26 de noviembre 2009 - 00:00

“Planeta 51”: la Tierra ataca

Agradable comedia fantástica para chicos, que invierte el orden de las cosas: el alien es un humano.
Agradable comedia fantástica para chicos, que invierte el orden de las cosas: el alien es un humano.
«Planeta 51» («Planet 51», España, EE.UU., dobl. al esp.). Dir.: J. Blanco. Guión: J. Stillman. Animación. 

El anunciado ingreso del cine español en la gran animación hollywoodense (si por cine español puede entenderse la nacionalidad de su director e impulsor de la idea, todo el resto es norteamericano) se traduce en una película agradable, entretenida, y que logra lo fundamental: la conexión con su público. Los chicos la disfrutan, más allá de que como proyecto no busque originalidad ni se proponga, como a veces se le requiere a los debutantes, una revolución en las técnicas o en el relato de la animación. El dibujo es límpido y sencillo pero de una sencillez clásica, basada en un trabajo seguramente extenuante, con el que se ha suplido las más poderosas estructuras de monstruos como Pixar o Dreamworks.

El libro se apoya en una de las más típicas inversiones de la ciencia ficción y el cine fantástico: imaginar la mirada del marciano en relación al terrícola, claro que en clave de comedia. Ese mismo punto de partida permite, desde el inicio, presumir al adulto algunas situaciones muy anticipables, aunque para los más chicos serán puro deleite: por caso, en el Planeta 51 viven marcianos cuyo pasatiempo favorito es ver cine de ciencia ficción en el cual los aliens son, naturalmente, los humanos. También existe un laboratorio secreto en el cual se atesoran algunas pruebas de la existencia de vida «inteligente» integaláctica, como por ejemplo el atuendo de un astronauta soviético.

El libro elude limpiamente cualquier especie de humor político (que podría caber a la perfección) y limita sus «guiños» al adulto únicamente a través de las abundantes referencias a clásicos del cine, un tanto obvias es cierto pero que no molestan: el pentatono de «Encuentros cercanos del tercer tipo», el refugio del «alien» en la casa del protagonista al estilo «E.T.» la despedida de «Terminator» y, entre muchas otras, el baile de Gene Kelly en «Cantando bajo la lluvia» (siempre es bueno que los más chicos se inicien en el cine clásico a través de estos «guiños»).

Básicamente, la historia que cuenta «Planeta 51», cuyo mundo se parece tanto a Los Angeles, es la del «nerd» Lem, fanatizado por las películas e historietas sobre humanos invasores. Un día, durante un «barbecue» que preparan sus padres, aterriza uno de ellos, norteamericano por supuesto, el capitán Charles T. Baker, quien va a tener que contar con la ayuda del pequeño fan suyo para ponerse a salvo de todos quienes lo quieren atrapar, como un general proto-fascista (en todo el universo se cuecen botas) o un científico loco, desesperado por serrucharle el cerebro para estudiarlo (la escapatoria de Baker de la camilla, completamente desnudo, da lugar a uno de los mejores chiste del film). «Planeta 51», evidentemente, no es «Monsters vs. aliens» ni «Wall E», pero hay chicos que hasta salen más contentos.

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