Poco convincente drama de celos a la mexicana

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«Marea de arena» (México-Argentina, 2009, habl. en español). Guión y dir.: G. Montiel Pagés. Int.: D. Kuzniecka, E. Ferrer, D. Alcázar, J. Benedetto, F. Colombo.

Los mexicanos saben cultivar unos subgéneros de arquetipos muy marcados y malhumorados, de esos que más vale conocer en el cine que en la vida real. Gente obsesiva hasta la locura, por ejemplo, en historias de cabareteras y/o de amores que ya fueron pero siguen pegados, y pegándose a gusto, también, ya que estamos y a cierto público le gusta. El asunto suele transcurrir en los tugurios de la gran ciudad, pero a veces se potencia en los lugares más apartados, donde la naturaleza manifiesta lo árido y torturado del alma humana, de las malas relaciones entre los humanos que están dejando de serlo, y de la habilidad de los autores para hacer que el espectador sufra casi tanto como el protagonista.

Así es como en lejanos tiempos el Indio Emilio Fernández se vino hasta el fin del mundo, e hizo, en coproducción, «La Tierra del Fuego se apaga», con María Lynch en uno de sus clásicos personajes destructivos, un encanto de mujer inconveniente, fotografiada por el maestro Gabriel Figueroa en todo su malvado esplendor. Pocos años después, tras haber derrumbado un par de hombres más, la Lynch abandonó el cine y puso un negocio de cremas de belleza a base de pirañas en los EE.UU., pero ésa es otra historia. Vayamos a la que hoy nos compete.

Ahora es Gustavo Montiel Pagés quien viene hasta estas lejanas tierras, y filma en coproducción las costas pedregosas de Península Valdés, los caminos ripiosos, y la inmensa soledad de sus campos. También, fugazmente, alguna que otra ballena. Pero lo que más filma es gente flaca, amarga, que ni siquiera tiene el canto tristón de las ballenas, sino el reproche y el insulto de los buscapleitos, o, a lo sumo, la ironía descomprometida de los cínicos.

Eso es «Marea de arena», un auténtico drama de celos a la mexicana, ambientado en la costa patagónica. Un tipo separado llega al crimen vigilando a la ex, que es una resentida full time, cuya amiga tiene ganas de abrirse al público en un local nocturno clase Z (y tienta a la otra para trabajar a dúo), a lo que se agrega un par de malandras poco recomendables, una terapia naturista muy poco recomendable si no se cuenta con enfermeros de absoluta confianza, porque el asunto pone nervioso a cualquiera, y un niño. El separado y la ex se enfrentan por el niño, a ver quién lo quiere más, o quién se queda con él, que dista de ser lo mismo. Por suerte al final el chico queda vivo. También las ballenas. Del resto, no damos garantía.

Protagonista, Daniel Kuzniecka. Responsable, Montiel Pagés, productor de «Aro Tolbkhin, en la mente del asesino» y actor de «El cartero llama por última vez», que es más divertida.

P.S.

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