Un caso que sienta precedente actual y que bien podría tener una explicación para el éxito: “Acá no hay grieta política”, asegura el presidente, César Mansilla.
La cancha de fútbol es un cuadro en movimiento. Un tipo de arte atemporal. A veces surrealista, otras impresionista y, a juzgar por algunas camisetas, también del palo del pop. Es lunes, el sol de las tres pega en el lomo de los presentes y marca las nueve en las gradas. En esas sombras que también miran. El reloj se derrite. Pero hoy no juega ningún Dalí. Eso sí, hay magos que hacen que los días tengan 30 horas. Que reparten su vida entre la familia, el trabajo y el entrenamiento duro. Pibes con hambre de gol. Que todavía llevan encima los sueños de otros, que también son los propios, y que tienen una ecuación bien simple cada vez que se ponen la camiseta: jugar, ganar, sonreír.
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Los números finales son contundentes. Mil personas se acercaron para ver un partido de fútbol de Primera D en un día de semana. No es habitual. Y en el club lo saben. El Real Pilar se convirtió en la nueva sensación de la zona. Pero acá, y por el momento, poco tienen que ver los resultados. El hecho de participar ya es un acto de orgullo para cientos de vecinos que se juntaron para darle vida a un sueño. Uno de esos que pesan. Que sientan precedente y que llaman la atención.
Luego de 40 años, la AFA decidió afiliar al torneo de Primera D a un nuevo club. Algo que no sucedía desde 1977 cuando ingresaron Deportivo Laferrere, Claypole, San Miguel, Argentino de Merlo y Defensa y Justicia. El presidente César Mansilla es claro a la hora de despejar dudas. "Fue algo que buscamos durante 15 años. Lo habíamos obtenido en los 60, pero Atlético de Pilar dejó de participar en el 80 y el municipio se quedó sin un club afiliado. Por suerte, hicimos todo lo necesario para poder formar parte y gracias al aporte de los socios, de los 16 clubes de la liga local y de los clubes intercountries conseguimos las notas necesarias para estar".
El Real Pilar hace de local en el Carlos Barraza, un estadio que tiene capacidad para diez mil personas, y entrena en Quantum, un predio deportivo ubicado en el Campus que la Universidad Austral posee en Derqui. El complejo tiene 16 hectáreas parquizadas con modernas instalaciones y salas múltiples y seis canchas de fútbol 11 con césped natural, además de gimnasio y centro médico. Una comodidad que no tiene ningún equipo de la divisional. "Nos sostenemos con algunos sponsores y ya tenemos más de 2.000 socios que pagan una cuota mensual. A esto les sumamos a 300 socios fundadores que pagan una cuota mensual más alta", agrega Mansilla, quien lleva varios años en el mundo del fútbol. Primero como vicepresidente de Central Córdoba de Rosario, club del que es hincha, y otros tantos en Fénix, equipo al que logró llevar a Pilar y como presidente de la comisión de fútbol lo depositó en Primera B luego de largos años en la D -con pérdida de afiliación incluida-. Además, Mansilla tiene una consultora que trabajó con la campaña de Rodolfo D'Onofrio, el ahora presidente de River.
El partido terminó 1 a 1. Pese a que Real Pilar hizo todo para ganarlo en condición de local, Atlas -el otro equipo con poder económico de la divisional- terminó llevándose un premio. El resultado vale. En este momento el club lleva dos ganados y dos empatados en siete fechas. El desafío deportivo es grande. El entrenador, Beto Romano -un experimentado de la categoría-, se animó a formar un equipo de cero y presentó su proyecto con un claro objetivo. "Siempre que entro a un club es para pelear arriba. Esta no es la excepción. Queremos ser protagonistas. Es un gran desafío", asegura.
Claro que a la hora de salir a entrenar, las diferencias con otras categorías son abismales ya que la divisional no es profesional y, por ende, los jugadores no perciben un sueldo, sino los famosos viáticos con los que algunos recorren hasta 60 kilómetros para poder ir a entrenar por la mañana antes de volver a la otra realidad. "Hay chicos que estudian, trabajan, tienen su familia y vienen a entrenar. Pero yo no hago diferencias. Los horarios son los mismos para todos. De 8.30 a 11.30, se entrena", sentencia Romano.
El Facha Pastrana, goleador y referente del equipo, trabaja con el viejo en una fábrica familiar desde el mediodía hasta las 19.30. Vive en Hurlingham y para ir a entrenar se toma un colectivo y un tren. El Facha tiene un sueño semanal: meter un gol y ganar. A los 32 es uno de los encargados de transmitirle su experiencia a la mayoría de jóvenes que integran el plantel. "Es una sensación linda. Pero al final del día hay que pagar el alquiler", asegura el jugador, quien dice no llevar contados los goles pero que supera los cien en su carrera. "Trato de mejorar todos los días para poder disfrutar esto al máximo y hasta cuando pueda. Siempre pienso en dejar pero luego me terminan llamando. Mi mujer es mi hincha número uno, la que me pide que siga. La verdad es que me dan ganas de quedarme acá por cómo se están haciendo las cosas".
Y para cerrar la idea, el presidente de la institución, César Mansilla, asegura que todos los actores políticos de Pilar le están dando una mano al club. El intendente Nicolás Ducoté -de Cambiemos-, el diputado provincial Jorge D'Onofrio -del Frente Renovador- y la gente del PJ. "Tenemos buena relación con todos. Acá no hay grieta política".
Real Pilar consiguió lo que en su momento intentó, y no pudo lograr, Hugo Moyano con su club Camioneros, el equipo que ahora milita en el Argentino B. Real Pilar va por más. Lo quieren los socios, los jugadores, el técnico, el presidente y todo el municipio. "El año que viene me veo en la C", finaliza Mansilla. Habrá que ver cómo se van dando los resultados de cara a un sueño que recién se pone en funcionamiento.
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