19 de agosto 2010 - 00:00

Relato de discriminación interesante para todos

«Otro entre otros» es un atractivo documental con historias agridulces de jóvenes homosexuales judíos que se sienten discriminados dentro de su colectividad, a la que siguen amando.
«Otro entre otros» es un atractivo documental con historias agridulces de jóvenes homosexuales judíos que se sienten discriminados dentro de su colectividad, a la que siguen amando.
«Otro entre otros» (Argentina, 2010, habl. en español). Guión y dir.: M. Pelosi. Documental.

Tiempo atrás se vio por estos lares un documental israelí sobre los problemas de una pareja de homosexuales que, para mayor contrariedad, son de distinta raza y religión: un judío y un palestino. Podría suponerse que, comparados con ellos, los que aparecen en este documental la tienen más fácil. No vaya uno a creer. Los judíos homosexuales porteños también sufren lo suyo. Así lo registra Maximiliano Pelosi, católico en pareja con un judío, que hizo todo este trabajo para ver si su suegra podía entender las cosas de algún modo.

De ahí que el principal entrevistado de su film sea un gordito de cuarenta que describe entre otras cosas el día en que la madre le pescó una carta de amor. Habla también la madre: «Llegué a ir hasta tres veces por semana a la psicóloga», dice, y agrega que con el marido jamás ha conversado del asunto. El gordito también describe el día en que se confesó a los amigos, y la película registra a esos amigos, confesando que lo miraron como bicho raro por bastante tiempo. Es gracioso, y perturbador, ver después una foto de conjunto donde está todo el mundo con la cara oculta, salvo «el raro». «Le arruinaste la vida a tus padres», es la recriminación latente. La madre no sabe cómo decírselo a sus amigas. Pero empieza a pensar que sus nietas algún día deberán saber por qué el tío no se casa (y en realidad el tío quiere casarse, pero con otro hombre, y no sólo eso, sino con todas las de la ley, es decir bajo la hupah en la sinagoga, para lo cual, claro, tendrían que cambiar la ley judaica).

Otros entrevistados son el nieto de un estanciero judío, un arquitecto que diseñó un grupo de encuentro, el Jag, Judíos Argentinos Gays (casualmente en hebreo «jag» significa algo así como fiesta), y un chico tan amanerado que cuando llegó el momento la madre le dijo «Ya sé, no me digás nada». El pibe anima cumpleaños vestido de mujer, y se gana a todas las viejas cantando «Las callecitas de Villa Crespo tienen ese qué sé yo» y demás variaciones divertidas. Villa Kreplaj, dice por ahí. También habla un rabino joven, Damián Karo, sobre la reticencia de amplios sectores de la comunidad, salvo acaso los allegados a la Fundación Judaica. En resumen, un documental muy especial, con cosas coloridas, como el «shabbaton del orgullo», otras amargas, como el recuerdo de un novio muerto, y algunas reflexiones interesantes para cualquiera. «La homosexualidad no se elige, lo que se elige es hacerse cargo», dice uno. Otro recuerda que lo quisieron mandar a Israel para «curarlo» en dos meses, quién sabe con qué método. El de Moisés en el Deuteronomio, probablemente. Pero a Moisés se lo llevaron al cielo hace rato, y ahora cabe esperar otros documentales, sobre los homosexuales de otras religiones y colectividades. A ver quién más se anima.

P.S.

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