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“Salt”: espía escurridiza y más peligrosa que Bond
Angelina Jolie corre de un lado a otro con cara de piedra, en un film que vuelve a sacar de la cripta a Rusia como enemigo de EE.UU., y que, si no se lo toma en serio, es un razonable entretenimiento.
Luego de un breve prólogo, la primera mitad de «Salt» es una sucesión de persecuciones en las que la heroína, una espía de la CIA, escapa por todos lados -incluyendo audaces huidas por rutas en techos de camión- en las narices de sus colegas agentes secretos que obviamente no estuvieron tan bien entrenados como ella. El asunto es que la pobre agente Salt está acusada de ser un «topo» (es decir un agente infiltrado) esperando el momento de actuar, lo que se traduce en asesinar al presidente ruso que está de visita en Nueva York.
La segunda mitad de la película transcurre entre conspiraciones dentro de conspiraciones, complicando la trama más allá de lo verosímil, un poco como en la primera mitad, pero en este caso no precisamente por las escenas de acción.
Angelina Jolie corre de un lado a otro con cara de piedra, burlándose de todos los agentes secretos que la persiguen, y generando -de eso se trata la película después de todo- algunas dudas sobre su verdadera identidad: ¿es o no es una infiltrada del servicio secreto ruso según antiguos planes conspirativos remanentes de la Guerra Fría? Lamentablemente el guión de esta película del australiano Phillip Noyce no se ocupa de volver a sacar de la cripta a Rusia como enemigo de los Estados Unidos, y en especial durante la segunda parte del film los matices de peligro de guerra atómica no son demasiado convincentes. Es decir, si se la ve como un thriller de super acción con una agente secreta más peligrosa que el mismísimo James Bond, esta película funciona como un razonable entretenimiento. Ahora, si se la trata de tomar un poco más en serio, el asunto decae seriamente, lo que es un problema ya que ésa parece ser la intención de sus productores.
D.C.


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