4 de noviembre 2015 - 00:00

Prokofiev y el terror en escena

Florencia Sanguinetti: “Me siento muy afortunada de que haya sido éste el título con el que debuto en el Colón.”
Florencia Sanguinetti: “Me siento muy afortunada de que haya sido éste el título con el que debuto en el Colón.”
La anteúltima producción de la temporada lírica 2015 del Teatro Colón es "El ángel de fuego", la ópera de Sergei Prokofiev sobre la novela de Valery Briúsov. Con puesta en escena de Florencia Sanguinetti y dirección musical de Ira Levin, la obra subió a escena anoche, con más funciones el viernes, domingo 8 y martes 10. El elenco está encabezado por Elena Popovskaya como Renata, Vladimir Bykov como Ruprecht, Roman Sadnik como Agrippa von Nettelsheim/Mefistófeles e Iván García y Cristian de Marco alternándose como El Inquisidor. Participan el Coro Estable preparado por Miguel Martínez y la Orquesta Estable del Teatro Colón. Dialogamos con Sanguinetti:

Periodista: ¿Qué aspectos de esta ópera la atrajeron desde el inicio?

Florencia Sanguinetti:
Por lo pronto la música. Esta ópera me enamoró desde la primera escucha y empecé a sentir su potencial dramático. Lo que más me atrajo fueron los intermezzos musicales, porque Prokofiev los introdujo para avanzar dramáticamente con la historia. En ellos hay mucha carga teatral. Y luego la novela, que es uno de los mejores libros que yo haya leído en mi vida. Me gusta el simbolismo como movimiento artístico. Me siento muy afortunada de que haya sido éste el título con el que debuto en el Colón.

P.: ¿Qué dificultades tiene en lo teatral y en los demás aspectos?

F.S.:
Desde lo musical las dificultades son vocales, es muy exigente para la soprano, se compara con el papel de Elektra por su exigencia y su presencia en escena, que es constante, y con una orquesta de mucho volumen; hay dificultades de balance entre la orquesta y el escenario. El ruso, que es un idioma difícil para nosotros; para mí fue una dificultad al estudiar la obra, traducirla, trabajamos con un traductor, que además es músico, desde hace un año, y que hizo de intérprete en los ensayos para cuestiones específicas. Para dirigir una ópera hay que conocerla de memoria, no hay otra forma, y obviamente el texto en ruso nunca se aprende de memoria; de todas maneras llegué a poder casi cantarla, por lo menos en lo que necesité para dirigirla. Y algo que no sé si es una dificultad, pero sí un desafío, es que al tratarse de una ópera con una temática poco común en el repertorio, que es el terror, exige la utilización de una cantidad de recursos a los que el teatro lírico no está habituado.

P.: ¿Como cuáles?

F.S.:
Efectos especiales, que son más del ambiente del cine o la televisión, y de caracterización, efectos de cierto realismo que hubo que llevar a cabo, y que para los talleres del Colón fueron una novedad, y que por suerte les han provocado entusiasmo. Esperemos que resulten bien.

P.: Usted trabaja hace mucho en el Colón como asistente. ¿Siente que el hecho de ser "de la casa" le facilitó la tarea en esta producción en la conexión con el personal escenotécnico?

F.S.:
Sin dudas. Es como cocinar en la cocina de uno o la de un restaurant que uno no conoce: en la cocina de uno, uno conoce los tiempos, los caracteres, a quién pedirle las cosas y en qué momento, cómo ganar tiempo, cómo anticiparse a los problemas, sin escaparle a un cronograma ajustadísimo, como les pasa a todos los directores, pero por ejemplo pude tener la escenografía completa en la sala de ensayo, no tuve que esperar a subir al escenario para ver el piso, que es totalmente irregular. La buena relación que tengo con Ira Levin también facilitó las cosas, hemos intercambiado material y compartido conceptos y objetivos sobre esta ópera, en especial sobre el personaje de Renata, que tiene la dificultad de no tener evolución, durante toda la ópera está en un estado de crisis extrema. Hay que encontrarle los matices para que pase por distintos estados anímicos, porque si no es una persona gritando todo el tiempo. Junto con la protagonista y Levin fuimos trabajando en eso.

P.: ¿Desde dónde está encarada su puesta?

F.S.:
Me siento cómoda con este lenguaje, he optado por trabajar con recursos visuales, en coincidencia con los objetivos de los simbolistas, en el sentido de utilizar imágenes que produzcan estados de ánimo en el espectador o el lector. Las imágenes buscan producir angustia, incertidumbre, desconcierto; aparecen elementos incongruentes, personajes misteriosos que producen confusión, me interesa la ambigüedad de la obra, que permita tener múltiples interpretaciones. Después de haber hecho mi puesta, y no antes, vi otras en las que se decreta que Renata es una enferma mental, entonces está todo ambientado en un psiquiátrico, o se decide que el diablo existe y es un bailarín que le hace cosas. A mí eso no me interesa, porque achata y empobrece una obra riquísima justamente por todas las lecturas que ofrece. Quiero que el espectador tenga la misma posibilidad que tuve yo cuando leí el libro por primera vez: confundirme página a página y entrar cada vez más en una mezcla de fascinación y confusión.

Entrevista de Margarita Pollini

Dejá tu comentario