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Perú y sus otras joyas arqueológicas
El palacio de Nik An, en Cha Chan, data del siglo VII. Es un complejo con plazas ceremoniales, recintos y hasta una laguna interior.
El viaje puede empezar por el punto más septentrional del recorrido, Chiclayo, capital de la Región de Lambayeque, y punto de partida para visitar el Sitio Arqueológico Huaca Rajada donde se encuentra la tumba del Señor de Sipán, el mayor hallazgo arqueológico americano del siglo XX. A pocos minutos de andar hacia el este, atravesando las localidades azucareras del valle lambayecano, se llega a un antiguo centro ceremonial de la cultura mochica: dos pirámides de adobe en las que se hallaron varios enterramientos, uno de ellos intacto, perteneciente a un gobernante. A partir de este hallazgo se pudo reconstruir en su totalidad la cultura y cosmovisión del pueblo mochica que se desarrolló en el norte del Perú entre los siglos I y VI d.C. Aquí mismo puede apreciarse una sobrecogedora recreación de cómo fue encontrada la tumba y su ostentoso protocolo que incluía, además de ajuares y tesoros, una comitiva humana sacrificada para acompañar a su Señor en el paso al inframundo de los muertos.
También hay un pequeño museo donde el visitante se va preparando para lo que verá luego en la gran joya turística de Chiclayo: el Museo Tumbas Reales de Sipán. De arquitectura asombrosa, tres pisos y tecnología de vanguardia, este museo alberga los tesoros de incalculable valor rescatados de las tumbas de Huaca Rajada. Sala tras sala, el visitante no podrá evitar realizar un viaje en el tiempo al corazón de una cultura que adoraba a la luna, que desarrolló un refinado arte cerá- mico y metalúrgico y cuyos dioses eran mitad humanos y mitad animales.
Un poco más hacia el sur, en la Región La Libertad, encontramos la ciudad de barro de Chan Chan. Esta curiosidad arqueológica de la cultura chimú (es la ciudad de adobe más grande de Latinoamérica y segunda del mundo) está ubicada a 5 kilómetros de Trujillo, ciudad de la marinera y del caballo de paso. Chan Chan es, en realidad, un conjunto de nueve ciudadelas amuralladas que datan del siglo VII de nuestra era. Lo que el turista tiene la oportunidad de conocer allí es el palacio de Nik An, un complejo conformado por plazas ceremoniales; distintos recintos usados para acopio de alimentos o para reuniones de la élite gobernante; recintos funerarios y "guachaque", una laguna interior para la provisión de agua.
Estas ciudadelas tienen la particularidad de tener una sola entrada y recorrerlas implica perderse en un laberinto monocromático de altos muros e imaginar cómo se habrá desarrollado la vida en ese lugar desértico a orillas del Pacífico. Los muros de Nik An están decorados con bajorrelieves y altorrelieves que representan guerreros y animales en series idénticas e infinitas: se ven aves, olas, rombos (redes de pesca) y peces que miran hacia el sur y el norte, indicio que los investigadores toman para adjudicarle a esta cultura el conocimiento de las corrientes marinas de Humboldt y del Niño que confluyen en esa parte de la costa del Pacífico. Hacia el siglo XV, en su momento de esplendor y antes de que fuera arrasada por los incas, se estima que más de 60 mil personas vivían en Chan Chan. El complejo puede visitarse todo el año, pero si se quiere aprovechar mejor la visita conviene hacerlo en los meses de enero u octubre, cuando Trujillo celebra la fiesta de los caballos peruanos y en la ciudad confluyen los criadores de todo el país.
El último destino de esta ruta de tesoros arqueológicos es Huaraz, a unos 400 kilómetros al norte de Lima. Es una ciudad cordillerana de gran belleza paisajística y riqueza natural. Está ubicada a poco más de 3 mil metros de altura en lo que se conoce como Callejón del Huaylas, entre la Cordillera Blanca y la Cordillera Negra. Desde la ciudad se ven los picos nevados más elevados de Perú, destacando sobre todos el imponente Huascarán de 6.768 metros. Además de ser el destino predilecto de escaladores y aficionados al turismo de aventura, desde Huaraz se tiene acceso a una gran cantidad de sitios arqueológicos, como el de Chavín de Huántar, principal centro de desarrollo de la cultura chavín.
A diferencia de los dos anteriores, este centro religioso fue construido en piedra y ostenta una arquitectura más compleja rica en detalles ornamentales y simbólicos donde destacan las cabezas clavas. La construcción principal, de altos muros, tiene forma de pirámide trunca y la entrada es un pórtico de gruesas columnas talladas. Recorrer el interior resulta una experiencia sobrecogedora. A través de pasadizos y estrechas escaleras se accede a una red de túneles laberínticos que conducen a un recinto subterráneo ubicado en el centro del complejo. Allí hay un antiguo monolito de piedra tallada, de unos cinco metros, que representa una deidad con rasgos humanos y animales.
Se estima que esta deidad era venerada desde mucho antes que se construyera el templo chavín. Más allá de esto, que es el atractivo de mayor valor histórico y arqueológico del complejo, el sitio presenta otros aspectos de gran interés para el visitante que lo acercarán a esta cultura cuyo origen se remonta al 1.700 a.C. Por otra parte, el pueblo de Huántar representa un gran atractivo para el viajero. Es una localidad pequeña, de reminiscencia colonial y muy colorido.
Aquí podrá disfrutarse de la gastronomía tradicional de la zona y visitar un didáctico museo alusivo a la cultura chavín que alberga valiosos tesoros rescatados de las ruinas del sitio de chavín.


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