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Pappano sedujo al Teatro Colón
El director anglo-italiano Antonio Pappano protagonizó dos conciertos inolvidables al frente de la Orchestra dell’Accademia Nazionale di Santa Cecilia, en el Teatro Colón.
La primera y esperada visita de Antonio Pappano a Buenos Aires tuvo la mejor de las cartas de presentación: los dos conciertos que brindó para el Mozarteum Argentino al frente de la Orchestra dell'Accademia Nazionale di Santa Cecilia en el Colón comenzaron por oberturas de Verdi ("La forza del destino" en el programa del primer ciclo y "Luisa Miller" en el segundo). El director nacido en Londres de padres italianos es un músico completo, pero ha tenido en la ópera un campo fértil para el despliegue de su talento dramático.
Es precisamente esta cualidad dramática (o narrativa) lo que marca en Pappano un sello distintivo a la hora de subir al podio a abordar cualquier tipo de repertorio. Su lectura de las obras parece traer siempre una historia para contar, y su capacidad de transmitir y de plasmar estas ideas en sus músicos es infinita; cierto es también que tiene en la orquesta de Santa Cecilia un instrumento fabuloso con el que ha sabido establecer una comunicación fluida en cada gesto y cada mirada.
Beatrice Rana mostró dotes asombrosas en su ejecución del Concierto nº 1 de Tchaikovsky: fuerza, vitalidad, técnica sólida y concentración; sin embargo su despliegue pianístico no estuvo siempre en sintonía con el relato orquestal propuesto, y sus bises (un fragmento de la primera partita para teclado de Bach y una transcripción de "Widmung" de Schumann) la mostraron más pendiente de la técnica que del cuidado de los tempi y la claridad. Indudablemente el tiempo le dará a esta joven pianista italiana el bagaje expresivo acorde con sus condiciones.
Dos grandes sinfonías románticas completaron los programas: la Quinta de Tchaikovsky y la Tercera de Saint-Saëns, y en ambas la claridad de la visión de Pappano fue evidente. Respecto de la orquesta sólo cabría resaltar la suntuosidad del sonido de las cuerdas, la fineza de los solos de las maderas y del corno, el compromiso individual de cada músico y su capacidad de cantar con su instrumento en un "legato" infinito. En el segundo programa la actuación del organista Daniele Rossi estuvo en comunión con la excelencia del conjunto, y Pappano y la Santa Cecilia plasmaron de manera inmejorable los juegos tímbricos trazados por Saint-Saëns entre instrumento solista y orquesta.
También en los bises Pappano confirmó su talento dramático: en ambas noches la primera obra fuera de programa fue un fragmento meditativo ("Nimrod", de las "Variaciones Enigma" de Elgar el martes, y el intermezzo de "Manon Lescaut" de Puccini el miércoles) y la segunda una pieza llena de brío: los finales de la obertura de "Guillermo Tell" de Rossini y la "Danza de las horas" de "La Gioconda" de Ponchielli. Con ópera comenzó el programa y con ópera se despidió Pappano, después de haber llevado la sensibilidad del auditorio a los extremos de la expresión musical.


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