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Refrescante Mozart por Halls
Matthew Halls condujo a la Orquesta del Mozarteum de Salzburgo en la apertura del ciclo de la institución par en la Argentina.
El miércoles por la noche la asociación presidida por Jeannette Arata de Erize tuvo en el Colón su gran fiesta. El ensamble elegido para abrir la temporada-aniversario no podría haber sido más representativo: la Orquesta del Mozarteum de Salzburgo, cuyos orígenes se remontan a la iniciativa, en 1841, de fundar una asociación destinada a mantener viva la obra de Wolfgang Amadeus Mozart; los propulsores fueron Constanze Weber-Mozart, su viuda, y sus hijos Karl y Franz-Xaver; esta agrupación es un hijo póstumo y musical del genio de Salzburgo.
El repertorio estuvo íntegramente dedicado a sus obras y reunió algunas de las más transitadas, por no decir trilladas: la obertura de «La clemenza di Tito», el «Concierto para piano n° 21» y la «Sinfonía n° 40». Afortunadamente el enfoque y el impulso que de principio a fin brindó el muy joven director británico Matthew Halls hicieron gratificante la audición, y al igual que Helmuth Rilling la noche anterior con la «Misa en si menor», reveló nuevas riquezas de estas partituras a los oídos que las transitaban por enésima vez, es decir casi todos. Su gestualidad pudo lucir sobreactuada (Halls dirige con cada centímetro de su cuerpo y una energía desbordante) pero, como en tantos órdenes de la vida, lo que interesa en un director son los resultados que logra. Los de Halls fueron excepcionales.
Su formación y experiencia en música antigua fueron evidentes desde su impulso inicial para la obertura de «Clemenza», con una claridad retórica omnipresente y una sonoridad impecable y homogénea en un grupo donde coexistieron instrumentos antiguos -como cornos y trompetas naturales- y modernos. Los arcos, dispuestos por Halls en primeros violines, cellos, violas y segundos, de izquierda a derecha, mostraron óptimo empaste, y las maderas tuvieron un lucimiento especial en el «Menuetto» de la sinfonía, en particular la flauta de madera de Bernhard Krabatsch.
Menos deslumbrante fue la actuación de Elena Bashkirova, destacada intérprete que imprimió a su ejecución del «Concierto en do mayor» algunos giros demasiado vehementes o de una transparencia feérica. Llamativamente, la pianista rusa -que había brillando en el Colón hace dos años tocando junto a su esposo Daniel Barenboim- no brindó ningún bis. La Orquesta sí los ofreció al final: el «Allegro» de la «Casación» KV 63" y la Obertura de «Las bodas de Fígaro» en una versión ovacionada y sensacional, trazando una impensada simetría con el inicio del concierto.
Orquesta del Mozarteum de Salzburgo. Director: Matthew Halls. Solista: E. Bashkirova, piano. Obras de W. A. Mozart. (Mozarteum Argentino. Teatro Colón, 9 de mayo).


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