Precios suben por costos y ya no más por demanda

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Ni la fuerte caída del consumo registrada en enero ni el bajón de la producción industrial o la disminución en los precios internacionales de alimentos y del petróleo consiguieron moderar en el arranque de 2009 la suba de la inflación (la real, que superó el 1,5% en enero, en contraste con el dato difundido ayer por el INDEC). Lo que la sigue impulsando no es ya producto de la demanda recalentada, como sucedió en 2007 y en la primera parte de 2008, sino un fenómeno muy distinto.
En realidad, el público se enfrentó en el inicio del año con fuertes aumentos en las tarifas de los servicios públicos, como transporte, luz, gas y peajes. Se suman a otros incrementos en actividades no reguladas, desde televisión por cable hasta colegios privados o el que se viene en medicina prepaga.
La necesidad de ajustar las tarifas de los servicios públicos va de la mano de la imposibilidad de seguir sosteniendo un esquema de subsidios que ya se había transformado en una bola de nieve. Con recaudación en baja, no quedaba margen para mantener semejante gasto.
Pero si bien fueron aumentos puntuales, que impactan de lleno en un solo mes (enero), lo más probable es que semejantes ajustes se trasladen parcialmente a otros servicios, por ejemplo, las expensas. Y le agregan presión a la negociación salarial, ya que el costo de transporte se multiplicó para millones de argentinos que precisan dos o tres viajes por día para llegar a su lugar de trabajo.
Por eso, aunque aún subsiste cierto componente inercial, ya no es la demanda la que impulsa a los precios, sino un aumento de tarifas que esconde, en realidad, un impuestazo. Prueba de ello es que el adicional que ya comenzaron a pagar los consumidores no irá a las empresas, sino que tendrá como destino directamente las arcas oficiales.
Éste es el motivo principal que mantendrá a la inflación real en dos dígitos durante 2009. Para el INDEC, esto sucedió hace mucho y no se descarta que la inflación de febrero arroje un valor cercano a cero. Las bajas estacionales en turismo e indumentaria, sumadas a cierta estabilidad en los precios de los alimentos, permitirían «dibujar» esta cifra. Por supuesto, volverá a minimizarse la suba de rubros con fuerte impacto en los bolsillos de la gente, aunque ya no son reflejados por el organismo.
La inflación de 2002 fue generada por el reacomodamiento de los precios relativos (bienes transables) luego de la devaluación y el consiguiente salto del dólar de $ 1 a más de $ 3,60. A partir de 2004, y con más fuerza en 2005 y 2006, comenzaron a recuperar los servicios, de la mano del mejor clima económico. Ya en 2007, la aceleración inflacionaria se produjo ante un aumento excesivo de la demanda y un gasto público desbordado. Ahora se abrió una nueva etapa, ya no tan dramática, aunque tasas de dos dígitos generan aún un fuerte contraste en un contexto de marcada deflación mundial.

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