Sala Alberdi: final de "Gran Hermano" pero con destrozos

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El Centro Cultural se rehabilitará paulatinamente

Después del desalojo, el panorama que ayer exhibía la Sala Alberdi del Centro Cultural San Martín era una mezcla de casa de Gran Hermano, al fin de una temporada, con un reducto en el que se hubiera practicado algún rito satánico de principiante. Para ingresar a la pequeña sala de teatro había que atravesar, en primer lugar, el espacio de los talleres repletos de basura sobre el piso y graffiti con diferentes consignas (el abanico iba desde llamados a "amarse sin cobardía" hasta repudios al cobro de entradas), y detenerse luego frente a sus puertas atrincheradas por butacas arrancadas de cuajo.

Sobre la derecha, un pasadizo lateral tan estrecho que desafiaba las siluetas de algunos funcionarios y periodistas, era la única forma de acceder. En su interior, una cama improvisada, un televisor 20 pulgadas con una papa a la manera de antena, colillas aplastadas por casi todas partes, restos de frutas, latas de conserva y otros implementos para la supervivencia (al mediodía, ya se había desinfectado una parte de ellos, incluyendo preservativos usados) alternaban con extraños objetos rituales: un círculo de naipes de tarot, con la carta de la muerte en lugar destacado, y una especie de máscara mortuoria sobre una mesita en el escenario, con la leyenda: "La verdad estallará".

Tras la orden judicial de cumplimiento efectivo, las cuatro personas que continuaban ocupando la sala Alberdi la abandonaron pasada la medianoche del domingo, y el trámite policial de identificación terminó alrededor de las cinco de la mañana de ayer. Poco antes del mediodía, el jefe de Gobierno, Mauricio Macri, recorrió las instalaciones y anunció que se pondrá en marcha de inmediato las tareas para reparar y rehabilitar el lugar. "Es perverso decir que esto es representar a la cultura; destrozar un centro cultural, robarse equipos y consolas. Genera mucha tristeza ver algo así", dijo Macri. Poco después, el Ministro de Cultura Hernán Lombardi confió a este diario que el tiempo que llevarán las refacciones no será poco, porque los daños (incluyendo los destrozos en la entrada al Centro, incluyendo obras de arte) fueron numerosos. "La idea es ir habilitando sectores poco a poco. No podemos esperar una refacción completa para volver a funcionar porque nos llevaría demasiado tiempo", agregó. También dijo que, ya concluidos los "acampes" y los disturbios en la manzana, el Teatro San Martín, con entrada sobre Corrientes, reanudará sus actividades de inmediato, ya que en los últimos días habían estado interrumpidas por los disturbios.

Macri recorrió el lugar acompañado por la vicejefe de Gobierno, María Eugenia Vidal, el ministro Lombardi y la directora del Centro, Gabriela Ricardes. En la recorrida se detuvo a dialogar con un encargado de mantenimiento, Carlos Dante Domínguez, que trabaja desde hace 17 años en el lugar y es ex combatiente de Malvinas, a quien durante la toma le robaron una hidrolavadora y otros elementos de trabajo. El final de la toma ocurrió luego de que la Cámara de Apelaciones en lo Penal, Contravencional y de Faltas de la Ciudad ordenara el allanamiento y desalojo de la sala, además de la identificación de las personas que la mantenían ocupada. Lombardi declaró que las cuatro personas que salieron ayer de la sala "no son artistas ni mucho menos trabajadores del centro, sino okupas". El ministro de Seguridad, Guillermo Montenegro, había dicho que no se iba a proceder a la detención de los ocupantes "en caso de que no tengan antecedentes penales".

El ex diputado Luis Zamora, asesor legal de los manifestantes, indicó que "la Ciudad se comprometió a cumplir con el fallo y proponer un nuevo lugar" para desarrollar las actividades culturales que se brindaban en la Sala Alberdi. Ese lugar, sin embargo, ya fue otorgado hace cinco años (el espacio Los Andes, del barrio de Chacarita), cuando los docentes que impartían clase en la Sala Alberdi fueron pasados a planta.

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