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Posse, otra estrella K que huye de Kirchner
Gustavo Posse
En un solo movimiento, Posse concentró causa y consecuencia: visitó a Cobos para agradecerle en persona que, cuando San Isidro ardía tras el crimen del ingeniero Ricardo Barrenechea, fue el único funcionario nacional que levantó el teléfono para darle su apoyo.
El gesto dice más: el alcalde, de origen radical, interpretó el silencio de la Casa Rosada como la certificación, que antes palpó en ausencia de acciones que entendió como falta de respaldo, de que su ensamble político con los Kirchner carecía de equilibrio.
Ante los suyos, Posse machacó con un término: orfandad. «¿Qué proyecto conjunto es aquel donde, en medio de la crisis, nadie nos dio apoyo? Cuando necesité respaldo, nos dejaron huérfanos; quedamos a la buena de Dios», se confesó entre leales.
Diálogo entrecortado
«El único que nos llamó fue Cobos», precisó. En realidad, desde hacía varios meses, Posse mantenía un diálogo entrecortado con Kirchner a pesar de que el patagónico lo concibió, en su esquema concertador, como una figura clave, y no sólo por su condición de radical K.
Hasta ahora, Cobos se cuidó de no expresar en público su disidencia que, recuerdan a su lado, se remonta a principios de año, antes de que estalle el conflicto del campo. La última charla, mano a mano, en Olivos, con Kirchner fue a fines de febrero pasado.
El distanciamiento no excluye, sin embargo, que Posse haya participado de los shows cristinistas como el anuncio de un plan anticrisis y, esta misma semana, de la presentación del megaplán de obra pública. Pero faltó, en cambio, al acto de la Concertación en La Plata.
Entre los motivos más previsibles, Posse dejó trascender que cuando Kirchner se volcó al PJ enterró la mixtura que, en octubre de 2007, llevó a Cristina de Kirchner a la Presidencia. Esa pejotización fue, para el radical, una decepción.
Pero el episodio del asesinato del ingeniero Barrenechea en un asalto en el domicilio de San Isidro, y lo que siguió al caso, fue lo que terminó de romper la sintonía. Posse se sintió solo, sin respaldo, padeció el retiro de efectivos de Gendarmería y hasta detectó, según cuentan a su lado, un operativo de «los medios oficiales» en su contra.
«¿Todo ocurre en San Isidro? ¿En Tigre no matan gente? ¿O será que nada se dice porque Massa es de ahí? Que blanqueen las estadísticas oficiales de inseguridad», dijo durante una charla con un reducido grupo de colaboradores de su más extrema fidelidad.
Así y todo, Posse tira ráfagas selectivas: además del concepto global de la Concertación enfocó sus cuestionamientos sobre el área de seguridad que depende de Aníbal Fernández. Y, en el barrido, alcanzó a Daniel Scioli con quien no cruzó palabra en los últimos tiempos.
De todos modos, el alcalde -que se guarda sus impresiones para el análisis privado- evitará pararse abiertamente enfrente del Gobierno. «En lo positivo lo vamos a acompañar», adoctrinó a los suyos. Éstos, entre ellos Norberto Erro, votaron en línea con el FpV.
¿Para el futuro contempla Posse, como parte de un armado vecinalista, la posibilidad de volver a integrarse al dispositivo K? Es una posibilidad sino imposible, al menos muy lejana.
La premisa que transmite a sus laderos es que, todavía, la legislativa está a «un siglo» aunque los contactos con Cobos y la decisión del vice de animar un armado electoral en 2009 abren la posibilidad de una confluencia con el cobismo y otros sectores de la UCR.


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