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Por qué Wall Street abandonó al presidente
Obama probablemente no habría dejado que lo llamaran «Fat Cat» (gato gordo), como se denomina a los banqueros de Wall Street. En una entrevista en televisión concedida meses después de su llegada al poder en 2009, aseguró que no había llegado al cargo para servir a ese sector. Y su política parece pasarle ahora factura, ya que Wall Street apoya en esta ocasión a su opositor, el candidato republicano Mitt Romney.
Obama era en 2008 el favorito de los banqueros, que esperaban, al igual que los ciudadanos, que sacara rápidamente al país de la crisis. La industria financiera se salvó del colapso tras el quiebre del banco de inversión Lehman Brothers gracias a la rápida actuación del Estado con ayudas públicas. Y los banqueros querían entonces que Obama siguiera mostrándose favorable a ellos.
Según el Center for Responsive Politics, Obama obtuvo en su primera campaña electoral 42 millones de dólares del sector financiero e inmobiliario. En comparación, su contrincante republicano de entonces, John McCain, sólo pudo embolsar 31 millones del sector. Sin embargo, la situación es hoy en día la contraria: Obama ha recaudado 17 millones de dólares, frente a los 48 millones de Romney.
Y es que muchos banqueros se sienten traicionados y vendidos por el presidente. «Simplemente existe esa sensación en la comunidad financiera y entre el empresariado de que ese tipo nos odia», cita la revista estadounidense The Atlantic a un inversor de Boston. Porque en los cuatro años de presidencia de Obama hubo mucha tensión, desencadenada por la reforma de los mercados financieros, la llamada Dodd-Frank Act.
Obama continuó el curso del Gobierno anterior de George W. Bush de apoyo a un tambaleante Wall Street. Pero la ayuda tuvo su precio: el presidente quiso contener a un sector incontenible. La reforma de los mercados financieros de Obama pretendía terminar con los movimientos especulativos de alto riesgo de la banca, posibilitar la liquidación sin riesgo de gigantes financieros cuya caída no comportara riesgos, frenar la ola de bonificaciones desenfrenadas a los directivos y dar más derecho de intervención a las autoridades de vigilancia.
Pero la reforma no contentó a todos: mientras muchos banqueros se quejaron de ser tutelados por el Gobierno, los críticos consideraban que la reforma no iba lo bastante lejos.
Ablande
«Dos años después, la Dodd-Frank gime desde el lecho de muerte», escribía Matt Taibbi, de la revista Rolling Stone. Los lobbystas y abogados de la industria financiera consiguieron ablandar la ley de forma de que su punto central ni siquiera está hoy en día en vigor: la llamada Volcker Rule, que pretende separar las actividades financieras especulativas de los bancos comerciales, al establecer una separación entre las funciones de los bancos comerciales y los bancos de inversión.
Se prevé que entre en vigor en 2014, pero no se sabe cuán de duras serán las limitaciones, ya que las autoridades regulatorias siguen debatiendo al respecto.
Y es que ése fue precisamente desde el principio el talón de Aquiles de la Dodd-Frank: el paquete legal ofrecía sólo un marco que debían precisar los vigilantes financieros y los diputados. Y con ello, Wall Street logró al final influir. Pero el hecho de que el sector financiero siga insatisfecho con los resultados, puede considerarse una prueba de que al menos la idea de base se mantiene.
Agencia DPA


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