que uno pudiera sentarse y leerlo a primera vista sino que tuviera que trabajar un poco. Ahora que estoy diez años más viejo el contenido de la obra me parece muy especial y hay cosas que no había visto en su momento.

P.: ¿Por qué cree que Nono omitió esa especificación de los instrumentos? ¿Tal vez no imaginaba que la obra fuera interpretada después de su muerte?

B.B.:
Creo que le daba igual, él tachó algunas cosas y agregó otras, nunca se quedó conforme con el resultado.

P.: ¿De qué manera interpreta el subtítulo, "tragedia de la escucha"?

B.B.:
Nono era un compositor muy comprometido socialmente: venía de una familia rica pero era comunista y como tal muy consciente de la responsabilidad social de los artistas, pero más tarde en su vida se fijó más en cuestiones interiores, en el acto de escucharse, de escuchar cosas que no se escuchan tan fácilmente, y con esa obra ha querido ir a los orígenes de la música. La frase fundamental de la obra es de Walter Benjamin, que habla sobre la débil fuerza mesiánica que nos acompaña en la vida, y que es débil pero siempre está ahí. La idea está muy fuertemente plasmada en la obra, que tiene momentos de mucho "pianissimo" o "fortissimo", no hay términos medios, se da en los extremos de la escucha. Ese tema cobra importancia con la madurez.

P.: La obra está planteada sobre textos de muy distintos autores. ¿Cómo fue su trabajo con esos textos?

B.B.:
Nono tiene ideas fundamentales como el Génesis, el principio de los sonidos, y después los diversos grupos hacen comentarios sobre lo que se escucha, al modo de una tragedia griega. Los papeles de los cantantes y del coro también cambian un poco. Creo que el conjunto de los textos es disperso pero todo apunta al mismo sitio, que es el origen de las fuerzas que uno siente y que lo conectan con la experiencia vital. Es muy interesante en muchos aspectos. El útlimo movimiento dice que hay que resistir las fuerzas que nos quieren sacar del origen, y eso encierra un mensaje político.

P.: La puesta en espacio es compleja. ¿De qué manera la encara?

B.B.
: La idea es que el sonido no sea algo estático. El público está en la platea y los músicos están alrededor, en los palcos y en el escenario. Todos cantan y tocan por micrófono y el equipo de audio hace una transformación en vivo de todo eso, el sonido se mueve por la sala, algunos controlan los micrófonos de otros. La instalación es bastante complicada. El oyente por momentos no sabe qué sonido es ni de dónde viene. Cuando se la estrenó se construyó un edificio especial, una especie de nave de madera. Estoy muy conforme con el trabajo de los músicos. El coro es excelente, los solistas locales también, incluso aquellos para los que este lenguaje era nuevo. La idea, en el sentido de la obra, era combinar las fuerzas de afuera con las de aquí, porque hubiera sido muy fácil pensar en contratar una producción de afuera, pero siempre pensé que era mejor que algo quedara en el país. Los miembros de la Orquesta Juvenil del Bicentenario colaboran con los músicos de la London Sinfonietta, que ocupan los primeros atriles y les enseñan las particularidades de esta música. De esta manera ellos vuelven a sus provincias con ese bagaje y pueden contribuir a la difusión de esta música.

P.: ¿Cuáles son esas particularidades instrumentales?

B.B.:
La orquesta tiene muchos micro-intervalos: cuartos, octavos y dieciseisavos de tono, que son en realidad pequeños cambios de afinación. Los solistas instrumentales tienen multifónicos, aire con y sin tono, otras que no están muy especificadas. El sonido que uno produce se transforma en algo completamente distinto una vez transformado por la electrónica. Fue en su momento una obra que dejó una influencia muy grande. Hoy en día la gente va al cine y tiene el sonido "surround", pero en esa época muchos de los conceptos eran completamente nuevos.

P.: ¿Cómo imagina la recepción por parte del público local?

B.B.:
La obra funciona muy bien aquí porque en esta cultura hay un componente italiano muy fuerte, y la música de Nono es en definitiva italiana: tiene un lirismo y un mensaje humano muy potente. Tiene mucha tecnología, pero no al nivel de Stockhausen. Es una música muy directa, con mucho nervio y un contenido espiritual muy profundo.

Entrevista de Margarita Pollini

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