Reviven el desdoblamiento (no sirve)

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Varios economistas, algunos allegados al Gobierno, han sugerido desdoblar el mercado cambiario: el comercial, por donde se transarían las operaciones del comercio de bienes, y el otro, por donde se realizarían algunas transacciones del comercio de servicios que incluirían turismo y algunos pagos internacionales. A falta de un término mejor, a este último lo llamaremos mercado financiero. El primero seguiría controlado por el Banco Central, probablemente siguiendo la actual política cambiaria, mientras que el mercado financiero sería libre o "relativamente libre".

El principal argumento de los que están a favor del desdoblamiento es que el mercado financiero equilibraría el comercio de turismo quizá generando en él un superávit, restando de esta manera algo de presión sobre las reservas del Banco Central. Dado que el desequilibrio en el mercado comercial continuaría, los proponentes del desdoblamiento saben que su propuesta no es la solución: es sólo otro parche temporal. El desequilibrio residual sobre el mercado de bienes requiere de controles arbitrarios permanentes sobre las importaciones de bienes, por lo cual esta propuesta nace manca.

Hay tres efectos adicionales que el desdoblamiento no eliminaría: 1) las expectativas de devaluación alimentadas por el diferencial entre los tipos de cambio y, 2) los incentivos a la subvaluación de exportaciones y sobrevaluación de importaciones. En la actualidad ambos efectos están funcionando con sus consecuencias negativas: el primero está retrasando las exportaciones y el segundo, sacrificando la entrada de divisas a favor del atesoramiento externo.

Un tercer efecto usualmente no mencionado por los proponentes del desdoblamiento está asociado con nuestra cultura urbano-industrialista que tanto mal le ha hecho a nuestra economía y a nuestra sociedad. En la realidad de la Argentina, la pureza intelectual de dos mercados cambiarios simplemente no es posible porque al minuto de haberse legislado el desdoblamiento aparecerán los industrialistas ineficientes solicitando que las exportaciones de sus productos reciban un tipo de cambio mezcla: parte del comercial controlado por el Banco Central, pero cuanto mayor el porcentaje del financiero, mejor. Quizá la autoridad política pueda resistir estas presiones por un par de días, pero como indica nuestra historia, al tercero sucumbe y de esta manera el país volvería a exportar bienes que requieren del subsidio del resto de la sociedad.

La solución a estos desequilibrios es un mercado único y libre de cambio y un rápido desmantelamiento de las restricciones cuantitativas sobre las importaciones y exportaciones acompañado por políticas macroeconómicas más equilibradas. Cuanto más se tarde en implementar medidas globales que busquen un equilibrio macroeconómico competitivo, mayores serán los costos sociales. Por el contrario, cuanto mayor sea el consenso político a favor de una apertura de la economía con un equilibrio cambiario más rápidamente disminuirán las tensiones comerciales que las políticas restrictivas han originado y mayor sería el grado de acceso que la Argentina lograría a los mercados financieros (públicos y privados) internacionales.

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