4 de septiembre 2013 - 00:00

“Realicé una investigación periodística 200 años después”

Vargas Linares: “Si se los viera desde las tragedias de Shakespeare, Bolívar fue hasta poco antes de morir un muchacho impertinente, convencido de que era capaz de todo, y la caída por tanto fue muchísimo más dura para él. San Martín estaba curado de espanto”.
Vargas Linares: “Si se los viera desde las tragedias de Shakespeare, Bolívar fue hasta poco antes de morir un muchacho impertinente, convencido de que era capaz de todo, y la caída por tanto fue muchísimo más dura para él. San Martín estaba curado de espanto”.
El enigmático encuentro de los máximos libertadores de América Latina en Guayaquil, llevó a innumerables páginas que intentan descifrar esa secreta cumbre que hizo que San Martín delegara en Bolívar la conducción de la lucha independentísta. El escritor colombiano Mauricio Vargas Linares revela en la novela "Ahí le dejo la gloria", que publicó Planeta, cómo fueron las 7 horas del encuentro, que buscaban realizar, qué significó ese diálogo para los involucrados y para el destino del continente sudamericano. Vargas Linares ha sido jefe de Redacción y director de la revista "Semana", y la revista "Cambio". Durante el gobierno de César Caviria fue Consejero de Comunicaciones.Ha publicado los ensayos "Memorias secretas del Revolcón", "El presidente que se iba a caer" y "Tristes tigres", y las novelas "La pesca del delfín" y "La última vida del gato". Con "El mariscal que vivió de prisa" inició un ciclo de novelas históricas. En su visita a Buenos Aires dialogamos con él.

Periodista: ¿Cómo llega a dedicarse a investigar el enigmático encuentro entre San Martín y Bolívar en Guayaquil?

Mauricio Vargas Linares:
Empecé hace años escribiendo libros en torno a mi trabajo periodístico. Novelas que ocurrían en la actualidad, relacionadas con los temas periodísticos que había trabajado. Hace ya varios años di un giro hacia la novela histórica por el interés que tenía por el mariscal Antonio José de Sucre. Había leído mucho sobre él y pensé que toda esa información podía terminar en una novela, que se iba a llamar "El Mariscal que vivió de prisa". En esa novela, de modo inevitable, llegué a Guayaquil con Sucre y sus tropas en 1820, y me interesé mucho por, como nos enseñaron en el colegio, "la famosa entrevista", "la primera cumbre". Pero no podía trabajar eso en una novela sobre el Mariscal, porque él no es protagonista de ese encuentro. Tenía mucha información pero no era para esa novela. La única ocasión en que los dos latinoamericanos más grandes de toda la historia se encuentran merecía un trato especial. Me dejé llevar al principio por "el gran misterio", por "nadie sabe qué ocurrió. Mi primera gran sorpresa, cuando empecé a trabajar, fue que la entrevista era perfectamente reconstruible en base de lo que tanto San Martín como Bolívar dejaron por escrito sobre lo ocurrido. Bolívar, a las pocas horas de que San Martín parte, deja una agenda muy completa de cómo fue la reunión, hace un informe para el gobierno en Bogotá, escribe cartas en las que cuenta lo que ha pasado. Un enorme detalle, con frases incluso textuales. Y San Martín, años después, empieza a contestar inquietudes de amigos, de historiadores, que le preguntan por lo ocurrido en ese encuentro. Recogí todo eso y luego de unos 10 meses de trabajo me dije: tengo lo que se buscaba, la entrevista. Había hecho una investigación periodística 200 años después.

P.: ¿Contar ese encuentro le llevó 360 páginas?

M.V.L.:
No, el tema no era saber quiénes eran esos hombres, ni de qué hablaron, sino por qué se dijeron lo qué se dijeron. La novela tiene 13 capítulos, y en los capítulos 11 y 12 se dice cómo cada uno de ellos recuerda aquel encuentro.

P.: ¿Allí usted logra revelar el famoso secreto de lo hablado?

M.V.L.:
La clave de la entrevista de Guayaquil es el encuentro entre un iluso, que no sabía, y un desilusionado, que sabía. Bolívar es el iluso, el héroe romántico en pleno ascenso a la gloria. San Martín el que veía las cosas en su realidad, acaso porque es el desilusionado el que sabe, y el iluso sueña. San Martín trató de advertir a Bolívar que la gloria es traicionera, y Bolívar no lo quiso oír. Le dijo: "ahí le dejo la gloria, pero no se la crea, porque no vale nada". Es que San Martín ya lo había ganado todo, ya lo habían traicionado sus oficiales, ya había vivido las conspiraciones en Lima, y puede mirar la gloria por encima del hombro. Los dos terminarán pensando que estas tierras eran muy jóvenes para lo que pretendían de ellas.

P.: Usted ve a San Martín como el perdedor en aquella cumbre.

M.V.L.:
El ganador político y militar es obviamente Bolívar. Pero el ganador humano, existencial, dramático es San Martín. Es el que tiene la razón. Es el que se retira amargado, pero vive hasta los 70 años. Fue el único libertador que murió de viejo porque se fue a Europa, donde lo iban a visitar como un oráculo. Bolívar muere 8 años después de aquella entrevista.Se trata de dos personajes trágicos que enfrentan conflictos que ya habían señalado los clásicos griegos, entre el hombre y el poder, entre la razón del Estado y la razón del individuo. Si se los viera desde las tragedias de Shakespeare, Bolívar fue hasta poco antes de morir un muchacho impertinente, impenitente, convencido de que era capaz de todo, y la caída por tanto fue muchísimo más dura para él. San Martín estaba curado de espanto. Había peleado 20 años en Europa, había ido de cadete a teniente coronel, había combatido en el norte de África, en los Pirineos, en toda España, en Francia, en Portugal, había pasado revista a las tropas de Napoleón en Marsella. Mi novela arranca con San Martín recordando que él es el anciano de la tribu, el que no quiere que le manchen su gran legado, su honra. El sabe que la gloria se conquista en las batallas, y se pierde en el ejercicio del poder.

P.: ¿No hubo detrás de las palabras de Bolívar y San Martín en aquella reunión secreta dos posiciones políticas diferentes?

M.V.L.:
Cuando se encuentran en Guayaquil, San Martín es un monárquico constitucional, es un general español formado por oficiales liberales, que han luchado porque la monarquía española pase del absolutismo al constitucionalismo. Esto ya lo señaló Sarmiento. Bolívar es un hombre formado por Simón Rodríguez en lo libertario, en lo republicano. Ese es el Bolívar que la izquierda reivindica, pero ¿qué pasa con el Bolívar de los últimos años, el dictador del Perú y de Colombia? En Colombia ese Bolívar es el padre del partido Conservador, de la derecha.

P.: El problema no es que haya sido una celada en la que cayó San Martín, ni la orden de una logia masónica, como anotó Borges, sino según usted un problema de las fuerzas militares que respaldaban a cada uno y la capacidad para independizar definitivamente al Perú.

M.V.L.:
Gran parte de los peruanos no querían la independencia, y eso lo sabían bien los dos libertadores. Estaban convencidos de que mientras el oro de la sierra peruana y la plata del Alto Perú estuvieran en manos españolas, la independencia era un cuento, porque allí estaba la caja de la Corona española. Había cuestiones materiales y de número que iban más allá de la mera voluntad. Tenían que resolver el tema del dominio español en el Perú o la independencia de los otros países era prestada. Por eso se ponen de acuerdo por garantizar la independencia del Perú. Tenían el sueño de una gran América por encima de las cordilleras. Pero por detrás había caciques locales mezquinos que preferían ser cabeza de ratón y no cola de león. Y así fue como los dos grandes leones, San Martín y Bolívar, terminaron devorados por la multitud de ratones que balcanizaron el sueño de la América Grande.

P.: Usted dice que "Ahí le dejo la gloria" es un libro sobre San Martín, ¿su ´próxima novela será entonces sobre Bolívar?

M.V.L.:
Es el libro que tengo pendiente, y que cerraría una especie de trilogía. Lo he estado rondando a través de su niño mimado, Sucre, y ahora de su émulo, el único con el cual se podía mirar cara a cara desde el mismo estadio de grandeza. Me llegó la hora de hablar de Bolívar, y es posible que me termine entusiasmando con el atentado que sufre cuando comienza a convertirse en dictador, cuando lo acusan de déspota, cuando se llena de enemigos, está rodeado de intrigas y traiciones.

P.: ¿Que hizo que surgiera una literatura colombiana tan variada y diferente después de Gabriel García Márquez?

M.V.L.:
Hubo una generación que quedó bajo las sombra la figura poderosa de Gabo. Luego, aquella a la que pertenezco, ni pelear con Gabo ni ser como Gabo. Gabo es Gabo, y punto. Es el mejor, de muy lejos. Yo he tenido la fortuna de conocerlo desde niño porque mi padre fue compañero de él en la Cueva de Barranquilla. Y fuimos socios con Gabo y otros periodistas en la revista "Cambio", que fue mi última aventura periodística, la dirigí varios años. De ahí fue que me pasé a la novela y luego a la novela histórica, y a esa parte de la Historia que me gusta en especial, la de nuestra Independencia.

Entrevista de Máximo Soto

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