Néstor Kirchner se lo anticipó a Dalmacio Mera: el patagónico y el joven catamarqueño compartían banca en Diputados en 2010 cuando el ahora vicegobernador le contó su obsesión para que Felipe Varela, caudillo de su provincia, sea ascendido a general.
Dos años después, Cristina de Kirchner pisará esta tarde Catamarca para ejecutar aquella promesa. Un 4 de junio, a 142 años de la muerte en Chile de quien es considerado el «último caudillo». El revisionismo de los 60 lo encontró; ahora lo rescata el revisionismo K.
La Presidente exploró ese territorio cuando elevó al grado de generala a Juana Azurduy. Varela, también apodado «El quijote de los Andes», entrará hoy en esa galería.
Años atrás, el Senado catamarqueño aprobó varias leyes con ese objetivo pero el Ejército denegó el pedido con el argumento de que la elevación post mórtem sólo se aplica en casos de «muertos en combate». No es el caso de Varela, que murió exiliado en Tierra Amarilla, Chile.
El antecedente de Azurduy, decreto presidencial mediante, subsana el protocolo y hoy, según se adelantó desde el Gobierno, se elevará a Varela de coronel a general, aunque combatió en el Ejército regular desafiando al Ejército «oficial» mitrista.
El caudillo nacido en Huaycama, Valle Viejo, zona cercana a la capital catamar-queña, será, además, el primer caudillo «reivindicado» tras la creación del Instituto de Revisionismo Histórico que preside Mario «Pacho» ODonnell que el jue-ves pasado se reunió con la Presidente.
Tironeado entre detractores y defensores, Varela presenta algunos condimentos que pueden alimentar el relato kirchnerista:
Quienes lo vindican sostienen que por enfrentarse a Bartolomé Mitre -se opuso a la Guerra de la Triple Alianza-, Varela fue «excluido» de la historiografía oficial y de las crónicas de la época. Atribuyen a esa mirada «liberal» la razón de que haya pesado sobre Varela el concepto de «violento y sanguinario». «La zamba de Vargas», que relata su derrota final antes del exilio, lo refleja con esa impronta al igual que «La Felipe Varela». Otras zambas, décadas después, lo reivindican. Ese duelo de guitarras y tonadas antecedió, incluso, la disputa académica.
El kirchnerismo enfocó con aquel criterio La Vuelta de Obligado. En la misma sintonía operará el caso de Varela, según trascendió en Gobierno, en particular porque el caudillo de Catamarca -que antes luchó bajo las órdenes de «Chacho» Peñaloza- tenía un rasgo americanista, razón por la cual se opuso a la guerra contra el Paraguay, con un contundente concepto federal que expresó en dos escritos: su Manifiesto y La Proclama.
Reencontrado por los historiadores revisionistas de los 60, Varela fue repatriado en 1974 por el entonces gobernador peronista de Catamarca, Hugo Mott, que construyó un monumento a Varela en La Chacarita, una zona de la capital provincial. Las crónicas cuentan que la repatriación fue simbólica porque un alud arrasó el cementerio donde había sido sepultado y en su lugar se trajo tierra de ese sitio. De todos modos, cuentan en Catamarca, el valor emblemático fue que «volvió» a su tierra.
Este atardecer, Cristina encabezará en Catamarca el acto de «elevación de grado» del «último caudillo» federal junto con tres gobernadores: la local, Lucía Corpacci, además del riojano, Luis Beder Herrera, y el salteño, Juan Manuel Urtubey, primo de Mera, actual vicegobernador y quien años atrás, como senador provincial, patroci-nó los proyectos para darle el rango de general post mórtem a Varela, muerto el 4 de junio de 1870, hace -hoy- 142 años.
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