27 de febrero 2012 - 00:00

Recordando a Spinetta con emoción y buenos propósitos

Litto Nebbia, uno de los músicos que participaron del show en homenaje a Spinetta y a beneficio del hospital Garrahan cuya multitudinaria convocatoria obligó a realizar otro la misma noche.
Litto Nebbia, uno de los músicos que participaron del show en homenaje a Spinetta y a beneficio del hospital Garrahan cuya multitudinaria convocatoria obligó a realizar otro la misma noche.
«Alma de diamante». Homenaje a Luis Alberto Spinetta a beneficio de la Fundación Garrahan. García-Camisani-Ferrón-Figueras, F. Luciani y grupo, J.C. Fontanal. A. Corvalán, E. Del Guercio y L. Nebbia. (La Perla, 24 de febrero).

No deberían pensarse estos dos conciertos de homenaje a Spinetta del pasado viernes en el bar La Perla como cualquiera de los tantos que ocurren a diario en una ciudad culturalmente con tanta sobreoferta como Buenos Aires. Aquí se sumó un boliche simbólico del mundo del rock (más allá de su reformulada arquitectura y su decoración actual), un baterista (ex Almendra y ex Aquellarre, entre otros) como Rodolfo García que fue amigo íntimo del homenajeado y que es además el programador de los shows que cada fin de semana suceden en ese lugar, y un personaje a tributar que está entre los muy queridos y, sobre todo, entre los más respetados de la música de nuestro país. Fue tan así que todos los que trabajaron para lo artístico lo hicieron de manera desinteresada para entregar lo recaudado a la Fundación Garrahan. Y fue tal la convocatoria que hubo que agregar una segunda función en trasnoche a la originalmente programada y hasta se especula con la posibilidad de repetir la experiencia en una sala teatral más amplia.

Con muchos músicos, periodistas y hasta algún político como el ex ministro y actual legislador Alberto Fernández entre el público, estos shows estuvieron signados por la emoción, por el recuerdo de alguien muy extrañado y por la necesidad de exorcizar una muerte tan prematura. Aunque nadie cayó en demagogias, golpes bajos ni llantos sobreactuados.

Dado que ésta fue una propuesta armada por músicos sin la más mínima especulación comercial, no se apeló a la audición fácil ni a la reinterpretación insistente de los temas más conocidos. de Spinetta. Al punto de que, por ejemplo, «Muchacha (ojos de papel)», que hasta Diego Torres decidió sumar a su repertorio en Viña del Mar, se escuchó en la voz de Litto Nebbia sólo en el final de la segunda función. Por lo demás, hubo mucho «sonido» Spinetta en los teclados del «Mono» Juan Carlos Fontana y de Claudio Cardone, con programas muy diferentes en las dos funciones, y con títulos como «Viaje y epílogo», «Tanino», «Preciosa dama azul», «Serpiente de Gas», «Era de Uranio», «Jabalíes-conejines», «Tú vendrás a juntar mis días», «Tonta luz», «Seguir viviendo sin tu amor» y «La canción llegó hasta el sol». Hubo recuerdos para las épocas de Almendra e Invisible a través de sus antiguos compañeros García, Emilio Del Guercio o Machi Rufino, en un despliegue de canciones maravillosas como «El monstruo de la laguna», Post-crucifxión», «Fermín», «Hoy todo el hielo en la ciudad», «Durazno sangrando» (brillante versión de Machi) o «Enero del último día». Hubo homenajes sentidos de la mano de músicos más jóvenes, hubieran tocado o no con él, como el cantante Alejandro Corvalán (la voz con el Mono o con Cardone), el baterista Cristian Judurcha, el guitarrista Lito Epumer, el armoniquista Franco Luciani (hermosa relectura instrumental de «Los libros de la buena memoria»). Y hubo un cierre muy a lo Nebbia adaptando y haciendo en su propio estilo viejas canciones como «Tema de Pototo», «Campos verdes», «El mundo entre las manos» o «Elementales leches»; más allá del segundo cierre con el emblemático «Muchacha...».

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