31 de octubre 2012 - 00:00

Pedro García: el siglo de un pionero

Fundada por Pedro García hace un siglo, por El Ateneo pasaron Borges, Bioy Casares, Sábato, Marechal, Victoria Ocampo y centenares de visitantes ilustres del exterior.
Fundada por Pedro García hace un siglo, por El Ateneo pasaron Borges, Bioy Casares, Sábato, Marechal, Victoria Ocampo y centenares de visitantes ilustres del exterior.
En 1912, hace un siglo, Pedro García, un inmigrante proveniente de Logroño, La Rioja española, se decidió a abrir en la calle Victoria (hoy Hipólito Yrigoyen) al 600, en lo que aún seguía siendo el centro de la ciudad, una librería a la que llamó «El Ateneo». Había tenido en cuenta como un modelo soñado la labor realizada en España por «El Ateneo de Madrid», institución liberal y progresista dedicada a la promoción de la cultura, la difusión de las ciencias y las letras. Ese fue el primer propósito que buscó alcanzar García con su librería, que se volvería tan emblemática de la Argentina como él mismo como profesional de los libros, llegando a ser considerado «el as de los libreros de América».

En 1917 trasladó su librería a la que había pasado a ser «la arteria porteña más transitada y elegante», la calle Florida. Allí en Florida 371 instaló su local central. Recién logró concretar el deseo de seguir avanzando en 1938, cuando consiguió trasladarse al suntuoso edificio art nouveau de Florida 340, que se convertirá con el paso del tiempo en un lugar histórico. No sólo por el criterio innovador del diseño librero, donde impuso la novedad de ofrecer en mesas las actualidades editoriales (algo que llevó al slogan «lo que está, está en El Ateneo»), sino porque por el salón del segundo piso pasaron numerosos escritores dando charlas, conferencias o participando de mesas redondas. Allí se pudo ver y escuchar a Jorge Luis Borges, Manuel Mujica Láinez, Eduardo Mallea, Horacio Quiroga, Victoria Ocampo, Conrado Nalé Roxlo, Julián Centeya, Leopoldo Marechal, Ezequiel Martínez Estada, Ernesto Sábato, Adolfo Bioy Casares, María Elena Walsh, entre muchos otros argentinos y otros tantos extranjeros que venían a presentar sus obras.

El impulso emprendedor y pionero de Pedro García no se detuvo sólo en instalar sucursales. Viendo desde el principio que había libros que no llegaban a la Argentina, comenzó a traer libros de Europa que él mismo iba a buscar, y luego a conseguir los derechos, traducirlos y editarlos. Su editorial marcó hitos porque su catálogo incluía títulos como la «Divina Comedia», «El Decamerón», los ensayos de Montaigne, una lista de textos selectos que iban de Shakespeare a Rubén Darío, y de Homero a Maquiavelo, y hasta una enciclopedia de sello propio.

Pero uno de sus mayores esfuerzos editoriales, uno de sus grandes desvelos García lo dedicó, tal vez por sus profundos fervores ideológicos republicanos y socialistas que impulsaban el «higienismo» para el cuidado de la salud, a la difusión de la ciencias médicas, y para eso tuvo como asesores y a la vez controladores de las obras que se publicaban, a dos prestigiosos médicos e investigadores, nada menos que los ganadores del Premio Nobel Bernardo Houssay y Luis Federico Leloir.

Su deseo de impulsar la lectura, y no sólo de vender libros, hizo que en 1968, planificara y lanzara la «Primavera de las Letras». Durante esas jornadas, una gran cantidad de escritores firmaba en la librería de la calle Florida ejemplares de sus libros, y eso favorecía el diálogo con los lectores. Ese acto fue la base que impulsó luego la creación de la hoy famosa Feria Internacional del Libro de la Ciudad de Buenos Aires.

Un hecho que puede considerarse «cinematográfico» ocurre con relación a otro pionero, uno de los primeros magnates de la industria del cine argentino, Max Glucksmann. Fue a él a quien García le compró la emblemática casa de la calle Florida donde hoy sigue estando El Ateneo. En 1998, cuando el Grupo Ilhsa, que decidido a pasar del mundo petrolero a la actividad cultural ya era dueño de la cadena de librerías Yenny, adquirió El Ateneo, tanto la librería como la editorial, tiene como una de sus metas convertir la sala del cine-teatro Grand Splendid de la avenida Santa Fe en una de las mejores librerías del mundo, descubre que el dueño era el mismo Max Glucksmann al que Pedro García le había comprado la casa de la calle Florida.

Cuando recientemente el diario inglés The Guardian eligió su Top Ten de las librerías del mundo, colocó a El Ateneo-Grand Splendid en el segundo lugar de las más bellas del planeta. Un siglo de un universo de libros que se mantiene y progresa resulta siempre admirable.

Máximo Soto

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