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Roxette hizo bailar a varias generaciones
Más apagados que en sus años de gloria (los 90), Marie Frediksson y Per Gessle ofrecieron un show profesional, con una buena dosis de temas del pasado, que entusiasman al público.
El dúo sueco Roxette se ha ganado un merecido lugar en el mundo de la música. Nació a fines de los 80 de la unión de dos solistas exitosos, la cantante Marie Fredriksson y el guitarrista y cantante Per Gessle. Desde entonces, hicieron montones de giras, recorrieron miles de kilómetros, vendieron decenas de millones de discos. Renunciaron a su idioma y adoptaron el inglés para llegar a audiencias más grandes, y hasta grabaron en castellano. Sin serlo en la vida real, aparecieron siempre como una pareja. Y lograron el más grande de los éxitos a los que puede aspirar un artista: grabaron en la memoria colectiva una larga lista de hits que forman parte de la historia del pop internacional.
Con ese pasado de reconocimiento y admiración popular, después de dieciséis años sin venir por aquí y después de ocho desde que Marie batalla con un cáncer, Roxette retornó a la Argentina.
Ellos no son los mismos; sobre todo Fredriksson, a quien se nota más apagada en su voz y sus movimientos antes explosivos. La banda que los acompaña -bajo, guitarra, batería, teclados, coros, con músicos cuyos nombres no figuran en el programa de mano- responde al histórico estilo pop-rock del dúo. Las canciones del último disco «Charm School», especialmente el nuevo hit «Shes Got Nothing on (But the Radio)», van en la línea conocida. Y antiguos y masivos éxitos se sostienen en la cabeza y el cuerpo de viejos y nuevos seguidores. Baladas y temas más rítmicos como «Sleeping in my Car», «Wish I Could Fly», «It Must Have Been Love», «Dangerous», «Joyride», etc. siguen emocionando y haciendo bailar a una multitud que colmó el Luna Park.
Todo está entonces relativamente bien: prolijo, profesional, con una buena dosis de temas del pasado que entusiasman al público, con dos cantantes comprometidos con su trabajo. Y hasta hay momentos especiales en el show, como cuando Marie se transforma en solista para «Perfect Day» o cuando ambos quedan sin el resto de los músicos para su popularísima «Things Will Never Be the Same». Pero lo que queda viejo es el discurso estético. Es que la historia ha seguido su curso y el pop es música de masas que tiene montones de nuevos exponentes. En ese contexto, lo de Roxette no deja mucho espacio para la sorpresa.


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