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Rivas: heavy tango pero a la antigua
Hugo Rivas presentó su nuevo disco con su sexteto, con el que ahora incursiona en el tango, con sugestivos arreglos.
Hace ya rato que Hugo Rivas encontró reconocimiento en el mundo del tango. Virtuoso de la guitarra y peluquero profesional (actividad que, curiosamente, sigue llevando adelante en su negocio del barrio de Boedo), tiene una importante discografía personal, ha compartido grabaciones y/o escenarios con figuras como Luis Salinas, Horacio Salgán, Rubén Juárez, Dino Saluzzi, Néstor Marconi y unos cuantos otros. Y trabajó, además, junto a la orquesta de Leopoldo Federico. Lo nuevo suyo es un sexteto, en una formación muy extraña para el tango de estos tiempos; si es que en verdad existió alguna vez algo parecido. Son tres guitarras, un guitarrón, un contrabajo y percusión. Eso, para un repertorio que combina clásicos del tango, del vals y de la milonga con algunos temas propios que lindan con la balada urbana o con el folklore.
"Hugo Rivas Sexteto", que así, sencillamente, se llama el nuevo álbum, es la base sobre la que se están armando los conciertos de presentación que ocurrirán por dos noches en el Tasso: la del pasado viernes y la del próximo. Y la particularidad del disco es que tiene a Nini Flores y a Peteco Carabajal como invitados especiales. En el recital, como en el CD, desfilan títulos como "Gloria", "Loca de amor", "Candombera del ayer" de su cosecha-, "Bella flor" un rasguido doble también propio-, "Por una cabeza", "Por siempre te amaré dedicada a su hijo Ezequiel, presente en el concierto como guitarrista invitado-, etc. El sonido general es el de una especie de "heavy tango" aunque con timbre a la antigua, si semejante ecuación fuera posible. Porque hay cataratas de dedos, enloquecidas "escobas" con herencia gardeliana, pero a la vez un ajuste que redunda en una potencia rockera, tal como si existiera un tango de festival masivo.
Sobresale por cierto Rivas en su enorme capacidad técnica. Y no se queda atrás Diego "Dipi" Kvitko, aunque en muchos momentos le toca hacer de sostén rítmico. Pero todo el conjunto es impecable. Y tanto el concierto como el disco tienen momentos especialmente brillantes; por caso, en el original arreglo para "La pulpera de Santa Lucía", en el atrevimiento formal de "Malena", en el cierre con un vals "Palomita blanca" de guerrillas, en la improvisación sobre una serie de milongas clásicas o, sobre todo, en el solo de Rivas para "Nostalgias" en el que se le "escapó una cita de "Summertime".


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