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Rotter: el arte de hacer que el pasado hable
Distinguido en varios festivales con los premios más importantes, se verá ahora en el país el tercer opus del director de “El otro”, rodado en un riguroso blanco y negro y con exquisitez formal.
Rotter. El director de “La luz incidente” en el Festival de Berlín, cuando obtuvo sus Osos por “El otro”
Periodista: ¿Es la primera vez que cuenta algo tan íntimo?
Ariel Rotter: No exactamente. En "Sólo por hoy", mi pecado de juventud, planteaba lo que nos estaba pasando en esa etapa de la vida. Y es una declaración de amor a mi mujer, Aili Chen, mi compañera de ruta en todo sentido, y un lujo absoluto en mi vida. Y en "El otro", con Julio Chávez, enmascaradas por la trama, estaban presentes la decadencia física de mi padre, mi inmediata paternidad, y la inesperada muerte de un amigo, el director de fotografía Daniel Sotelo. Tenía sólo 40 años y cayó seco. Eso me impulsó a escribir "El otro".
P.: ¿Y cómo surge "La luz incidente"?
A.R.: En casa había unas fotos de gente que nadie me explicaba quiénes eran. Yo los veía como fantasmas, me perdía en conjeturas. Después fui haciendo deducciones. Entonces tuve sentimientos contrapuestos. El disparador fue mi abuela, que se estaba yendo. Sentí la necesidad de capturar eso, de filmar el mundo que se iba con ella. Y mamá diciendo de pronto "Olvidé pedirle la receta del borsch". En esos días llenos de horas muertas observé a mi madre haciendo sus viajes retrospectivos, contando cosas que yo ni idea tenía. Ella quedó viuda muy joven, y para criar a sus hijas se vio empujada a rehacer su vida con otro hombre, sin haber hecho el suficiente duelo. ¿Pero cómo fue que pasó todo eso?
P.: Es lo que usted cuenta.
A.R.: Es lo que yo imagino. Cuando le mostré la película a mi madre, se quedó calladita, me miró y me dijo "Parece que hubieras estado ahí. Pero ella no recuerda todo. "Fue como en otra vida", me dice. Es ese mecanismo de eyectar del recuerdo las cosas malas. Yo me sentí completando un relato. Y ahora pasa algo que me tiene impresionado, porque ante esta película con un montón de "no dichos", muchas personas se acercan para contarme su propia vida, porque mi historia las remite a sus propias historias. Nada de esto fue pensado de antemano. Es más, yo no quería hacerla. Los directores siempre dicen que tardaron años para concretar su obra. Yo resistí cinco años tratando de no hacerla, pero ahí estaba.
P.: Y la hizo con buenos acompañantes. Conocemos a Erica Rivas. Cuéntenos de
su partenaire, Marcelo Subiotto.
A.R.: Es un hallazgo. Me lo sugirió la directora de casting. Vino con un saco prestado. Era todo lo contrario de lo que yo pensaba para el personaje, pero nos pusimos a charlar y de pronto me sentí impulsado a decirle "¿Sabés qué? Vas a actuar, pero vamos a reescribir el personaje totalmente". Lo reescribí en 48 horas. Y me alegra haberlo elegido. Un ejemplo. Yo era flaquito. Mi padre me mandó a aprender lucha grecorromana. Llegó el campeonato. Se acercó mi rival y con la primera toma que me hizo, ahí terminó mi carrera como luchador. Le cuento a Subiotto esta anécdota, le explico las reglas, y usted ya habrá visto la escena resultante.
P.: Sí, un monólogo muy fresco, propio del chico grande que es ese personaje.
A.R.: La película oculta varios recuerdos. La cantidad de corbatas, porque a mi viejo un cliente le pagaba con corbatas. O algunos muebles que eran efectivamente de mi abuela, y yo conservé en casa de amigos. A ella le encantaba ir al cine. Cuando murieron su hijo y el marido de su hija, no fue más. De esto hace ya casi medio siglo. De algún modo, esta película retoma aquel tiempo, y la tiene presente.
P.: Usted tiene mucho apego al pasado.
A.R.: Y al cine. Mi madre dice que los únicos momentos en que yo pateaba dentro de la panza era en el cine. Después fui mochilero, trabajé en teatro, radio, fotografía, y en la cadena Cines del Sur, que luego derivó en AVH. El cine combinaba todo lo que me gustaba. Cuando nació la Universidad del Cine le escribí a Manuel Antin, y tiempo después me llamó Beatriz Ventura, la secretaria, una institución dentro de la institución, y me dijo que estaba becado.
P.: Sabemos que después hubo quejas de otros alumnos que también le habían escrito, y Antín les respondió: "No todos escriben como Rotter". Pero, ¿se puede vivir del cine? Usted sólo pudo dirigir tres películas en 15 años.
A.R.: Pero hago consultorías de guión aquí, en Colombia, etc., y también hago producción. Otra cosa. Para una película tenía que encerrarme a trabajar todas las noches con un editor que sólo hablaba de su sueño: poner un bar. "¿No podemos hablar de fútbol? Mirá, si podés cambiar de tema intentaré conseguirte la plata para el bar". "Ah, entonces te nombro mi socio financista". "Lo que vos quieras, pero no me hablés más de ningún bar". Bueno, ahora tenemos dos bares. No dan mayor ganancia, pero tampoco dan pérdida. Y vienen bien para ir a festejar después de cada estreno.


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