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Rissi, especialista en hacer villanos
Claudio Rissi: “Si un actor debe interpretar a un preso, no le hace falta convivir con ellos. Sólo actuarlo, como decía Laurence Olivier”.
Periodista: ¿Qué tipo de malvado hará en "El marginal"?
Claudio Rissi: El peor, una mugre. Un delincuente de alto rango, jefe de una banda con mucho poder y conexiones. La trama tiene que ver con la corrupción carcelaria y judicial. Es un clima de guerra constante, porque en las prisiones ya no existen códigos de ningún tipo. La vida allí no vale nada.
P.: ¿Investigó en el ambiente carcelario?
C.R.: Hubo cierta investigación, pero tuvo que ver con encontrar la impunidad dentro de uno. Hacer todo aquello que uno nunca haría y que en el ambiente carcelario está absolutamente permitido. En esos lugares no hay límites.
P.: ¿Estuvo con presos?
C.R.: No fue necesario. Esas son cosas del Actor's Studio. Cuando Dustin Hoffman le contó a Laurence Olivier que para su protagónico en "Cowboy de medianoche" había convivido con marginales, el actor inglés le dijo: "¿y por qué no lo actuó?". En Inglaterra nunca le dieron bolilla a Stanislavsky y ahora, en Rusia, tampoco. Yo entreno todo el tiempo. Cuando voy por la calle, observo cómo camina la gente y me mimetizo. Voy probando cosas, porque me divierte, es como un juego para mí.
P.: ¿Es cierto que llegó a practicar con su perro?
C.R.: Sí. Era una perra dogo que estuvo diez años conmigo. Habíamos llegado a un punto que con mirarla nada más, y sin gesticular ni emitir sonido alguno, obedecía mis órdenes. Cuando la echaba de mi cama o para sacarla afuera, si mi pensamiento era serio y absoluto y la miraba con intensidad sin siquiera señalarle la puerta, la perra se iba sola. Pero si yo no lo hacía a fondo, la perra no obedecía y se ponía a jugar conmigo. Eso me sirvió mucho para el cine, sobre todo en "Aballay". Así definí un plano para mí muy importante, en donde sin gestos ni palabras se condensaban varios pensamientos que definían el trayecto de mi personaje en toda la película.
P.: ¿Es por su energía o por su voz grave que siempre lo llaman para personajes violentos?
C.R.: Por las dos cosas. Pero también tuve ocasión de componer a dos padres muy tiernos, uno en la película "Paco" y el otro en un capítulo de "En terapia". Yo antes soñaba con hacer "Otelo", "Stefano" de Armando Discépolo y también "Rey Lear", hasta que Mauricio Kartún me convocó para "Tatita", un personaje maravilloso que tiene facetas que Otelo no tiene, como el humor y la picardía. Es un dios que no se hace cargo de su creación, que llega como de festejo al mundo y empieza a encontrarse con sus errores. Y, a la vez, es un capo cómico berreta de un teatro andrajoso y cuenta con dos partenaires que abren este varieté.
P.: Es una obra con contenidos poéticos, ideológicos y míticos, pero utiliza un lenguaje muy popular.
C.R.: "Terrenal" tiene muchas miradas sobre lo humano. A veces decimos: "¿cuándo la vendrá a ver Francisco?" Nunca hubiéramos pensado que a Bergoglio podía interesarle esta obra, pero sí al Papa Francisco. Además, es muy divertida. En algunas funciones la gente empieza a reír con el tercer bocadillo de Caín y cuando ocurre eso, chau, ya sabemos que la función va a ser larga porque las risas la van a demorar. Otras noches, las carcajadas arrancan un poco más adelante, cuando él dice: "Así les fue a los egiptos. Todos momia". Y en el Festival de Caracas gustó tanto que la gente aplaudía de pie y revoleaba trapos. No podíamos abandonar el escenario.
P.: Usted declaró una vez que si pudiera vivir del cine no haría otra cosa...
C.R.: Eso cambió cuando empecé a disfrutar del teatro con obras como "Justo en lo mejor de mi vida", junto a Luis Brandoni, "Rotos de amor" de Rafael Bruzza, con Patricio Contreras, Daniel Fanego y Victor Laplace, y ahora con "Terrenal". Vengo casi dos horas antes de la función. Tomo mate, me voy maquillando, empiezo a conectarme con ese mundo y me olvido de todo: de cuánto tengo que pagar por el seguro del auto o si me peleé con mi novia.
Entrevista de Patricia Espinosa


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