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PAUL CONNETT: “Ninguna gran ciudad logró la meta de basura cero”

Viernes: ¿Por qué descree de la incineración, incluso la que se presenta como sofisticada, como alternativa para los residuos?
Paul Connett: En primer lugar, porque no es una estrategia sustentable. Cada vez que se quema un producto hay que volver a fabricarlo. Eso requiere energía e implica contaminación. Además es una tecnología cara y destruye puestos de trabajo de los cartoneros. Si se recicla, se puede ahorrar cuatro veces más energía que la que se puede recuperar con un incinerador. Además, no es un reemplazo total para los rellenos. Por cada cuatro toneladas de residuos que se incineran se genera una tonelada de cenizas que tienen mercurio, plomo, cadmio, cromo y arsénico, además de dioxinas que se generan en el mismo proceso de combustión.
V.: ¿Eso tiene también un impacto en la salud?
P.C.: Un aspecto de especial preocupación a nivel sanitario es la emisión de nanopartículas, menores a un micrón, que son tan pequeñas que es difícil que puedan ser captadas por los filtros de los incineradores. Una vez liberadas, estas partículas ingresan en nuestro organismo a través de los pulmones y pasan fácilmente al torrente sanguíneo y a nuestros tejidos.
V.: Sin embargo, hay países europeos que incineran sus residuos, como por ejemplo Alemania.
P.C.: En Alemania, el 62 por ciento de los residuos se recuperan y no van a enterramiento. Sería interesante pensar qué hubiera pasado si hace 25 años, cuando decidieron instalar incineradores, hubieran adoptado una estrategia de basura cero. Quizás tendrían ya una reducción mayor de volumen. Lo mismo en Bélgica, donde se recupera el 75 por ciento y se quema un 25 por ciento de la basura. Aquí ustedes pueden darse el lujo de saber, en base a esas experiencias, que es posible reducir el enterramiento sin caer en la incineración, como hizo San Francisco, que redujo 80 por ciento los residuos que enterraba. En 1985 se intentó instalar allí un incinerador pero no se logró y eso permitió reducir el volumen que iba a rellenos.
V.: Entonces ¿esa sería para usted la alternativa al enterramiento?
P.C.: La solución es poner en marcha una estrategia de basura cero, que se basa en una serie de pasos. El primero es la separación en origen, que sólo requiere de nuestros diez dedos y es lo que produce la magia. Nuestras manos pueden, o producir basura mezclando los residuos que tiramos o facilitar un buen manejo separando los materiales. El segundo paso es la recolección diferenciada, clave para mantener los orgánicos separados del resto. Esto sirve para hacer compostaje y devolver ese material a la agricultura. En California hay 200 viñedos que utilizan compost de la planta que recibe residuos orgánicos de San Francisco.
V.: ¿Y una vez que se separan los orgánicos?
P.C.: Bueno, ahí ya es mucho más fácil separar el papel, el cartón, el vidrio, pues no están contaminados con orgánicos. Por eso, yo veo con muy buenos ojos el trabajo que se está haciendo en Buenos Aires de apoyar a los cartoneros, que son quienes hacen el trabajo sucio, peligroso y que merecen nuestro respeto y nuestro apoyo para que trabajen en las mejores condiciones. Los pasos siguientes son el reciclaje y la reparación para la reutilización de productos. Sólo con estos primeros pasos, San Francisco, con 850 mil habitantes, redujo en un 80 por ciento la basura que enterraba. En Italia, hay más de 200 municipios que lograron reducir más del 70 por ciento y en la región de Flandes, en Bélgica, con seis millones de habitantes, se redujo un 70 por ciento de lo que iba a rellenos.
V.: ¿La estrategia podría servir también en una ciudad como Buenos Aires?
P.C.: Buenos Aires es una ciudad enorme, pero una manera de avanzar sería utilizar el sistema de comunas. En cada comuna podría haber un centro de reutilización y reparación y descentralizar el manejo de residuos. Ahí se puede entrenar a la gente en la reparación de aparatos electrónicos o en la restauración de muebles, todas actividades que permiten generar puestos de trabajo.
V.: ¿Y cuáles son los pasos restantes para llegar a cero?
P.C.: Son iniciativas para reducir la generación de residuos. Por ejemplo, en Irlanda se puso un impuesto de 75 centavos por cada bolsa de plástico y se logró reducir en un año 92 por ciento su uso. Hay también incentivos económicos; uno interesante es el de cobrar sólo por la recolección de residuos no reciclables, y el resto -orgánicos y reciclables- se retiran gratis. También hay centros de investigación en los que se analizan los productos no reciclables que van a la basura. Allí deben participar diseñadores industriales y otros investigadores para estudiar la manera de rediseñar esos productos. Porque hay una diferencia fundamental entre los que están a favor de reciclar y los que creemos en una estrategia de basura cero. Lo que hacen los primeros es esconder lo no reciclable. En cambio, basura cero hace bien visibles esos materiales para aprender cuáles son nuestros errores como productores a la hora de diseñar y como sociedad al consumirlos.
V.: Pero ¿hay alguna ciudad del tamaño de Buenos Aires que haya logrado llegar a cero?
P.C.: No. Buenos Aires es una ciudad muy grande. Hay ciudades grandes que sí se han propuesto una estrategia de basura cero aunque no han llegado todavía, como el caso de Nápoles. Pero una ciudad grande no es más que la suma de pequeños barrios. Lo que yo planteo es que hay que descentralizar el manejo de residuos y abordarlo desde los barrios. De todos modos, la suya es una típica pregunta. Está el dilema de que la basura se ve desde dos perspectivas diferentes. Un funcionario puede verlo como el problema de miles de toneladas de basura diaria que se le vienen encima y que tiene que ubicar, y es ahí donde aparece la máquina mágica que resuelve el problema. Yo creo que hay que cambiar esa perspectiva. Yo veo el asunto desde mi casa, mirando mi tacho de basura. Lo que veo ahí es material orgánico, vidrio, papel, plástico, y desde esa perspectiva es fácil. Hay que separar los residuos, darles un destino feliz. Los primeros pasos para avanzar en esta estrategia son de sentido común.
V.: En Buenos Aires, el Gobierno pone como ejemplo los incineradores de Alemania...
P.C.: (El entrevistado se toma la cabeza) Alemania está teniendo que importar basura de otros países para alimentar sus incineradores. Lo mismo está haciendo Holanda, Suecia, Noruega. Todos construyeron incineradores apostando a que la gente no iba a reciclar y la gente empezó a hacerlo Ahora el problema es que necesitan abastecer a los incineradores y tienen que pagar para ello.
V.: ¿Y qué hacen con las cenizas los países que instalaron incineradores?
P.C.: Dinamarca las manda a Noruega. Cerca de Oslo hay una isla con arcilla. Allí hacen huecos y las entierran. Y paga para eso. Alemania, mete las cenizas en bolsas de nylon y las entierra en minas de sal inactivas. Estas minas no son muy estables, entonces apelan a los túneles que quedaron de cuando se extraía sal y los llenan con esas bolsas con cenizas para darle más estabilidad al terreno. En Holanda esas cenizas se colocan debajo del pavimento en las rutas. Las cenizas son el talón de Aquiles de la incineración. Las empresas que promueven el uso de estos incineradores no dicen mucho acerca de qué van a hacer con ese nuevo residuo. En Estados Unidos, yo he visto gigantescos rellenos para estas cenizas, o sea que no es una alternativa al relleno sanitario.
V.: Usted vive cerca de Nueva York. ¿Cómo se las arregla esa megaciudad con su basura?
P.C.: No muy bien. No tenemos un buen liderazgo (del alcalde Michael) Bloomberg. De hecho, se está hablando de instalar un incinerador. Hasta ahora no había. En 1985 se intentó instalar seis y no se logró gracias a la resistencia de la comunidad. La basura se exporta a Nueva Jersey y ahí se entierra. Ahora hay un nuevo director para el manejo de residuos y está en conversaciones con las autoridades de San Francisco para conocer un poco de la experiencia de ellos. En Estados Unidos hay enormes extensiones de tierra que pueden albergar rellenos, hay muchas empresas que ofrecen hacer la tarea a precios irrisorios y hay comunidades muy pobres dispuestas a recibirlos. Este es un grave problema que compite deslealmente con una estrategia sustentable.
BIO
ESTUDIOS: Graduado en la Universidad de Cambridge. Doctorado en Química por la Universidad de Dartmouth.
TRABAJO: Docente de la Universidad de St Lawrence en Cantón, Nueva York. Director del Proyecto de Estudios sobre la Salud Ambiental de Estados Unidos.


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