19 de enero 2011 - 00:00

Río: Ejército se demora en la ayuda y Dilma consulta a Lula

Personal militar camina por una zona cercana a Petrópolis, una de las ciudades del estado de Río de Janeiro más afectadas por las inundaciones y deslaves. La llegada de la ayuda humanitaria se complica por los destrozos en la infraestructura de la región.
Personal militar camina por una zona cercana a Petrópolis, una de las ciudades del estado de Río de Janeiro más afectadas por las inundaciones y deslaves. La llegada de la ayuda humanitaria se complica por los destrozos en la infraestructura de la región.
Río de Janeiro - Centenares de personas continuaban ayer esperando el socorro del Ejército de Brasil, al cumplirse una semana de la mayor catástrofe natural de la historia del país, que causó al menos 680 muertos. Mientras, el Gobierno de la presidenta Dilma Rousseff convocó a Luiz Inácio Lula da Silva a modo de consejero y reconoció carecer de un plan de emergencia para desastres.

Al menos 20 personas murieron por un deslave en un barrio residencial de la localidad de Conquista, en la región serrana de Río de Janeiro, dijeron ayer los sobrevivientes que aún no recibieron el socorro del Ejército.

Las víctimas en Conquista aún no fueron incorporadas al conteo parcial, que suma 702 muertos en Nova Friburgo y en Teresópolis, que son las ciudades más afectadas. En tanto, 208 personas permanecen reportadas como desaparecidas.

La presidenta Rousseff, quien visitó la semana pasada la zona de la tragedia, ordenó a su ministro de Defensa, Nelson Jobim, que se reúna con los militares responsables del comando de las operaciones, objeto de críticas de los damnificados.

La mandataria analizó con el ex presidente Lula da Silva, el domingo, la situación en las sierras ubicadas a unos 100 kilómetros de la ciudad de Río de Janeiro, informó ayer el diario O Estado de Sao Paulo.

Rousseff se reunió ayer con representantes del Banco Mundial, para plantear la posibilidad de que ese organismo financie programas de ayuda a la región devastada.

En tanto, los sobrevivientes en la localidad de Conquista afirmaron que debajo del barro hay un automóvil con 6 personas de una misma familia que intentaban huir cuando fueron alcanzados por una avalancha, y no puede ser desenterrado debido a la falta de maquinarias.

Treinta casas de esa comunidad fueron destruidas y otras 12 quedaron parcialmente cubiertas de barro y rocas, dijeron los vecinos, mientras esperaban la llegada de socorristas al cumplirse una semana de la tragedia.

Después de seis días de lluvias, ayer amaneció soleado en Teresópolis, lo cual facilitó el trabajo de los rescatistas.

El teniente Marcus Vinicius Gonzalvez, del Ejército, dijo que comenzará a ser instalado un puente portante para restablecer las comunicaciones con poblados de la zona rural de esa localidad, cuyos habitantes esperan víveres y medicamentos.

También se informó que serán enviadas a las sierras del interior de Río tiendas de campaña similares a las utilizadas por el Ejército brasileño en Haití, luego del terremoto que afectó a ese país el 12 de enero de 2010.

El Gobierno brasileño reconoció que carece de un programa de prevención de tragedias ambientales, pese a que inundaciones y deslaves mataron a cientos de personas en el verano de 2010 en Río de Janeiro y en 2009 en el estado sureño de Santa Catarina.

El ministro de Ciencia y Tecnología, Aloísio Mercadante, anunció un programa de prevención de catástrofes, que incluye la compra de radares, que estará concluido dentro de cuatro años.

Mientras demora la llegada de los militares a las zonas devastadas, los sobrevivientes intentan desenterrar los cuerpos de sus familiares.

El campesino Assis Mariano Fagundes trabajó durante horas retirando escombros y lama con las manos, hasta encontrar el cuerpo de su nieta Jenice, de 14 años, en Campo do Coelho, un poblado rural ubicado en las afueras de Nova Friburgo.

Luego de encontrar el cuerpo de su nieta, Fagundes continuó trabajando para dar con los restos de su hijo Assis.

«El se llama como yo, era el más parecido a mí, sólo Dios sabe de dónde saco fuerzas», dijo el hombre al hablar de su hijo desaparecido en Campo do Coelho, donde ayer arribaron algunos socorristas.

«¿Por qué no ayudan a las personas que quedaron con vida?», se quejó Joao Lincoln, de la comunidad rural Jardim Salaco, en las afueras de Teresópolis.

Lincoln aseguró que las autoridades amenazaron detenerlo cuando les reclamó ser más eficaces y enviar maquinarias a ese poblado parcialmente cubierto de lama y donde, al parecer, hay varios cuerpos enterrados.

En Brasil, unos 5 millones de ciudadanos residen en zonas de riesgo, y el Gobierno federal planea que parte de ellos sea alcanzada por el programa Mi Casa, Mi Vida, que contempla la construcción de 2 millones de unidades hasta 2014.

Agencias ANSA y EFE

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